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MIÉ, 09 SEPT 2026
Entretenimiento

Adiós al hombre que no sabía jubilarse: se fue Chiche Gelblung con el micrófono todavía caliente

El periodista murió a los 82 años en un sanatorio de Palermo. Había trabajado hasta el lunes. Un recorrido por su paso por la gráfica, la radio y la televisión, y por la obstinación de seguir al aire mientras el cuerpo le pedía pausa.

GB
Gonzalo BazánCultura y espectáculos · 9 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Dicen que hay gente que nace para jubilarse y gente que nace para no hacerlo nunca. Chiche Gelblung era de los segundos, de esos tipos que si les das una silla y un micrófono se quedan ahí hasta que la silla se rompe o el mundo se termina. El miércoles 9 de septiembre de 2026, cerca de las siete y media de la mañana, falleció en un sanatorio del barrio de Palermo a los 82 años. Se fue como vivió: sin hacer demasiado ruido previo, casi en silencio, como si la noticia fuera una más en el eterno noticiero que él mismo se había inventado.

Samuel Gelblung había ingresado el martes al sanatorio por un cuadro respiratorio. Era la cuarta internación en lo que iba del año, dato que a esta altura suena más a estadística de cancha que a parte médico. Igual, el lunes había conducido su programa de radio como si nada. Como si el aire le viniera mejor por el auricular que por los pulmones.

Una vida entera en off

(Siempre me imaginé a Chiche como esos personajes de tango a los que les falta un verso para terminar la letra y siguen cantando igual, aunque la orquesta ya se haya ido.) Porque lo de Gelblung fue, antes que nada, una obstinación. Cinco décadas en la prensa gráfica, la radio y la televisión, con un estilo que era puro nervio: pregunta filosa, pausa justa, mirada cómplice con el televidente de toda la vida. Lo vimos en Crónica, lo escuchamos en distintas emisoras, lo reconocimos al instante en la pantalla. No era un conductor amable: era un tipo que te hablaba de igual a igual, aunque fueras un ministro o un cartonero.

En junio, después de una de sus altas, dejó una frase que define una época entera: "Todo bien por suerte, mañana ya empiezo". La dijo con la misma tonada con la que un caudillo del norte te avisa que la tormenta ya pasó. Para él, cada internación era apenas un corte publicitario en el programa más largo de su vida.

La despedida en la AMIA y el último viaje a La Tablada

El velatorio se hizo en una de las salas de la AMIA, en la Ciudad de Buenos Aires. El Gran Rabino Eliahu Hamra leyó los salmos, y el cortejo partió después hacia el cementerio de La Tablada. Por ahí pasaron colegas, amigos y figuras del espectáculo. Graciela Alfano, que se acercó a despedirlo, dijo algo que a muchos se les quedó dando vueltas en la cabeza: "Me hubiera gustado tener una última charla". Es la clase de frase que se dice cuando uno advierte, tarde, que hay conversaciones que damos por garantizadas y después no lo eran.

El hombre detrás del micrófono

En abril de 2024, Gelblung había participado de un ciclo de entrevistas en profundidad. Ahí contó cosas que el personaje público no solía mostrar: la infancia difícil, los golpes que no se cuentan en la sección policial, la relación con la muerte. "Tuve que pedir ayuda a un psicoanalista para entender y aceptar la muerte", reconoció. Lo notable es que lo dijo sin solemnidad, casi como quien pasa un dato al aire en un móvil en vivo. Esa mezcla de confesión y rutina periodística era, en el fondo, su marca registrada.

  • Fue una de las figuras más reconocibles del periodismo argentino de los últimos cincuenta años, con sello propio en gráfica, radio y televisión.
  • Trabajó en el diario Crónica y construyó en ese medio un estilo directo, de calle, muy ligado al lector popular.
  • Condujo programas de radio hasta el lunes previo a su muerte, en uno de sus ciclos más prolongados en el medio.
  • A lo largo de 2026 atravesó cuatro internaciones por cuadros respiratorios, sin abandonar del todo la actividad.
  • En abril de 2024 participó de un ciclo de entrevistas donde habló de su historia personal, su infancia y su vínculo con la muerte.
  • El Gran Rabino de la AMIA, Eliahu Hamra, ofició la despedida en la sede de la entidad, y luego sus restos fueron llevados al cementerio de La Tablada.

Si me permiten una recomendación concreta, en estos días vale la pena buscar en algún archivo de la TV pública o de los canales donde Chiche dejó huella sus reportajes de los años ochenta y noventa. Ahí se lo ve entero: el bigote, las preguntas cortas, el modo de escuchar como si le fuera la vida en cada respuesta. Y de paso, mientras lo miran, piensen en eso que él mismo reconoció haber aprendido a los golpes: que la muerte se entiende, pero no se acepta del todo. Chiche se fue dejándonos, como mínimo, una pregunta para el aire: cuántos de nosotros, cuando nos toque, vamos a tener el coraje de pedir ayuda para entender lo que no tiene retorno. Chau, Chiche. Quedate tranquilo: mañana ya empezamos.

GB
Gonzalo BazánCultura y espectáculos

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