Rastreo de pumas en la estepa santacruceña: una travesía de tres jornadas desde Perito Moreno
Sobre la ruta nacional 40, en el departamento Lago Buenos Aires, la localidad funciona como cabecera de excursiones guiadas que en invierno siguen las huellas del felino más grande de la Patagonia entre quebradas, cañadones y las márgenes del Parque Patagonia Argentina.
Ana Paula Carrizo, Turismo y ambiente — La ciudad de Perito Moreno se ubica a unos 480 kilómetros al oeste de Comodoro Rivadavia y a poco más de 1.600 kilómetros al sudoeste de Buenos Aires, en el cruce de la ruta nacional 40 y la ruta provincial 43, dentro del departamento Lago Buenos Aires, en el noroeste de la provincia de Santa Cruz. Ese enclave, rodeado por una estepa patagónica modelada por la erosión eólica y por antiguas coladas volcánicas que dejaron basaltos y mesetas de tonos ocres, funciona como punto de partida de las excursiones de tres días orientadas al rastreo y avistaje del puma, el felino de mayor tamaño del cono sur americano.
El operativo de búsqueda en la nieve
Las salidas arrancan de madrugada, antes del primer amanecer, y se internan en sectores aledaños a campos privados y a distintas áreas del Parque Patagonia Argentina, una de las reservas naturales más extensas del sur continental. Durante el invierno austral las condiciones se vuelven severas: la nieve puede acumularse hasta la altura de las rodillas, el asfalto se cubre de hielo y las temperaturas caen de manera sostenida por debajo de los cero grados. Precisamente ese rigor meteorológico es el que vuelve la estepa en un terreno propicio para el trabajo de los guías, ya que la nieve fresca preserva con nitidez las huellas de la fauna silvestre.
La huella del puma resulta especialmente diagnóstica: es de forma redondeada, presenta una almohadilla cuyo contorno se asemeja a un pentágono y carece de marcas de uñas, dado que el animal las retrae de manera sistemática al desplazarse, una característica típica de los félidos. Los rastreadores toman como referencia, además, que la impresión de la pata delantera suele ser más grande que la de la trasera, lo que permite diferenciar al félino de otros carnívoros de la estepa.
Las cuatro señales que orientan la búsqueda
- La agitación observable en majadas de guanacos y en grupos de choiques, que suelen reaccionar con corridas y vocalizaciones ante la presencia del depredador.
- Las huellas marcadas en la nieve, que se relevan a pie y con apoyo de prismáticos para determinar dirección, edad y tamaño del ejemplar.
- El vuelo convergente de caranchos o cóndores andinos hacia un punto del terreno, lo que suele delatar la ubicación de una carroña o de una presa reciente.
- Los restos de presas, en general guanacos o liebres, que aparecen parcialmente cubiertos con tierra, pastos o vegetación como parte del comportamiento de ocultamiento del felino.
Cuando alguna de esas cuatro señales aparece, el grupo se detiene y se instala en posiciones elevadas para trabajar con binoculares, con el objetivo de localizar al animal sin intervenir en su comportamiento. El avistaje, aclaran los operadores locales, no está garantizado: forma parte del carácter imprevisible de la fauna silvestre y de la dinámica propia de la estepa.
Biología del puma y fauna acompañante
El puma adulto macho alcanza un peso de entre 55 y 80 kilogramos, mientras que la hembra se mueve en un rango de entre 30 y 60 kilogramos, conforme a los parámetros de la especie en la Patagonia austral. A diferencia de los grandes felinos de otros continentes, el puma no ruge: su repertorio sonoro se compone de ronroneos, gruñidos y silbidos que utiliza para comunicarse con otros individuos y, sobre todo, durante la etapa reproductiva. Posee una capacidad de salto que le permite elevarse hasta cinco metros en vertical y franquear más de diez metros en horizontal, lo que lo convierte en un cazador particularmente eficaz entre los accidentes geográficos del terreno.
Sus hábitos son principalmente crepusculares y nocturnos, y se desenvuelve como un animal solitario y territorial, con áreas de uso que se extienden a lo largo de decenas de kilómetros cuadrados. En la estepa patagónica su dieta se compone mayoritariamente de guanacos, choiques y liebres, aunque puede incorporar presas menores según la oferta ambiental. Como depredador tope cumple una función central en la regulación de las poblaciones de herbívoros y, por extensión, en el equilibrio de los ecosistemas de la meseta.
El recorrido por la estepa no se limita al puma. En el camino es habitual avistar guanacos en majadas, zorros colorados y zorros grises, piche patagónico y zorrinos, mientras que en el cielo se relevan cóndores andinos, choiques y flamencos. La zona, según registros citados por los operadores, sostiene más de 120 especies de aves a lo largo del año.
Información práctica para el viajero
- Perito Moreno se localiza en la intersección de la ruta nacional 40 y la ruta provincial 43, en el departamento Lago Buenos Aires, Santa Cruz, y cuenta con servicios de alojamiento, gastronomía y proveedores de excursiones habilitadas para el rastreo de pumas.
- Las excursiones tienen una duración de tres días, con partidas de madrugada, y se desarrollan en sectores cercanos a campos privados y al Parque Patagonia Argentina, por lo que requieren indumentaria térmica, calzado de nieve y equipo óptico provisto por el operador.
- Desde Perito Moreno se puede extender la visita hacia el pueblo de Los Antiguos, reconocido por su microclima de valle que favorece la producción de cerezas y frutillas, y hacia el Parque Provincial Cueva de las Manos, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
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