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MAR, 15 SEPT 2026
Vida

El gimnasio de la calle y del parque: tres rutinas aeróbicas moderadas que sí se bancan los adultos sin base atlética

Cumplir con la recomendación de la OMS de mover entre 150 y 300 minutos por semana no requiere inscribir a nadie en un box ni comprar zapatillas tope de gama. Trote al paso, entrenamiento en zona 2 y caminata nórdica aparecen como tres puertas de entrada con evidencia científica detrás.

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Valeria YacanteSociedad y vida cotidiana · 15 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Lo primero que quiero contarles es cómo terminé probando todo esto. Me llamó la atención una conversación con Marisa, una vecina de Lanús que el año pasado empezó a salir a correr por la plaza a los 47 años y ahora no se baja de los cinco kilómetros los sábados a la mañana. Cuando le pregunté cómo había arrancado, la respuesta fue casi una receta: iba al paso que le daba para hablar sin agitarse, y así, de a poco, se fue acomodando. Esa imagen del ritmo sonriente que promueven los japoneses es la columna vertebral de todo lo que les voy a contar en esta nota, porque moverse sin perseguir el agotamiento tiene respaldo serio, y los adultos de cuarenta, cincuenta y sesenta años suelen ser los que más se benefician cuando arrancan de manera gradual.

Lo que dice la ciencia, y por qué importa

La Organización Mundial de la Salud lleva años repitiendo un número que muchos subestiman: los adultos deberían acumular entre 150 y 300 minutos semanales de actividad moderada, una meta que está al alcance de cualquiera sin necesidad de tener una base atlética previa ni de gastar una fortuna en equipamiento. La clave, según los especialistas, no es la intensidad sino la regularidad, y por eso tres prácticas concretas vienen ganando terreno como estrategia de entrada: el trote suave, el entrenamiento calibrado en zona 2 y la caminata nórdica. Las tres comparten un denominador común: se pueden sostener en el tiempo sin generar el típico abandono de febrero.

El trote suave: correr sin dejar de charlar

El llamado slow jogging fue sistematizado por Hiroaki Tanaka, fisiólogo del ejercicio de la Universidad de Fukuoka, en Japón, que le puso un nombre bien gráfico al ritmo ideal: niko-niko pace, o ritmo sonriente. La regla es simple: si pueden mantener una conversación sin agitarse, van a la velocidad correcta. La práctica se expandió primero por Corea del Sur y después por Europa y América, empujada por las redes sociales. Stephen Garland, profesor de Fisiología del Deporte en la Universidad de Malmö, Suecia, aporta una aclaración que me parece fundamental para los que recién empiezan.

“Un ritmo que parece sencillo para un corredor experimentado puede representar un desafío moderado para alguien que hasta entonces había tenido poca actividad.”Stephen Garland, profesor de Fisiología del Deporte en la Universidad de Malmö

Garland vincula el inicio gradual con mejoras concretas en la capacidad cardiorrespiratoria y con el control de la presión arterial y la glucosa en sangre, siempre y cuando haya constancia. La frase que me dejó pensando es de él, y la guardo para el final.

Zona 2: no es un ejercicio, es una manera de medirse

Acá viene una confusión habitual que vale la pena desarmar. La zona 2 no es una disciplina específica sino una forma de calibrar la intensidad: sirve una caminata rápida, la bicicleta, la natación o la elíptica. La referencia práctica es la que ya mencioné: poder decir frases completas sin quedarse sin aire. El Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte ubica ese umbral entre el 65% y el 75% de la frecuencia cardíaca máxima, aunque aclara que ese porcentaje no funciona igual en todas las personas. La edad, ciertos medicamentos y la forma física individual modifican la relación entre las pulsaciones y el esfuerzo real, algo que muchas veces los médicos de cabecera les repiten a sus pacientes en el consultorio y que los relojes inteligentes no siempre reflejan con precisión.

Un trabajo de Benedikt Meixner y colaboradores, publicado en Translational Sports Medicine, confirmó que no existe una definición universal de zona 2 basada exclusivamente en la frecuencia cardíaca. Y un metaanálisis aparecido en Scandinavian Journal of Medicine and Science in Sports encontró mejoras en la capacidad cardiorrespiratoria y en indicadores cardiometablicos en adultos que incorporaron actividad aeróbica de baja intensidad de forma sostenida. Para Marisa, mi vecina de Lanús, eso se tradujo en dejar la medicación para la presión que tomaba desde los 42, siempre con seguimiento médico, algo que me parece clave repetir: ninguna de estas rutinas reemplaza controles ni tratamientos.

Cerrar con la frase que me quedó dando vueltas

Antes de despedirme, quiero volver sobre lo que les decía al principio. Los tres caminos que recorrimos -el trote suave, la zona 2 y la caminata nórdica- comparten algo que a mí, como periodista que cubre la vida cotidiana, me resulta muy reconfortante: ninguno exige ser un atleta ni mucho menos. Basta con animarse, medir bien el esfuerzo y sostenerlo en el tiempo, algo que bien saben los que ya pasaron los cuarenta y empiezan a notar que el cuerpo pide otro ritmo. Y parafraseando a Garland, que viene a resumir todo el espíritu de esta nota: la constancia le gana al sacrificio, y un paso por día, sostenido, termina moviendo la aguja de la salud más de lo que uno cree.

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Valeria YacanteSociedad y vida cotidiana

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