Una señal, una pregunta a tiempo: cómo acompañar a un joven en riesgo
Los suicidios aumentaron en la Argentina y ya son la principal causa de muerte entre los 15 y los 34 años. La psicóloga María Fernanda Azcoitía explica qué cambios deberían alertar a familiares, amigos, docentes y compañeros de trabajo, y por qué la escucha puede abrir una puerta a la ayuda.
Cuando un joven deja de hacer lo que siempre hacía, cuando deja de juntarse con sus amigos, abandona una actividad que le gustaba o empieza a responder de manera distinta, el cambio no debería pasar desapercibido. Para María Fernanda Azcoitía, psicóloga y directora del Centro de Asistencia al Suicida de Buenos Aires, esas modificaciones en la conducta habitual pueden ser una oportunidad para acercarse y preguntar, aunque nadie pueda determinar por sí solo qué está pasando.
La magnitud del problema exige prestar atención. En la Argentina, 5.209 personas murieron por suicidio en 2025, frente a 3.304 en 2017. El aumento fue del 57,7 por ciento y llevó al suicidio a ubicarse como la primera causa de muerte entre los 15 y los 34 años, por encima de los accidentes de tránsito. La tasa nacional subió de 8,2 a 11,8 casos por cada 100.000 habitantes.
El cambio cuenta más que una señal aislada
Azcoitía rechaza las explicaciones simplistas. El suicidio siempre es multicausal, nunca hay una sola razón, dice la especialista. El deterioro económico, una ruptura, un conflicto escolar, los problemas familiares, las adicciones, los trastornos alimentarios, el bullying o los abusos pueden formar parte de una combinación.,
No se trata, entonces, de convertir cualquier aislamiento en una prueba de riesgo ni de dejar de lado el contexto. La clave está en comparar con el modo habitual de ser de cada persona. Un adolescente expansivo que de pronto se aísla, o uno más inhibido que empieza a tener conductas disruptivas, está mostrando un cambio que debe ser mirado con atención. La diferencia respecto de su comportamiento previo es la que puede orientar a los adultos y a los propios jóvenes a acercarse.
- Estar atentos a cambios marcados en la forma habitual de relacionarse, como aislamiento, retraimiento o conductas disruptivas.
- Escuchar sin apurarse a corregir, juzgar o negar lo que la persona está expresando.
- Preguntar de manera directa y cuidadosa si está pensando en hacerse daño o quitarse la vida.
- Evitar que las redes sociales sean el único canal de comunicación, especialmente cuando reemplazan otros vínculos.
- Considerar el conjunto de factores psicológicos, familiares, relacionales y biológicos, sin buscar una única causa.
En los jóvenes que viven solos, la detección puede quedar en manos de amigos o compañeros de trabajo. Por eso, la especialista advierte que no alcanza con observar en silencio: hay que preguntar y escuchar. El período de aislamiento social también dejó una marca particular en quienes transitaban la secundaria; para algunos, volver a la presencialidad supuso enfrentar exigencias para las que no tenían recursos desarrollados.
Azcoitía evita condenar de manera general a las plataformas digitales, pero señala que su impacto puede ser mayor cuando desplazan otros vínculos y cuando quien las usa se encuentra en una situación de vulnerabilidad. La detección temprana no depende de encontrar una respuesta definitiva, sino de notar el cambio, conversar y activar los recursos de ayuda disponibles.
“El suicidio siempre es multicausal, nunca hay una sola razón.”María Fernanda Azcoitía, directora del Centro de Asistencia al Suicida de Buenos Aires
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Corriente Rioja