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VIE, 11 SEPT 2026
Entretenimiento

Travis Knight y la cruzada del alma: contra la IA, a favor del dedo pulgar que mueve muñecos

El director de Laika defiende el stop motion como trinchera humana frente a la inteligencia artificial y presenta Wildwood, la película más ambiciosa (y difícil) del estudio. Reseña en primera persona, con ironía y sin robots.

GB
Gonzalo BazánCultura y espectáculos · 11 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Dicen que el stop motion es como cocinar un asado con leña: lento, ruidoso, algo desprolijo, y por eso mismo irresistible. Travis Knight parece compartir la idea. El director de Laika aprovechó la promoción de Wildwood -su nuevo largo, que se estrena el 23 de octubre- para marcar territorio frente a la inteligencia artificial con una frase que ya quedó sonando: la IA, según sus palabras, carece de humanidad. Y en un estudio donde todo se mueve cuadro por cuadro, a mano, eso no es un detalle menor: es casi una declaración de principios.

(Lo de la IA y el arte viene debatiéndose hace rato, pero que lo diga el responsable de Kubo y las dos cuerdas mágicas -nominada al Oscar en su día- le da otra gravvedad. Y le suma una pregunta incómoda para la industria entera).

El oficio contra el algoritmo

Knight no se anda con vueltas. En una entrevista reciente sostuvo que la inteligencia artificial es una tecnología asombrosa, pero que para crear arte hace falta algo que las máquinas todavía no saben fabricar: alma. Textual: Contar historias, crear arte, consiste precisamente en imbuir de alma lo que hacés. Y agregó que en Laika, en el centro de todo lo que hacemos, está el artista. La postura es tan romántica como firme: si la herramienta reemplaza al sujeto que la mueve, deja de haber cine (o animación) en el sentido clásico del término.

“La IA es realmente contraria a todo lo que defendemos en Laika, porque en Laika, en el centro de todo lo que hacemos, está el artista.”Travis Knight

Wildwood llega como una declaración práctica de esa filosofía. Son 140 minutos filmados fotograma a fotograma, con decorados físicos, muñecos intervenidos manualmente y meses de trabajo encima de cada escena. El propio estudio la describe como el proyecto más difícil que encararon hasta ahora. Cuando un estudio que viene de hacer Kubo y de sobrevivir a la presión de Hollywood te dice eso, conviene tomar nota: no es marketing, es un parte médico.

Por qué importa (más allá del runrún tecnológico)

  • El stop motion expone sus costuras a propósito: las marcas de los dedos, la luz cambiante, el polvo en el decorado. La IA, en cambio, produce superficiesperfectas pero sin historia detrás.
  • Knight vuelve al stop motion tras detourdear por la acción real con Bumblebee y la futura He-Man y los Masters del Universo: o sea, sabe lo que es rodar con tecnología punta y elige volver a lo artesanal.
  • En tiempos de generadores de imágenes y videos automáticos, una película de casi dos horas hecha a mano se vuelve un acto casi político: es tiempo humano puesto al servicio de un cuento.
  • Para el público de entre 40 y 60 años, criados con las maravillas de los 80 y 90, ver a Knight defender este oficio es como reencontrarse con un viejo conocido que sigue haciendo las cosas como antes - para bien y para mal.

Hago mía la frase del director, aunque me la apropio con cautela: contar historias consiste en imbuir de alma lo que hacés. Si la IA se convierte en la guionista, la dibujante y la montajista, qué queda del temblor, del error, de la decisión de mover un dedo medio milímetro hacia la izquierda porque algo no cerraba. Queda eficiencia. Y eficiencia, sin riesgo, raramente es arte. Knight lo sabe y lo dice a su manera: con un film de 140 minutos que se construyó a la antigua.

La recomendación

Si te copa la animación con peso, si todavía creés que un muñeco movido por manos humanas tiene algo que una pantalla de render no puede fabricar, Wildwood es tu próxima parada. Estrena el 23 de octubre. Reservá la butaca con tiempo: dura más de dos horas, y cada minuto de esos 140 se nota. Y si no podés esperar, revisitá Kubo y las dos cuerdas mágicas como: es el ADN puro de lo que Laika viene defendiendo desde hace años -, terco, y con un cariño por el detalle que ningún algoritmo puede clonar. Vidalas y chayas aparte (que también son artesanía del alma), la invitación queda abierta: cine que se ve, se huele y se palpa.

GB
Gonzalo BazánCultura y espectáculos

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