Gripe que se complica: las señales que no conviene subestimar y los grupos que tienen que mirar dos veces
Un infectólogo de la Cleveland Clinic advierte que la influenza puede derivar en neumonía, sepsis y problemas cardíacos o respiratorios, y que incluso personas sin antecedentes pueden pasarla mal. Cuándo hay que salir corriendo a la guardia y por qué la consulta a tiempo marca la diferencia.
A Daniela le empezó como un cuadro cualquiera: fiebre, dolor de cuerpo, esa sensación de cansancio que te deja pegado al sillón. Tomó paracetamol, se hidrató y al cuarto día amaneció sintiéndose bastante mejor, casi como para volver al trabajo. Pero al quinto, la fiebre volvió con todo, le apareció una tos que no la dejaba terminar las frases y, sobre todo, una falta de aire que la asustó de verdad. Terminó en la guardia con una neumonía bacteriana que se había montado sobre la gripe. Esa historia, que se repite cada invierno en las guardias porteñas y del conurbano, es exactamente la que el infectólogo Dhatri Kotekal, consultado por la Cleveland Clinic, usa para explicar por qué la influenza no siempre es "la maladie del aguinaldo" que se resuelve con reposo y un buen mate cocido.
El truco del "me mejoré y después peor": la señal que más preocupa
Sentirse mejor durante una gripe y empeorar de golpe es, para Kotekal, el motivo clásico para consultar sin demora. Ese cambio, explica el especialista, suele indicar que apareció una infección secundaria, como una neumonía, que se aprovecha del terreno que dejó barido el virus. La evolución del cuadro importa tanto o más que los síntomas del arranque: no es lo mismo tener fiebre alta el día dos que empezar con falta de aire cuando uno ya creía que estaba del otro lado.
- Falta de aire o dificultad para respirar.
- Dolor o presión en el pecho.
- Labios o uñas azulados.
- Confusión o desorientación.
- Desmayo.
- Vómitos intensos o deshidratación severa.
- En chicos pequeños: respiración acelerada o llanto inconsolable.
Quiénes no pueden darse el lujo de "esperar a ver cómo sigue"
La consulta temprana cobra especial importancia para quienes tienen diabetes, enfermedades renales, cardíacas o pulmonares, u obesidad. En personas con esas afecciones previas, el deterioro puede darse en apenas 24 o 48 horas, un margen en el que la diferencia entre un cuadro ambulatorio y una cama de terapia intensiva se mide en horas. También presentan mayor vulnerabilidad los menores de cinco años, los mayores de 65 y las embarazadas. Estar sano antes de contagiarse reduce el riesgo, aclará Kotekal, pero no lo elimina: incluso sin antecedentes, la influenza puede complicarse.
“Aunque la mayoría se recupera en una a tres semanas, el esfuerzo del organismo para enfrentar la infección puede desencadenar complicaciones. La neumonía es la más habitual entre las potencialmente mortales.”Dhatri Kotekal, infectólogo (Cleveland Clinic)
Qué puede salir mal cuando la gripe se pone pesada
El especialista mencionó varias complicaciones serias que vale la pena tener en la cabeza. Una es la sepsis, una reacción extrema del sistema inmunitario que termina dañando tejidos y órganos propios. La gripe también puede empeorar el asma o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica y llevar a una insuficiencia respiratoria. Y en pacientes con problemas cardíacos previos, un cuadro severo puede alterar el pulso y la presión arterial, e incluso desencadenar un infarto o un accidente cerebrovascular. La recomendación central sigue siendo la misma y es la más vieja del manual: la vacunación anual, clave tanto para la influenza A como para la B, ya que ninguno de los dos tipos descarta un cuadro grave en una persona vulnerable.
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