Un retiro corporativo, una promesa de team building y la certeza de que alguien va a quedar afuera
Llega a Netflix la comedia española Gracias, equipo, de Diego Núñez Irigoyen, con Alexandra Jiménez como protagonista de un retrato laboral donde la competencia y la paranoia se imponen al compañerismo cuando se filtran los despidos masivos.
Imaginate juntarte con tu familia en una quinta para celebrar algo importante y que, a los postres, alguien diga que la plata no alcanza y que hay que ver quiénes dejan de comer. Bueno, algo así, pero con planillas de Excel y PowerPoint. Eso es, más o menos, Gracias, equipo, la comedia española que se mete en el catálogo de Netflix este viernes 11 de septiembre y que bien podría ambientarse en cualquier pyme, multinacional o ministerio de la zona metropolitana de Buenos Aires.
La premisa es directa: un grupo de empleados participa de un retiro corporativo con la promesa clásica de fortalecer el trabajo en equipo. Lo que nadie les cuenta (o lo que alguien les cuenta fuera de cámara) es que arriba ya se decidió que va a haber una ola de despidos. Y ahí, como dice la copla, se cae la venda de los ojos: el compañerismo se resquebraja y empieza una pulseada silenciosa por ver quién se salva.
Una galería de arquetipos laborales
El guion de Cristóbal Garrido y Adolfo Valor —responsables, entre otras cosas, de la serie Fariña— se apoya en una galería de personajes que funcionan como arquetipos del mundo del trabajo: el que quiere ascender a toda costa, la que cuida su imagen, el tiburón de Recursos Humanos, el que lleva años esperando su oportunidad. No buscan realismo, sino mueca amable, y los exageran lo justo para que la comedia respire sin volverse un sketch infinito.
El tono es liviano, de esos que no te cambian la semana pero te dejan una sonrisa. La competencia escala de forma gradual y los personajes se mantienen coherentes con lo que son desde el primer minuto, algo que se agradece porque evita los giros inexplicables que muchas comedias de situación suelen sofreír. El desenlace, eso sí, se vuelve bastante previsible; el recorrido hasta llegar ahí, en cambio, resulta llevadero.
Jiménez al frente y un director que sabe ordenar el gallinero
Alexandra Jiménez es la encargada de sostener el centro emocional y cómico de la película, y lo hace con oficio: maneja con naturalidad el equilibrio entre el humor y el registro dramático que su personaje pide, sin caer en el golpe bajo ni en el histrionismo. Ya quedó demostrado en comedias como Bajo el mismo techo o en la serie La otra mirada que es de las actrices más sólidas del género en España.
El director, Diego Núñez Irigoyen, no es un improvisado: viene de codirigir la primera temporada de División Palermo, la serie de Álex de la Iglesia sobre una fuerza policial bizarra, así que sabe lo que es manejar un elenco numeroso sin que la cosa se desmande. Acá opta por un ritmo ordenado, cámara funcional y un montaje que prioriza la lectura clara por sobre la marca de autor. Funciona.
Qué la película dice (y qué no) sobre la toxicidad laboral
Gracias, equipo no viene a descubrir la pólvora sobre los males de la oficina. Pero sí se anima a leer, con tono moderado, cómo reaccionamos cuando la estabilidad económica se siente en riesgo: ahí aparecen el ego, la traición chica, la delación anónima, el que se ofrece como voluntario para salvar a su equipo a costa de otro. Lo suficiente para que el visionado sea disfrutable y para que uno o dos personajes se ganen un lugar en la memoria antes de los títulos finales.
- Un retiro corporativo con todos los clichés del team building, pero con un secreto bajo la alfombra.
- Un elenco coral que funciona como mosaico del mundo del trabajo, sin caricaturas groseras.
- Alexandra Jiménez como ancla emotiva y cómica del relato.
- Un director que ordena el conjunto sin pisar el humor.
- Un mensaje sobre la toxicidad laboral que no innova, pero deja un par de preguntas razonables.
Si te gustó Bajo el mismo techo, Ven a cenar conmigo o la primera temporada de División Palermo, esta comedia te va a encontrar a gusto. Es ideal para una noche de viernes en la que no querés pensar demasiado, pero tampoco pasar vergüenza ajena. Poné el piloto automático del sillón, dejá el celular a un costado y mirá cuántos compañeros de oficina reconocés en pantalla (spoiler: al menos tres).
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