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JUE, 27 AGO 2026
Vida

El parador nocturno de Neuquén cambia de piel cuando llega el calor: ahora quiere ser una escalera hacia la calle y no solo una cama

A dos meses de abrir sus puertas, el dispositivo que asiste a personas en situación de calle atendió a 400 personas y registró picos de 120 asistentes por noche. Con la primavera no cierra: se reconvierte en un refugio que trabaja por etapas, con equipos de salud, psicólogos y voluntarios, para empujar la reinserción laboral y familiar de quienes duermen a la intemperie.

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Valeria YacanteSociedad y vida cotidiana · 27 DE AGO DE 2026 · lectura 4 min
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Soy Valeria Yacante y esta historia la empecé a seguir una mañana fría, cuando todavía era de noche en Neuquén y el termómetro se negaba a subir. Me acerqué hasta la puerta del parador nocturno que la ciudad puso en marcha este invierno para personas en situación de calle y lo primero que vi fue a Jorge, un hombre grandote, de barba espesa, que esperaba su turno para entrar con las manos en los bolsillos y una mochila colgando del hombro. Hacía una hora que estaba ahí, me dijo, y no se quejaba: agradecía tener un techo, aunque fuera por unas pocas horas. Esa imagen, la de un tipo enorme parado en la vereda esperando un café con leche y una frazada, es la que me quedó dando vueltas mientras leía los números que ahora me pasaron desde el equipo que coordina el lugar.

En apenas dos meses de funcionamiento, el parador atendió a 400 personas y registró un promedio de 100 asistentes por noche, con picos que llegaron a 120. El dato, de por sí, describe el tamaño de una problemática que muchas veces se prefiere mirar de reojo: la cantidad de vecinos y vecinas de Neuquén que, aun teniendo domicilio registrado en la ciudad, terminan durmiendo a la intemperie cuando el frío aprieta. Según el cruzamiento de datos con el Registro Nacional de las Personas, el 81 por ciento de quienes pasaron por el refugio tiene DNI con domicilio en la capital neuquina. Y hay otro número que pesa: nueve de cada diez son varones.

Un refugio que no cierra cuando llega la primavera

Lo más interesante del anuncio no es el balance del invierno, sino lo que va a pasar en los próximos meses. El parador no va a bajar la persiana con el cambio de estación. Por el contrario, se va a transformar. El modelo de "bajo umbral", que acepta a cualquier persona en situación de vulnerabilidad sin importar si tiene consumos problemáticos, seguirá siendo la puerta de entrada, pero a partir de ahora funcionará como el primer escalón de una escalera con varios niveles.

La idea es que, a medida que cada usuario avance, pueda ir pasando a instancias de mediano y alto umbral, siempre con el mismo norte: conseguir un trabajo o recomponer el vínculo con la familia. El objetivo final, me explicaron, es que esas personas puedan acceder a un alquiler o reinsertarse en un entorno familiar. Es decir, el dispositivo deja de pensarse únicamente como un techo para pasar la noche y empieza a concebirse como una herramienta de restitución de derechos.

  • Punto de partida móvil: el tradicional traslado nocturno desde la Catedral María Auxiliadora se va a complementar con un tráiler instalado junto al Hospital Bouquet Roldán, donde los usuarios podrán dejar sus pertenencias con mayor resguardo. Quienes estén en condiciones de moverse por sus propios medios podrán hacerlo sin necesidad del vehículo.
  • Salud como columna vertebral: el parador ya cuenta con atención podológica todos los miércoles, residentes de medicina general y odontología, y equipos de psicólogos con abordajes individuales. Con el nuevo formato se sumarán grupos terapéuticos con mayor frecuencia y participación activa del Ministerio de Salud.
  • Coordinación con otros refugios: se articulará con los dispositivos de mediano umbral que ya funcionan en la ciudad para que cada persona sea derivada al espacio que mejor se ajusta a su momento y a sus necesidades.

El diseño de este nuevo formato no nació de la nada. El equipo responsable hizo una visita de trabajo de dos días a Ciudad Oculta, en el área metropolitana de Buenos Aires, para aprender de organizaciones con mayor trayectoria en este tipo de atención. De allí volvieron con la convicción de que la asistencia nocturna puede ser, además, un puente.

Mientras recorría el lugar me quedó claro que la lógica del refugio no es la del asistencialismo clásico, sino la de un proceso. El acceso es voluntario: las personas se acercan a la Catedral María Auxiliadora, son trasladadas hasta el parador y, una vez adentro, aceptan las reglas de convivencia como condición para quedarse. No todos los que duermen en la calle usan el espacio, y esa es todavía una cuenta pendiente. Pero los que pasan, cuentan.

“Acá no te preguntan por qué estás en la calle, te dan una cama, un plato de comida y tiempo para empezar a pensar en otra cosa.”Jorge, usuario del parador nocturno
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Valeria YacanteSociedad y vida cotidiana

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