Corriente Rioja  Buscar
Dólar oficial $1.535,00 +0,33%Dólar blue $1.555,00 -0,32%Dólar MEP $1.534,70 +0,10%Riesgo país 510 pb +0,79%
JUE, 17 SEPT 2026
Vida

Mate o agua helada: la pelea de todos los veranos se define en la humedad de la habitación

Un especialista en bienestar explica por qué una infusión caliente puede refrescar el cuerpo cuando hay brisa y aire seco, y por qué en un ambiente cargado de vapor termina sumando calor en lugar de quitándolo. La hidratación, dice, va siempre primero.

VY
Valeria YacanteSociedad y vida cotidiana · 17 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Me crucé con esta idea mientras esperaba el colectivo, en pleno enero, con la remera pegada a la espalda y un termo bajo el brazo. Un señor de unos cincuenta y tantos, que se había presentado como Jorge, me dijo algo que me quedó dando vueltas: «Yo en verano tomo mate caliente y refresca más que el agua de la heladera». Lo miré con esa mezcla de incredulidad y curiosidad que me suele ganar cuando alguien me tira una certeza así, y me prometí averiguarlo. Terminé leyendo al profesor John Tregoning, que es de los que estudian cómo reacciona el cuerpo frente al calor, y me encontré con que Jorge, sin saberlo, tenía bastante razón. O, para ser justa del todo, la tenía a medias.

La explicación que da Tregoning es bastante directa. Cuando uno toma una bebida caliente, el cuerpo recibe calor de entrada, eso es obvio. Pero al mismo tiempo se activa un mecanismo de defensa: la piel empieza a transpirar, produce sudor, y ese sudor, al evaporarse, se lleva calor consigo. Es decir, la infusión no refresca por arte de magia: refresca porque obliga al cuerpo a sudar más, y ese sudor extra es el que termina enfriando la piel. Siempre, claro, que el sudor pueda evaporarse de verdad.

Por qué el ventilador y la ventana abierta cambian todo

Y acá viene lo que yo no había pensado nunca, y que a Jorge se le había escapado en el colectivo. Para que ese sudor se evapore y cumpla su función, el aire tiene que estar dispuesto a recibirlo. Si estamos en un lugar seco y con corriente, como puede ser una galería con brisa o un living con el ventilador prendido, el agua de la piel se transforma en vapor sin problemas y se lleva el calor de regalo. Si en cambio estamos en una oficina sin ventilación, en un bar con la puerta cerrada o en cualquier rincón húmedo, el aire ya está tan empapado que no admite más vapor. Entonces el sudor queda ahí, nos pega la ropa, nos chorrea por la frente, y lo único que conseguimos es perder agua sin ganar frescura. Para colmo, el calor que metimos con la infusión sigue adentro, sin contrapeso.

  • En un ambiente seco y ventilado, una bebida caliente puede ayudar a refrescar, porque dispara una transpiración que se evapora sin problemas.
  • En un ambiente húmedo y cerrado, esa misma bebida suma calor al cuerpo, porque el sudor no logra evaporarse y se acumula sobre la piel.
  • La humedad alta y la falta de circulación de aire son los dos factores que traban el mecanismo de enfriamiento.
  • Tomar líquido de manera frecuente es más importante que la temperatura a la que se lo ingiera.
  • Las bebidas frías dan una sensación inmediata de alivio, pero no modifican la transpiración como las calientes.

Lo que más me llamó la atención es que Tregoning no se queda en la Pulseada entre frío y caliente. Su recomendación es bastante más terrenal: hidratarse, hidratase y volver a hidratarse. La temperatura de la taza o del vaso, me dijo casi textualmente un informe suyo, es un detalle menor frente a la necesidad de reponer lo que el cuerpo va perdiendo con el calor. Tomar agua, mate, jugos, lo que sea, pero no quedarse en seco. Eso, y prestar atención al ambiente: si hay humedad espesa y cero circulación, mejor buscar un lugar con aire antes de cebarse otro termo pensando que va a refrescar.

“La temperatura de la bebida es secundaria frente a la hidratación y a las condiciones del ambiente.”John Tregoning, profesor especializado en bienestar

Cerré la nota pensando en Jorge, en su termo y en la cara de pocos amigos que me habría puesto si le decía que la humedad porteña de febrero no es la mejor aliada de su teoría. Tiene razón en la intuición: el calor activa la sed, la sed mueve el termo, el termo dispara el sudor, y ese sudor, si hay viento, refresca. Le falta un paso, eso sí: abrir una ventana, o directamente escaparse a un balcón con brisa. Después de todo, en esta pelea entre el mate y el agua helada, el verdadero protagonista nunca fue la bebida. Fue, casi siempre, el aire de la habitación.

VY
Valeria YacanteSociedad y vida cotidiana

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo