El Calamar se quedó a un gol del Batacazo: Platense ganó, pero Fluminense se lo empató en el global y sigue en carrera
El equipo de Martín Palermo lo daba vuelta con el 2-0 parcial de Mainero y Sepúlveda, pero el cabezazo de Canobbio a los 11 del segundo tiempo cortó el sueño en Vicente López. El Mariscal quedó eliminado por un global de 3-2.
A los 11 del segundo tiempo, cuando Agustín Canobbio metió el frentazo que valió el 1-2, sentí que el aire se iba del Ciudad de Vicente López. Hasta ese momento, yo también me la creía: el Calamar estaba a un solo gol de la hazaña, de meter a Fluminense contra las cuerdas y forzar los penales en la Copa Libertadores. Pero el fútbol, a veces, es tan así de cruel como hermoso: un cabezazo en el área te cambia la noche entera.
Arrancamos por lo que dejó la serie. Platense ganó 2-1 este martes en su casa, con goles de Guido Mainero y Bruno Sepúlveda, pero la diferencia de 3-2 en el global le terminó dando el pasaporte a semifinales al conjunto brasileño. El equipo de Martín Palermo necesitaba un gol más en el complemento y no lo encontró. Thiago Silva, el arquero Fábio y la desesperación del reloj se encargaron de cerrar la historia.
El primer tiempo que soñó todo Vicente López
El arranque fue una declaración de principios. Platense salió a comerse la cancha y a comerse al rival. Mainero, a los 29, empujó una jugada colectiva que ya se gritaba en la popular: el empate en el global estaba y faltaba uno solo. El Calamar no se replegó, siguió yendo, y cuando la primera etapa se moría, a los 47, Sepúlveda conectó un cabezazo dentro del área para establecer el 2-0 parcial. Se iban al descanso 2-2 en la suma de los dos partidos y el pueblo Calamar soñaba con la épica.
El gol que cortó la ilusión
Fluminense ajustó marcas en el entretiempo, se plantó unos metros más arriba y a los 11 minutos del segundo tiempo apareció Canobbio para cabecear el descuento que enmudeció el estadio. A partir de ahí, el local se lanzó con todo. Palermo metió a Franco Zapiola entre los cambios ofensivos, buscó por abajo y por arriba, pero cada centro terminaba en las manos de Fábio o en los pies del propio Thiago Silva, que se dedicó a cortar juego con esa autoridad de veterano que no se compra: se gana con los años. "Hasta acá llegamos", terminó siendo el suspiro final.
Ahora, mientras se baja la espuma, lo que viene en el calendario para Platense es la Copa Argentina, donde el Calamar sigue peleando por otros objetivos. La Libertadores ya es archivo, pero el aplauso de la gente en el final —eso lo vi y lo sentí desde la popular— fue el reconocimiento a un equipo que dejó todo y que se quedó a un gol de meterse entre los cuatro mejores del continente.
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