Helmut Ditsch se saca el pincel de la mano y se pone la cámara al hombro parafilmarel duelo más íntimo de su vida
El pintor de los glaciares vendió sus propios cuadros para financiar su ópera prima debuta, una película rodada durante ocho años en cinco países que le rinde homenaje a su madre y a su esposa, las dos mujeres que perdió por cáncer de mama. Estreno mundial en Mar del Plata.
Hay artistas a los que se les conoce por el tamaño del cuadro y otros a los que se les conoce por el tamaño del dolor. Helmut Ditsch, el pintor argentino que mueve los pinceles más caros del circuito europeo, cambió el caballete por la cámara durante casi una década para contar la historia que nunca había podido meter en un lienzo. Y la historia, claro, es la de él: la de un tipo que perdió a las dos mujeres más importantes de su vida por la misma enfermedad y que, en vez de quedarse pintando glaciares, agarró los euros que juntaba vendiendo óleos y se fue a rodar una película por medio mundo.
Una película que tardó ocho años y costó el doble de lo previsto
El filme se llama "Helmut. El hielo y la eternidad transitoria" y tiene la particularidad de que su director, guionista, productor y protagonista es la misma persona. Para financiarlo, Ditsch vendió cuadros propios. El presupuesto arrancó en tres millones de euros y terminó cerca de seis, un agujero que se comió silenciosamente la cotización de varios de sus trabajos más codiciados. La producción arrancó en Malta y Cerdeña, pasó por Viena, los Alpes, Tenerife y terminó en el salar de Uyuni. Cuando uno mira el itinerario en un mapa entiende que el tipo no estaba buscando un decorado: estaba buscando un lugar donde dejar las cenizas de su esposa, como ella le había pedido antes de morir en 2009.
Cuenta el propio Ditsch que recorrió unos once mil kilómetros antes de decidirse. Dice que cuando creyó haber encontrado el sitio, algo no le cerraba. Y entonces pensó lo que cualquier obsesivo del arte pensaría en su lugar: "Ese lugar tenía que ser una obra de arte". Ahí entendió que no le alcanzaba con un cuadro y que necesitaba otra cosa. Ahí nació la película.
“Si no, iba a salir otra cosa.”Helmut Ditsch, sobre el consejo que le dio un colega para que él mismo dirigiera la película
Las dos mujeres que ya no están
- Su madre, Inge, murió a los 33 años. Cáncer de mama.
- Su esposa, Marion, falleció alrededor de los 35. También cáncer de mama.
- Después de la muerte de Marion, en 2009, Ditsch dejó de pintar. Recién volvió con un cuadro pensado para la película, documentado desde el lienzo en blanco hasta el último trazo.
- Para los papeles de esas dos mujeres eligió a Jeanne Goursaud, una actriz a la que el pintor les encuentra los rasgos físicos que asocia con su madre y con su esposa.
- El alter ego joven del protagonista lo interpreta Joaquín Berthold. La codirección quedó en manos de Suzy Prauss, una pintora a la que convocó porque, según dijo, una historia centrada en dos mujeres necesitaba esa mirada.
Antes de sentarse él en la silla de director, había pensado en otro actor para el protagónico. Un colega de la industria le dijo que nadie más podía bancar ese papel y le soltó la frase que terminó decidiendo todo. Ditsch escuchó, se convenció y agarró la cámara. Uno lo imagina trabajando en silencio, lejos de las subastas de Londres y de las galerías de Zúrich, con un guion que era básicamente una carta de amor póstuma escrita en cinco idiomas y cuatro climas distintos. La primera vez que pintó un cuadro de gran formato tras 2009 fue justamente para la película, y todo quedó filmado: del bastidor vacío al último trazo. Como si la pintura también tuviera que aprender a despedirse.
Mientras escribo esto me acuerdo de una vieja vidala norteña que dice más o menos así: "Caminando voy, buscando el lugar donde el alma descansa". Ditsch caminó once mil kilómetros para encontrar el sitio que su esposa le había pedido. No lo encontró. Entonces construyó uno. Lo construyó con glaciares y salares y con la cara de su madre y la de su esposa puestas en una misma actriz. Lo construyó durante ocho años y lo financió con los cuadros que pintaba para pagar la película que hablaba de las mujeres por las que había dejado de pintar. Un-loop mental y emocional del que es imposible salir indemne. La película se estrena el 6 y 7 de noviembre en la 41.ª edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, en funciones que prometen ser de las más comentadas del año. Mi recomendación, si andan por la costa esa semana: vayan. No es una película para mirar de paso. Es una película para entrar al cine en silencio y salir más tarde, con la sensación de que el duelo, cuando se cuenta bien, también puede ser una forma del amor.
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