Cuando la confusión aparece de golpe en un adulto mayor: por qué hay que salir corriendo a la guardia
Una farmacéutica de cuidados intensivos de Cleveland Clinic advierte que un cambio brusco en la atención o la conducta puede ser un episodio de delirio, muchas veces reversible si se trata a tiempo la causa que lo dispara.
A Estela le cambió la cara en cuestión de horas. La encontré a la mañana tomando el mates como siempre, y a la tarde no reconocía la pieza donde dormía desde hace cuarenta años. Mi vieja tiene 82, viene con sus achaques de siempre, pero esto fue otra cosa: de un momento para el otro no ataba una conversación y me miraba como si fuera un desconocido. Lo que viví en casa esa tarde fue lo que me llevó a meterme de lleno en un tema que, me di cuenta después, mucha gente todavía confunde con el paso de los años.
Resulta que esa confusión repentina que yo vi en mi madre tiene nombre técnico y, sobre todo, tiene consecuencias. Se trata del delirio, un cuadro que los especialistas describen como una alteración aguda de la atención y la orientación, y que en los adultos mayores aparece con más frecuencia de la que uno imagina. Heather Torbic, farmacéutica de cuidados intensivos de la Cleveland Clinic, lo explica con una frase que a mí me quedó dando vueltas: ese estado puede estar avisando que hay un problema en el organismo que necesita tratamiento. Y acá viene lo central: interpretarlo como una simple manifestación de demencia puede demorar la consulta y dejar sin atender la causa que lo disparó.
Cómo distinguir un delirio de una demencia en la vida cotidiana
- Velocidad del cambio: el delirio se instala en horas o a lo largo de uno o dos días. La demencia, en cambio, avanza durante meses o años, con una pérdida gradual que va afectando las actividades de todos los días.
- Variaciones en el mismo día: en el delirio es típico que la persona tenga un rato lúcido y al rato vuelva a confundirse dentro de la misma jornada. La demencia suele mantener una atención más estable en sus primeras etapas.
- Dificultad para concentrarse: cuesta seguir una conversación o prestar atención a lo que pasa alrededor.
- Cambios de conducta: aparece un retraimiento inhabitual o una agresividad que no estaba en el comportamiento previo.
- Antecedentes de internación: el cuadro se presenta con frecuencia en hospitalizaciones, sobre todo en cuidados intensivos, y el riesgo crece cuanto más se prolonga la estadía.
Lo que me quedó claro después de leer el material y de repasar lo que me pasó con mi vieja es que no hay que quedarse en casa esperando a ver si se le pasa. Si la desorientación aparece de golpe, la indicación es buscar atención médica inmediata, incluso cuando la persona ya tiene un diagnóstico de demencia. Un cambio así, por más que el deterioro de base parezca explicar todo, puede estar tapando una infección, un problema metabólico, un efecto de un medicamento nuevo o cualquier otra causa que los profesionales tienen cómo abordar.
Torbic señaló que, una vez detectado el delirio, el equipo de salud sale a buscar el desencadenante para tratarlo. Y esa es la parte que más me sirvió como aprendizaje familiar: corregir ese problema de fondo permite, en muchos casos, revertir la confusión. La demencia también necesita evaluación médica, pero habitualmente no es una emergencia en sí misma. Lo que sí es una urgencia es cualquier alteración abrupta respecto del estado habitual, porque puede ser la punta de un hilo que se resuelve si uno llega a tiempo.
“El delirio puede advertir sobre un problema en el organismo que necesita tratamiento.”Heather Torbic, farmacéutica de cuidados intensivos de Cleveland Clinic
En mi casa aprendimos por las malas que la diferencia entre horas y meses en la aparición de los síntomas no es un detalle menor. Cuando un padre o una madre mayor se desorienta de un día para el otro, la conversación en la mesa deja de ser el lugar donde se resuelve lo que le pasa. La conversación que importa pasa en la guardia, con alguien que pueda mirar más allá del diagnóstico conocido. Y si algo me llevo de toda esta movida, es lo que dejó dicho Torbic: atender el delirio es atender una causa concreta, no un capricho del envejecimiento.
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