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MAR, 08 SEPT 2026
Vida

El precio oculto de no soltar una ofensa: lo que el rencor crónico le hace al cuerpo, según especialistas

Cuando el agravio se revive una y otra vez durante años, el organismo lo trata como si fuera un peligro actual. Presión arterial, defensas, sueño y músculos responden como si la amenaza siguiera frente a nosotros.

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Valeria YacanteSociedad y vida cotidiana · 8 DE SEPT DE 2026 · lectura 2 min

Me acuerdo de Mariana, una vecina de toda la vida, que cada vez que alguien menciona el nombre de su exsocio se le tensan los hombros y le cambia la cara. Hace más de doce años que no se hablan por una cuestión de dinero que, según me contó, nunca se resolvió del todo. Lo que me llamó la atención es que ella misma reconoce que no puede dormir bien del lado izquierdo, que se le subió la presión y que ya casi no se acuerda de qué se siente estar sin dolor en la nuca. Cuando uno la escucha, entiende que el tema ya dejó de ser emocional y se mudó al cuerpo.

De eso se trata, justamente, lo que cada vez más investigaciones vienen señalando: que cargar con una ofensa sin procesarla, repetirla mentalmente, darle vueltas y revivirla una y otra vez durante meses o años, no es únicamente un peso psicológico. Es un disparador físico concreto, con consecuencias que se acumulan en silencio y que, muchas veces, terminan explicando malestares que parecen no tener causa médica clara.

Un estado de alerta que no se apaga

La diferencia central con la bronca del momento, esa que aparece con fuerza y se va disipando con el correr de los días, es que el rencor implica volver sobre la ofensa una y otra vez, con una intensidad que no baja con el tiempo. Puede instalarse durante años e incluso décadas, y su origen suele ser una traición, una injusticia laboral, una ruptura sentimental o un conflicto familiar mal cerrado. Mientras la mente revive el agravio, el cuerpo lo lee como si la amenaza siguiera ahí, presente, y reacciona como si efectivamente lo estuviera.

Lo que me queda dando vueltas, después de leer todo el material y de pensar en casos como el de Mariana, es que solemos subestimar lo que nos hace aquello que no resolvemos. Lo dejamos en el rincón de los temas pendientes, como si no ocupara lugar, pero el cuerpo se encarga de recordarnos que algo sigue abierto.

“El cuerpo que paga la factura es siempre el propio”Norberto Abdala, psiquiatra especialista en psiconeuroendocrinología
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Valeria YacanteSociedad y vida cotidiana

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