Florencia Tellado, la sombrerera que le tomó el gusto al ropero de Moria Casán
Recibió el encargo por un audio entre globos y torta, nunca había hecho ficción y terminó diseñando el universo visual de la serie sobre La One. Desde su taller nuevo en Palermo, cuenta cómo eligió cada tela, dónde salieron las piezas vintage y por qué sueña con vestir a Lady Gaga.
Le tengo que confesar algo antes de arrancar: yo no la conocía a Florencia Tellado hasta que me senté frente a frente en su taller de la calle Matienzo, en Palermo, un loft enorme lleno de luz natural donde todavía se notaba el olor a pintura fresca, como si la inaugurara conmigo. Tiene 43 años, dos décadas de carrera en publicidad y producción audiovisual a cuesta, y la acabo de ver acomodar una pila de sombreros con la misma paciencia con la que acomoda las palabras cuando habla de su oficio. De entrada me dijo que está agotada pero contenta, y que tiene la sensación de haber cerrado un ciclo enorme con el trabajo más ambicioso de su vida: el vestuario completo de la serie biográfica sobre Moria Casán, cuya protagonista es Griselda Siciliani.
Le pregunté cómo había empezado todo y la respuesta me hizo reír, porque tiene esa cosa cinematográfica que a mí, como lectora de vidas ajenas, me encanta. Me contó que recibió el encargo por un audio de WhatsApp en medio de un cumpleaños infantil, rodeada de chicos gritando y de globos por todos lados. Un director audiovisual al que ya había vestido en publicidades le propuso hacerse cargo del ropero entero de la ficción. Y acá viene el dato que a mí más me llamó la atención: ella nunca había trabajado en ficción. Toda su vida venía del lado de la publicidad, de los cortos, de las campañas, de los vestuarios pensados para un día de rodaje y nada más. Le dije que era una locura y me respondió, con esa mezcla de calma y decisión que la caracteriza: «Bueno, pero era Moria. No me podía decir que no».
Siete meses para construir un universo
El proyecto le insumió siete meses, de julio del año pasado hasta febrero de este año, y arrancó de una manera que a mí me parece de lo más sensata: «Lo único que tenía en la cabeza era a Moria. Pensaba cómo representarla siendo fiel a su estilo tan único», me dijo, mientras acomodaba sobre la mesa una selección de telas que había rescatado de los deshechos del rodaje. La serie no recorre la vida de Moria en orden cronológico, sino que salta entre etapas, y eso la obligó a pensar el vestuario como un sistema, no como una seguidilla de looks sueltos. Había que reconocer cada momento, cada edad, cada escenario, pero sin que el conjunto se rompiera. «Tenía que ser coherente», insistió, «porque si no, el personaje se te desarma». Y la verdad es que, escuchándola, uno entiende que detrás de cada cuadro hay una decisión tomada con bisturí.
Trajes a medida, ferias americanas y un ojo entrenado
Una reunión, cara a cara con La One
Le pregunté cuánto había visto a Moria en el proceso y me respondió algo que me pareció casi poético para un trabajo de este calibre: una sola vez. Una reunión en persona, en la que tuvieron que ponerse de acuerdo en un montón de cosas que después se verían en la pantalla. Me dijo que fue al mismo tiempo un placer y una responsabilidad enorme, porque del otro lado estaba La One, una figura que arrastra décadas de historia y una imagen pública que ya es patrimonio popular. «Fue muy generosa, muy abierta», me contó, y agregó que ese encuentro único le alcanzó para entender el tono general y empezar a tejer el resto con el material de archivo que ya tenía en la cabeza.
El oficio de sombrerera, heredado de tres maestras
Antes de meterse de lleno en el mundo del vestuario, Florencia se formó como milliner, o sea, diseñadora de sombreros, y yo le pregunté de dónde le venía esa pasión, porque no es algo muy común en la Argentina. Me nombró a tres maestras y se le iluminó la cara. La primera fue Hilda Juárez, sombrerera del Teatro Colón, que le enseñó la raíz clásica del oficio. La segunda fue Laura Noetinger, la diseñadora elegida por la reina Máxima de Holanda, de quien rescata la elegancia europea y el oficio paciente. Y la tercera fue nada menos que Noel Stewart, en Londres, una referente mundial que trabajó para firmas como Givenchy, Valentino, Mulberry y Roland Mouret. De esa estadía en Londres, Florencia trae una frase que a mí me quedó dando vueltas: «La disciplina del silencio, la precisión. Un error mínimo te arruina el resultado final». Y es que en un sombrero, me explicó, un milímetro fuera de lugar cambia la silueta entera.
El taller nuevo y el sueño Gaga
Hoy Florencia atiende en su propio loft de 145 metros cuadrados, recién pintado, con ventanales que dejan entrar la luz de Palermo y estanterías donde se apilan sombreros, telas y herramientas. Es el primer espacio verdaderamente propio después de años de trabajar en la suya de casa o prestada. Desde ahí sigue tomando encargos de vestuario para publicidades, sigue diseñando sombreros bajo pedido y sigue recibiendo mensajes inesperados, como el que le llegó por Instagram desde la producción de Marilyn Manson para hacerle un encargo. Le pregunté qué se venía y me dijo, sin dudarlo, que su próximo gran desafío personal es nada menos que vestir a Lady Gaga. Lo dijo con la misma naturalidad con la que me había contado lo del audio en el cumpleaños, como si para ella las cosas extraordinarias fueran posibles si una se queda trabajando con seriedad. Y la verdad es que, después de escucharla dos horas, yo le creo.
“Un error mínimo te arruina el resultado final. Por eso aprendí a callarme y a mirar la pieza antes de moverla.”Florencia Tellado
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