Cuando la estepa se mete en la cocina: lo que hay que saber (y lo que no) cuando aparece fauna silvestre en casa
Una comadreja enana se escondió entre la leña de una casa en Cutral Co y el equipo de Guardafaunas de Picún Leufú la liberó en perfecto estado. La historia sirve para repasar un protocolo que muchos desconocen y que, bien aplicado, puede salvarle la vida al animal.
Me lo imagino como si lo estuviera viendo: es una tarde cualquiera en Cutral Co, alguien sale al patio, levanta un par de troncos de la pila de leña y ahí, entre las astillas, aparece una bolita de pelaje grisáceo que parece un ratón pero no lo es. La sorpresa dura un segundo, después viene el instinto de agarrarla, de correrla, de sacarla de ahí como sea. Sin embargo, los dueños de esa casa hicieron lo que casi nadie hace: no la tocaron, levantaron el teléfono y llamaron a las autoridades. Esa decisión, simple, le salvó la vida.
Un marsupial que parece ratón pero no lo es
La visitante inesperada era una comadreja enana, cuyo nombre científico es Thylamys pallidior, un marsupial autóctono de los ambientes áridos y la estepa que caracteriza a buena parte de la provincia de Neuquén. Para que se den una idea de su tamaño, que es lo primero que desconcierta: mide entre 8,5 y 12 centímetros de cuerpo y pesa entre 15 y 36 gramos, o sea, lo que pesa una moneda chica. Tiene pelaje gris, vientre más claro y unas manchas oscuras alrededor de los ojos que le dan una cara muy particular, casi de dibujo animado. Es nocturna, discreta y rara de ver, justamente porque vive escondida entre rocas, arbustos y, claro, pilas de leña como la que la delató en Cutral Co. Se alimenta de insectos, frutitos y animalitos pequeños, y tiene una característica que a mí me resulta fascinante: la cola es prensil y, además, le sirve como reserva de grasa para pasar los períodos de frío y de escasez. Pertenece a la familia de las comadrejas americanas, que nada tiene que ver con los ratones ni con las ratas, aunque el parecido a simple vista pueda jugarnos una mala pasada.
Lo que hay que hacer (y lo que no) cuando aparece fauna silvestre
- No manipular al animal con las manos, por más inofensivo que parezca: el contacto directo lo estresa, le transmite enfermedades y lo acostumbra a la presencia humana, lo que después le juega en contra cuando vuelve al campo.
- No intentar retenerlo en una caja, jaula o recipiente improvisado ni, mucho menos, criarlo como mascota: la fauna silvestre tiene requerimientos específicos que en una casa es imposible cubrir.
- No alimentarlo con restos de comida, leche o lo que uno tenga a mano: una dieta equivocada puede matarlo en cuestión de horas.
- Dar aviso inmediato a la autoridad de fauna competente: en Neuquén funciona la Dirección Provincial de Fauna, y también están los equipos de Guardafaunas que cubren distintas localidades, como el de Picún Leufú que intervino en este caso.
- Esperar afuera, a prudente distancia, y dejar que los profesionales hagan el resto: son ellos los que tienen el entrenamiento y el equipo para evaluar el estado de salud del animal y decidir el mejor lugar para liberarlo.
En el episodio de Cutral Co, el equipo de Guardafaunas de Picún Leufú llegó, revisó al animal con un protocolo de manipulación mínima, le hizo una evaluación veterinaria y confirmó que estaba en perfecto estado. Después lo llevaron a un sitio acorde a su especie y lo liberaron. En criollo: la comadreja volvió a la estepa sin un rasguño y los vecinos se quedaron con la foto del momento y la tranquilidad de haber hecho las cosas bien. Desde la Dirección Provincial de Fauna de Neuquén fueron muy claros al respecto y me parece que vale la pena repetirlo textualmente: "la fauna silvestre no es mascota" y "protegerla es tarea de todos".
Por qué importa tanto no meter la mano
Uno tiende a pensar que un animal chiquito y manso no corre peligro, pero la realidad es bastante distinta. El estrés que le genera a un marsupial como la comadreja enana ser agarrado por un humano puede ser suficiente para shockearlo, sobre todo si se trata de una hembra con crías en el marsupio. Además, nuestras manos pueden transmitir bacterias y hongos para los que el animal no tiene defensas, y un animal que se acostumbra al olor y a la presencia de las personas pierde la desconfianza necesaria para sobrevivir en libertad. Por eso, más allá del cariño que nos despierte, la mejor ayuda que le podemos dar es, justamente, no ayudar en forma directa: llamar, esperar y confiar en quienes saben.
A mí, como vecina y como cronista, este tipo de historias me dejan una sensación reconfortante, porque muestran que el vínculo entre la gente y el ambiente que la rodea todavía funciona cuando hay buena información de por medio. La comadreja enana que apareció en Cutral Co es la prueba de que, con un llamado a tiempo y las manos quietas, el final puede ser exactamente el que uno espera: el animal de vuelta en su estepa, y la casa, otra vez, en paz. Como me dijo una de las personas que intervino en el rescate, casi como cierre de la jornada: "Lo más importante es que la gente sepa que existe un equipo y que se puede llamar sin miedo, porque para eso estamos".
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