Cáncer de próstata: por qué la edad y la herencia familiar pesan tanto a la hora de decidir cuándo empezar a chequearse
Crece en silencio y se lleva casi 400 mil vidas al año: claves para entender a qué conviene prestarle atención, según el riesgo de cada uno
A Hugo, que tiene 43 años y todavía no se sentó a hablar del tema con un médico, lo encontré esta semana en la sala de espera de un consultorio del centro porteño. Me miró con una mezcla de curiosidad y de algo que parecía incomodidad cuando le pregunté si alguna vez se había hecho un análisis de antígeno prostático específico, ese estudio que la mayoría de los hombres termina conociendo de oído y no de cerca. 'Mi viejo se controló siempre y le fue bien', me dijo, como si esa fuera una respuesta suficiente. Y sin embargo, la historia clínica familiar que él estaba invocando es exactamente una de las piezas centrales que los especialistas miran con más cuidado antes de decidir cuándo conviene empezar a estudiar la próstata. Porque el cáncer de próstata es, como me gusta repetirle a quienes me preguntan, una enfermedad que avanza casi sin hacer ruido y que, cuando finalmente habla, a veces ya llegó demasiado lejos.
Para dimensionar el tema conviene mirar primero los números globales. Según las estimaciones que difundió GLOBOCAN para 2022, ese tumor registró 1.467.854 diagnósticos nuevos en el mundo y se llevó 397.430 vidas en ese mismo año. Representó el 7,3 por ciento de todos los casos de cáncer y se consolidó como el segundo tumor más frecuente entre los hombres, con diferencias llamativas según la región geográfica. La Argentina no queda afuera de ese mapa: aparece entre los países con incidencia media alta, y los urólogos consultados coinciden en que la detección temprana sigue siendo la herramienta más eficaz para cambiar el pronóstico.
Por qué cuesta tanto agarrarlo a tiempo
Lo que vuelve a este tumor particularmente tramposo es que, cuando todavía está localizado, rara vez avisa. Los tumores iniciales suelen crecer durante años sin producir síntomas urinarios, sin dolor, sin nada que haga sospechar. Recién cuando la enfermedad avanza aparecen las señales clásicas: dificultad para orinar, sangrado, dolor óseo o pérdida de peso. Y para entonces el cuadro ya suele ser otro. Por eso la estrategia no pasa por esperar a tener molestias, sino por identificar antes a quiénes les conviene empezar a controlar.
- Edad: a mayor edad, mayor riesgo. La probabilidad de desarrollar la enfermedad sube de manera sostenida después de los 50.
- Antecedentes familiares: tener un padre, un hermano o un abuelo con diagnóstico de cáncer de próstata incrementa de manera considerable la posibilidad de presentarlo.
- Mutaciones genéticas: las alteraciones en el gen BRCA2, conocidas sobre todo por su vínculo con ciertos cánceres de mama, también se asocian con tumores prostáticos de comportamiento más agresivo.
- Origen y estilo de vida: la incidencia varía entre poblaciones y se observa con mayor frecuencia en hombres de ascendencia africana y en aquellos con sobrepeso u obesidad.
A quién le toca empezar y a quién no
Con esos elementos en la mesa, las recomendaciones internacionales marcan caminos bastante claros. Para quienes tienen riesgo elevado —por edad avanzada, por historia familiar o por carga genética—, Mayo Clinic sugiere que la conversación con el equipo de salud puede iniciarse entre los 40 y los 45 años. Para la población general de entre 55 y 69 años, el Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de Estados Unidos propone una decisión individual, sopesando junto con un profesional los beneficios y las limitaciones del análisis de PSA. Y a partir de los 70 años, ese mismo organismo no recomienda el tamizaje sistemático, porque los potenciales daños de los tratamientos empiezan a superar los beneficios.
El PSA mide una proteína que está presente tanto en células normales como en células malignas de la próstata. Un valor elevado no confirma cáncer por sí solo: puede dispararse por un ejercicio intenso, por una inflamación, por una biopsia reciente o por el uso de medicamentos como finasterida o dutasterida. Por eso, ante un resultado fuera de rango lo habitual es repetir la prueba antes de avanzar con estudios más complejos. Si el marcador sigue dando señales de alerta, la evaluación suele ampliarse con un examen físico, con biomarcadores en sangre u orina y con una resonancia magnética de próstata para ubicar las zonas que requieren un análisis más detallado.
“A mí me decían que me tenía que controlar y yo lo iba dejando. Hasta que un día me senté con el urólogo, le conté lo de mi viejo y lo de un tío que también había pasado por esto, y ahí entendí que no era lo mismo empezar a los 50 sin antecedentes que hacerlo un poco antes con la historia familiar que yo cargo.”Hugo, 43 años
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