Corriente Rioja  Buscar
Dólar oficial $1.535,00 +0,00%Dólar blue $1.555,00 +0,00%Dólar MEP $1.548,30 +0,00%Riesgo país 509 pb +0,00%
JUE, 27 AGO 2026
Vida

Cuando decir 'no' es el mejor modo de cuidar

Especialistas en crianza coinciden en que los límites no son un castigo ni un capricho de los adultos: son la herramienta con la que los chicos aprenden a tolerar la frustración y a moverse en el mundo. El gran desafío, dicen, es sostenerlos sin gritar y sin ceder a cualquier berrinche.

VY
Valeria YacanteSociedad y vida cotidiana · 27 DE AGO DE 2026 · lectura 5 min
waftg

La primera vez que me senté a escribir esta nota, lo hice con una taza de café en una mano y el teléfono en la otra, escuchando de fondo el audio de una amiga que me decía, casi como confesión, que ya no sabía qué hacer con su hija de cuatro años. No era una queja contra la nena, sino contra ella misma: le costaba sostener un 'no' sin sentir que la estaba lastimando. Me reconoció que muchas veces, ante un berrinche en la verdulería, terminaba cediendo 'para que la cosa no escale'. Cuando le pregunté quién le había dicho que poner límites era algo parecido a ser autoritaria, se quedó pensando un rato largo y después respondió, con una sinceridad que me dejó pensando: 'Nadie me lo dijo, pero lo siento así'. Esa sensación, esa especie de culpa difusa que recorre a buena parte de las familias criadoras en estos años, es el punto de partida de esta nota, que armé a partir de las explicaciones de dos psicólogas infantojuveniles que vienen trabajando hace rato con padres y madres que llegan a sus consultorios con la misma duda: ¿será que estoy siendo demasiado dura si le pongo un límite a mi hijo?

Para la psicóloga Ivana Raschkovan, autora del libro 'Infancias respetadas', la respuesta es bastante clara: no, poner límites no tiene nada que ver con el autoritarismo, y mucho menos con el respeto. De hecho, en su mirada, sucede exactamente al revés. 'Conversar no quita autoridad; al contrario. La pérdida de autoridad ocurre cuando el adulto le teme al conflicto y lo evita. Si para esquivar un berrinche terminamos moviendo el límite, el mensaje se vuelve sumamente confuso', señala. La idea que repite cada vez que puede es que las familias negocian muchas cosas, pero no todas: hay decisiones que no se ponen a votación, y sostenerlas, justamente, es lo que vuelve creíble al adulto a los ojos del chico.

Autoridad no es lo mismo que autoritarismo

Hay una confusión instalada que a Raschkovan le interesa desarmar. Para ella, autoritarismo y autoridad son cosas distintas, y conviene tenerlas separadas si uno quiere entender de qué hablamos cuando hablamos de criar. El autoritarismo, explica, es un abuso de poder: se impone sin escuchar, sin explicar, muchas veces gritando, y deja al chico sin lugar para procesar lo que le pasa. La autoridad, en cambio, es otra cosa: es la capacidad del adulto de sostener una posición con presencia, con afecto y sin violencia. Respetar a un niño o a un adolescente, subraya, no equivale a dejarlo hacer lo que quiera; el respeto se juega en el buen trato, no en la ausencia de normas. Dicho de otro modo: el cariño no se demuestra aflojando todo, sino acompañando lo que sí se sostiene.

Esta distinción no es nueva, aunque a veces se la presente como si lo fuera. En los años sesenta, la psicóloga Diana Baumrind describió tres estilos de crianza que hasta hoy siguen siendo una referencia para pensar el tema. Están los padres autoritarios, con reglas rígidas y muy poca escucha; los permisivos, donde sobra afecto pero faltan límites; y los democráticos o autoritativos, que combinan normas claras con diálogo y contención. La recomendación de la mayoría de los especialistas, no casualmente, apunta a este último como punto de equilibrio, y es el que mejor describe lo que ambas psicólogas consultadas para esta nota intentan transmitir cuando les preguntan cómo criar.

El miedo a que el hijo se enoje

La psicóloga Deborah Bellota lo ve seguido en su consultorio: padres y madres muy cariñosos, muy presentes, que en el intento de no repetir lo que ellos vivieron de chicos terminan corriendo un poco de largo y no logran decir 'no' cuando hace falta. 'Los padres permisivos suelen ser muy afectuosos, pero muchas veces no ponen límites por miedo a que el hijo se enoje con ellos', apunta. Y aclara que esa dinámica, mirada de cerca, no es tan inocente: puede convivir con una buena autoestima y al mismo tiempo dejar al chico con dificultades para autorregularse, con baja tolerancia a la frustración y con una resistencia marcada a las figuras de autoridad cuando crece.

“Son indispensables para aprender a vivir en sociedad. La vida misma ya presenta dosis diarias de frustración: hay que ir a dormir aunque quieran seguir jugando, no se puede almorzar caramelos, hay que dar la mano para cruzar la calle. Esas pequeñas frustraciones cotidianas van construyendo la tolerancia a la frustración.”Ivana Raschkovan, psicóloga infantojuvenil y autora de 'Infancias respetadas'

Lo que se aprende cuando se aprende a tolerar

  • Ir a dormir aunque el chico quiera seguir jugando: la rutina enseña que hay horarios que se respetan.
  • No almorzar caramelos: el cuerpo tiene ritmos y alimentos que necesitan orden.
  • Dar la mano para cruzar la calle: la seguridad se sostiene con pequeñas normas que salvan vidas.
  • Esperar el turno en una fila o en un juego: la espera es una de las primeras escuelas de paciencia.
  • Recibir un 'no' como respuesta: aprender que no todo se puede, ni se debe, tener.

Para Raschkovan, los límites son una forma de cuidado y, como tales, no son opcionales. 'Son indispensables para aprender a vivir en sociedad', remarca, y agrega algo que a mí me parece clave: esa capacidad de tolerar la frustración no aparece de forma espontánea, se aprende, y se aprende en casa, con adultos que la sostengan en el día a día. Si un chico no experimenta el 'no' en un entorno seguro, advierte, es probable que no desarrolle los recursos emocionales suficientes para procesar situaciones difíciles cuando tenga que vérselas solo, afuera, en la escuela, en un grupo de amigos o más adelante en el trabajo. Bellota coincide y suma un detalle que no es menor: el trabajo del adulto no termina cuando dice 'no'. Acompañar lo que viene después, explicar, contener, reparar si hace falta, es tan importante como el límite en sí. Porque un límite sin afecto es una orden seca, y un afecto sin límite es una caricia que no alcanza a preparar para la vida.

VY
Valeria YacanteSociedad y vida cotidiana

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo