Estornudar no es estar enfermo: la explicación detrás de un gesto cotidiano del perro que preocupa a sus dueños
El adiestrador canino Tony Silvestre aclara que, en la mayoría de los casos, el estornudo de un perro es una forma de comunicación emocional y no un síntoma de enfermedad. Aun así, hay señales concretas que permiten distinguir el entusiasmo de un problema de salud real.
A Marta le cambió la cara la primera vez que escuchó a su perro Toby estornudar mientras corría por el patio. Le pareció tan raro que dejó lo que estaba haciendo, lo agarró de la correa y lo llevó de urgencia al veterinario. Gastó una consulta, perdió una mañana de trabajo y se enteró de algo que hoy le arranca una sonrisa: Toby estaba feliz, no enfermo. Esa misma escena se repite en muchísimos hogares argentinos y por eso vale la pena prestarle atención al tema, porque en la mayoría de los casos no hay nada que lamentar, pero en otros sí conviene actuar rápido. Yo misma lo conversé con un especialista y me fui convencida de que la clave está en mirar el conjunto, no solo el sonido.
Una señal de emoción, no de enfermedad
El adiestrador canino Tony Silvestre lo dice sin rodeos: cuando un perro estornuda, casi nunca hay un problema de salud detrás, sino un estado de ánimo que el animal está expresando. La explicación tiene que ver con la fisiología del momento: durante los episodios de alta excitación, como el juego, las caricias o la expectativa de salir a pasear, al perro se le acumula presión en las vías respiratorias y el estornudo aparece como una válvula de escape para volver a respirar cómodo.
“Si no estornuda, significa que no te quiere.”Tony Silvestre, adiestrador canino
Cómo confirmar que el estornudo es emocional
- Mirada tranquila, sin zonas blancas a la vista.
- Cola moviéndose con soltura, sin rigidez.
- Orejas en posición natural y relajada.
- Postura corporal distendida, sin tensión.
- Curiosidad durante los paseos y ganas de explorar.
- Interacción calmada con otros perros, sin gruñidos.
- Panza arriba al recostarse, señal de confianza plena.
Si todos esos indicadores están presentes al mismo tiempo que el estornudo, no hay motivo de alarma, dice Silvestre, y la medicina veterinaria coincide en distinguir ese cuadro de un verdadero problema respiratorio. También puede aparecer un estornudo aislado cuando al perro le entra agua a las fosas nasales después de nadar o de beber apurado, algo totalmente menor que se resuelve solo. La preocupación empieza cuando los estornudos se vuelven frecuentes y aparecen otros síntomas: falta de apetito, decaimiento general, fatiga o respiración agitada incluso en reposo. En ese escenario, la consulta al veterinario no es opcional, es urgente.
El criterio práctico que propone el adiestrador es bien simple y sirve para cualquier dueño: si el estornudo aparece en un momento de alegría o de juego y el perro muestra todos los indicadores de bienestar, dejá pasar y disfrutá; si surge de forma repetida, sin vínculo con la emoción, y se suma cualquier cambio en el comportamiento o en el apetito, entonces sí hay que consultar sin demoras. Conocer el lenguaje corporal del perro evita diagnósticos erróneos, ahorra visitas innecesarias al veterinario y, sobre todo, mejora la convivencia diaria con un animal que, cuando estornuda de felicidad, nos está diciendo con su cuerpo lo que nunca va a poder decir con palabras.
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