Volver al gym después de una pausa: por qué el cuerpo se siente distinto y cómo retomar sin frustrarse
Después de un viaje, una gripe o una lesión, retomar la rutina puede costar más de lo esperado. Especialistas en medicina deportiva y entrenamiento explican qué se pierde primero, qué se conserva y de qué manera armar la vuelta para no abandonar a los pocos días.
Volver a entrenar después de unos días afuera no fue nunca tan difícil como me imaginaba, hasta que me pasó. Me acuerdo perfecto: eran las vacaciones de julio, me había ido al sur con la familia y, entre el frío, las caminatas y las cenas largas, colgué las zapatillas por casi tres semanas. El primer día que pisé el parque con la idea de correr un poco, sentí que el pecho me iba a explotar a los ocho minutos. No era dolor, era otra cosa: una falta de aire que me conocía, pero que hacía tiempo no aparecía con esa intensidad. Algo parecido le debe haber pasado a mucha gente, porque cada vez son más los que vuelven de una pausa y se sorprenden con esa sensación de que el cuerpo les pide más esfuerzo del que esperaban.
Qué se pierde antes: la resistencia o la fuerza
Para entender por qué correr se pone cuesta arriba antes que levantar una pesa, conviene mirar lo que pasa adentro del organismo. Jesse Shaw, profesor de medicina deportiva en la Universidad de Western States, lo resumió con una idea bastante clara: la capacidad aeróbica, esa que permite correr, pedalear o nadar durante un rato largo, es más sensible a la falta de movimiento que la fuerza muscular. En términos simples, el corazón, los pulmones y los vasos sanguíneos responden antes a la pausa que los músculos que mueven las cargas.
El especialista explicó que alrededor de las dos semanas de inactividad ya puede empezar a notarse una baja en la función cardiopulmonar. Esa caída, aclaró, no significa que se haya perdido todo el trabajo de meses, pero sí que el cuerpo tiene que exigirse un poco más para sostener el mismo ritmo. Por eso alguien que antes corría veinte minutos a un paso tranquilo, después de una pausa, puede sentir que se queda sin aire a los diez. No es que el músculo haya desaparecido, es que el motor que lo alimenta se reguló hacia abajo.
La fuerza, en cambio, suele mostrar una baja más tardía. Shaw sostuvo que recién después de tres o cuatro semanas de suspensión completa del ejercicio se empieza a observar una disminución muscular significativa. Es decir, mover una caja pesada, cargar el changuito del supermercado o subir una escalera con bolsas puede costar un poco más, pero no tanto como lo que se nota en la respiración.
- La capacidad aeróbica empieza a bajar cerca de las dos semanas sin entrenar.
- La fuerza suele mantenerse mejor y caer después de tres o cuatro semanas.
- La frecuencia cardíaca tiende a subir más rápido ante el mismo esfuerzo.
- El trabajo manual y la actividad cotidiana pueden proteger la fuerza durante la pausa.
- La respuesta del cuerpo varía según la edad y los años de entrenamiento acumulados.
No todos los cuerpos responden igual
Uno de los puntos que más me llamó la atención cuando profundicé en el tema fue que los plazos no son matemáticos para nadie. Shaw aclaró que la antigüedad en el entrenamiento y la edad hacen que cada organismo reaccione distinto. Las personas que llevan años moviéndose con regularidad tienden a conservar mejor sus adaptaciones, como si el cuerpo tuviera una especie de memoria más larga del esfuerzo. Y algo que a veces se pasa por alto: las tareas del día, como cargar bolsas, subir escaleras, limpiar o trabajar en obras, también ayudan a sostener la fuerza, a diferencia de lo que ocurre cuando alguien queda en cama por una enfermedad o una lesión.
“En algún punto, el cuerpo entiende que no lo están usando para eso y empieza a regularse hacia abajo, pero si uno tiene un historial largo de movimiento, la caída es más lenta.”Jesse Shaw, profesor de medicina deportiva en la Universidad de Western States
Cómo armar la vuelta sin pasarse de rosca
Una de las cosas que coinciden los especialistas consultados es que la vuelta al entrenamiento no puede ser una copia de la última sesión antes de la pausa. Andy Stern, entrenador personal con varios años de experiencia, fue bastante gráfico con esto: recomendó empezar con algunos días para recuperar energía, sostener una buena hidratación y, sobre todo, no tener la misma expectativa de rendimiento que se tenía antes del corte.
La idea, me dijo, es bajar un cambio la intensidad durante la primera semana y volver a subirla de manera gradual, no dar un salto. También sugirió sumar movimiento suave durante la pausa misma, cuando es posible, y reproducir los gestos habituales del entrenamiento con menos carga. Es algo parecido a mantener encendida la llama chica en vez de apagarla del todo.
Shaw, en tanto, puso el foco en la alimentación. Durante una pausa, destacó la importancia de mantener un consumo adecuado de proteínas para colaborar con la conservación de la masa muscular. Es un detalle que suena menor, pero que puede hacer diferencia cuando se trata de volver sin perder tanto.
El descanso también puede sumar
Algo que me llamó la atención y que no siempre se tiene en cuenta es que una pausa bien aprovechada puede terminar siendo parte del entrenamiento. Shaw mencionó que una interrupción cercana a las dos semanas puede permitir una recuperación suficiente para que el cuerpo vuelva con más capacidad, un proceso que en el ámbito deportivo se conoce como supercompensación. Ojo, aclaró: eso no quiere decir que cualquier corte sirva para mejorar el rendimiento. La idea es que el descanso no es el enemigo del progreso, sino parte del ciclo.
“El descanso también es parte del entrenamiento, pero hay que volver con calma y ajustar las expectativas a las primeras sesiones.”Andy Stern, entrenador personal
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