Mario Boskis: "Tener un motivo para levantarse cada día también cuida el corazón"
El cardiólogo repasó los hábitos que favorecen la longevidad en la vejez y repasó los cuidados para pasar el invierno sin sobresaltos: barbijo ante síntomas, lavado de manos y vacunas conversadas con el médico de cabecera.
Me crucé con Mario Boskis una mañana de estas que el termómetro se pelea con el calendario y uno no sabe si salir con camperita o directamente quedarse debajo de la frazada. Lo fui a buscar para entender por qué tantas veces escuchamos que el invierno es temporada brava para los adultos mayores, y volví a casa con una conversación que fue mucho más allá de los mocos y la tos: terminé hablando de sentido de vida, de vínculos y de por qué levantarse con un plan puede ser tan importante como tomarse la presión.
Para Boskis, cardiólogo de larga trayectoria, envejecer bien no pasa solamente por mantener a raya el colesterol o caminar treinta minutos por día. Hay algo más cotidiano, más silencioso, que también pesa en la balanza: seguir encontrando motivos para salir de casa, verse las caras con alguien y hacer aquello que a uno todavía le despierta alguna inquietud.
Ikigai, el propósito de seguir
El especialista vincula esa idea con un concepto que suena ajeno pero que enseguida se entiende: el ikigai, esa palabra que del otro lado del mundo describe la razón por la que una persona siente que vale la pena levantarse cada mañana. Para Boskis, traducir eso a la vejez es bastante concreto: conservar ocupaciones, sostener amistades y no perder la conversación cotidiana con la familia es lo que ayuda a evitar el aislamiento que tantas veces se instala cuando se jubiló, se enviudó o simplemente el cuerpo empezó a pedir más pausa.
El médico fue claro al poner un límite: la edad, por sí sola, no debería ser motivo para abandonar lo que a uno le hace bien. Por supuesto, cada quien hace lo que el cuerpo le permite. Pero la idea de que "a determinada edad ya no corresponde" es, a su entender, una de las trampas más comunes en las que caen los adultos mayores y, de paso, sus familias bienintencionadas.
El invierno: virus, ambientes cerrados y cuidados concretos
- Usar barbijo cuando aparecen síntomas respiratorios, para cuidar al otro antes que nada.
- Lavarse las manos al llegar a casa, al llegar al trabajo y siempre antes de comer.
- Conversar con el médico de cabecera sobre las vacunas que corresponden: gripe, neumonía y virus sincicial respiratorio, entre otras.
- Prestar atención a los ambientes cerrados en reuniones familiares o con amigos, donde los virus circulan con más facilidad.
- Tener en cuenta que el frío reduce el movimiento de las cilias que limpian las vías respiratorias y favorece las infecciones.
“Una infección requiere la presencia de un virus o de una bacteria. El frío por sí solo no enferma, pero puede hacer más lento ese mecanismo de defensa.”Mario Boskis
Boskis insistió en un punto que muchas veces se pasa por alto: cuidarse en esta etapa también es cuidar al otro. Por eso el barbijo no es un capricho ni una moda que volvió para quedarse: es una manera de decir "no te quiero pasar lo que tengo". Y eso, en una etapa de la vida en la que las defensas suelen responder un poco más lento, es un gesto que vale doble.
Antes de despedirnos, le pregunté qué les diría a esos adultos mayores que sienten que ya todo pasó, que el mundo se les achicó. Me miró como si la pregunta le hubiera tocado un cable y me respondió casi sin pensarlo: "Mientras uno tenga un motivo para levantarse y alguien con quien compartir el día, hay mucho por hacer". Salí del consultorio con el invierno todavía ahí afuera, pero con la sensación de que el verdadero resfrío, el que de verdad nos complica, es ese que nos agarramos adentro cuando dejamos de cruzarnos la puerta con nadie.
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