Cuando un coágulo aparece sin aviso: las señales del cuerpo que conviene no pasar por alto
Dolor en la pantorrilla, hinchazón, cambio de color y calor en la pierna pueden estar hablando de una trombosis venosa. El cardiólogo Francesco Lo Monaco repasa los factores que elevan el riesgo y los momentos de la vida donde el cuerpo pide estar más atento.
Eran cerca de las nueve de la noche cuando María, profesora de primaria en Lanús, sintió que la pantorrilla izquierda le tiraba como si hubiera corrido diez cuadras, aunque no había caminado más que hasta el kiosco de la esquina. Pensó en un calambre, se puso hielo y se fue a dormir. A la mañana siguiente la pierna estaba más hinchada, con una mancha oscura que no estaba ahí el día anterior y una zona caliente al tacto. Lo que María no sabía todavía era que estaba transitando las primeras señales de una trombosis venosa profunda, una afección que, bien mirada a tiempo, se puede tratar sin mayores sobresaltos, pero que ignorada puede terminar en una embolia pulmonar con final mucho menos amigable.
Qué es lo que pasa dentro del cuerpo cuando aparece un coágulo
La tromboembolia venosa se produce cuando se forma un coágulo en una vena profunda, casi siempre en las piernas. Si ese coágulo se queda quieto puede causar dolor y molestias, pero el verdadero peligro aparece cuando un fragmento se desprende y viaja por el torrente sanguíneo hasta los pulmones. Ahí es donde se transforma en una embolia pulmonar, una complicación que puede ser fatal y que exige atención de emergencia sin perder un minuto. Por eso el cardiólogo preventivo Francesco Lo Monaco insiste en que conocer las señales que manda el cuerpo es la diferencia entre una consulta a tiempo y una madrugada en la guardia.
Las cuatro señales físicas que Lo Monaco recomienda no subestimar
- Dolor o sensibilidad en una pierna, sobre todo en la pantorrilla o el muslo, que a veces se confunde con un calambre o con una contractura.
- Hinchazón de la pierna afectada, en muchos casos unilateral, que puede aparecer de un día para el otro.
- Cambio en el color de la piel, que se ve más roja, azulada o más oscura que en la pierna opuesta.
- Sensación de calor localizada en la zona comprometida, perceptible al comparar con el resto del cuerpo.
Lo Monaco aclara que ninguno de estos síntomas confirma por sí solo un diagnóstico, pero sí justifica una consulta rápida para descartarlo. Del mismo modo, hay un grupo de señales que sí o sí tienen que activar el llamado a emergencias: dificultad para respirar que aparece de golpe, dolor en el pecho que se intensifica al inspirar, tos con sangre o pérdida de conocimiento. En esos casos, la recomendación es la misma: no esperar, no manejar hasta el hospital, llamar al servicio de emergencias.
Quiénes tienen más chances de cruzarse con un coágulo
No todos los cuerpos corren el mismo riesgo. Según el especialista, hay factores que elevan la probabilidad de desarrollar un coágulo: haber tenido uno con anterioridad, cargar con antecedentes familiares o con condiciones hereditarias como la trombofilia, fumar, pasar períodos largos con movilidad reducida, ya sea por un viaje largo, una cirugía o una internación, y convivir con enfermedades como diabetes, insuficiencia cardíaca o cáncer. Son situaciones que, sumadas, van dibujando un mapa de vulnerabilidad que cada uno puede conocer si se anima a preguntar y a revisarse.
Tres etapas en la vida de las mujeres que merecen doble atención
Lo Monaco señala que en la vida de las mujeres hay tres momentos donde el riesgo pide estar más pendiente. El uso de anticonceptivos hormonales con estrógeno se asocia a un incremento del riesgo, aunque para la mayoría de las usuarias el aumento es bajo y depende de la historia clínica personal. El embarazo y el posparto son otro período de mayor vulnerabilidad, porque el organismo activa mecanismos para evitar sangrados excesivos durante el parto y eso, paradójicamente, favorece la coagulación. Por último, la terapia hormonal que se utiliza para aliviar los síntomas de la menopausia también puede elevar el riesgo cuando incluye estrógeno, por lo que la indicación médica tiene que ser personalizada.
“La prevención comienza por comprender los propios riesgos, en lugar de asumir que sentirse bien significa que todo está bien.”Francesco Lo Monaco, cardiólogo preventivo
El especialista subraya que nada de esto es fijo a lo largo de la vida. El embarazo, los tratamientos hormonales, los cambios en la movilidad, una cirugía, una inmovilización prolongada, todo puede modificar el mapa de riesgo de una persona. Por eso, dice, el consejo más adecuado varía según la historia clínica de cada uno, y la mejor forma de cuidarse es volver al médico de cabecera con estas preguntas sobre la mesa, en lugar de quedarse en casa con la duda o con un autodiagnópico leído a las apuradas en el buscador del celular. Como me decía una médica clinica amiga, cuando le conté el caso de María mientras escribía esta nota, el cuerpo casi siempre avisa; lo difícil es aprender a escucharlo antes de que el aviso se transforme en una urgencia.
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