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SÁB, 19 SEPT 2026
Vida

Parar un instante, volver a empezar: por qué las pausas cortas pueden ser una aliada contra el agotamiento del día a día

Caminar unos minutos, cerrar los ojos o poner la atención en los sentidos son recursos simples para recuperar energía. Especialistas consultados explican hasta dónde sirven y cuándo conviene pedir ayuda profesional.

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Valeria YacanteSociedad y vida cotidiana · 19 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Lo conocí a Esteban en la fila del café, a media mañana, con esa cara que solemos poner los grandes cuando la cabeza ya no da para más. Me dijo, mientras pedía un cortado, que sentía que el día se le caía encima: el informe que no terminaba, el teléfono que no paraba de sonar, la cabeza llena de pendientes. Antes de volver a su escritorio, se quedó un minuto en silencio, mirando la calle por la ventana. Cuando salió del bar, me confesó, se sentía un poco menos aplastado. Esa escena, tan chica, es la mejor manera que encontré para explicar de qué se trata lo que la psicología viene estudiando hace rato: las pausas breves pueden ayudar a recuperar la concentración frente al estrés cotidiano.

Lo aclaro de entrada, porque me parece importante no vender humo: interrumpir una jornada exigente para caminar, descansar o prestar atención al entorno puede servir para retomar las tareas con menos fatiga, pero estas prácticas tienen alcances distintos y no resuelven las causas del malestar. Si el estrés persiste, altera el sueño, el trabajo o los vínculos, conviene buscar acompañamiento profesional. Dicho esto, vale la pena repasar qué opciones concretas existen y qué dice la evidencia sobre cada una.

Anclar la atención en los sentidos, una salida cuando la cabeza no para

Para quienes quedan atrapados en pensamientos repetitivos, orientar la atención hacia el entorno es una alternativa concreta. La técnica 5-4-3-2-1 propone reconocer, en este orden, cinco elementos visibles, cuatro sensaciones de contacto, tres sonidos del ambiente, dos aromas y un sabor. Antes de comenzar, puede hacerse una respiración pausada, sin forzar la entrada de aire. La psicóloga clínica Sari Chait explicó que concentrarse en esos estímulos puede dar cierta distancia respecto de las preocupaciones, aunque no elimina su causa.

“Concentrarse en esos estímulos puede dar cierta distancia respecto de las preocupaciones, aunque no elimina su causa.”Sari Chait, psicóloga clínica

Caminar, estirarse o moverse: el cuerpo como interruptor

Si hay oportunidad de salir, caminar también permite interrumpir las tareas. Una investigación evaluó a trabajadores que pasearon por un parque durante 15 minutos en el horario del almuerzo, a lo largo de diez días laborales consecutivos. En esas jornadas, los participantes reportaron menos fatiga y mayor concentración por la tarde. Quienes hicieron ejercicios de relajación también mostraron mejoras frente a sus pausas habituales. Los resultados no garantizan un efecto inmediato ni idéntico para todos, pero son una pista interesante.

Cerrar los ojos, aunque sea un rato

Descansar es otra opción, y vaya si la subestimamos. La neurocientífica Heidi Hanna señaló que mantener los ojos cerrados entre 10 y 15 minutos puede favorecer la recuperación. Ese intervalo debe ajustarse a las necesidades personales y, ojo, no reemplaza el sueño adecuado. Es un recreo, no un sustituto.

El límite de estas prácticas aparece cuando el malestar continúa, aumenta o dificulta la vida cotidiana. La terapeuta Tyana Tavakol recomendó considerar una consulta si los intentos personales no alcanzan. Como me dijo Esteban antes de irse, todavía con el vaso de café en la mano: uno no puede hacer la guerra solo, y a veces parar un instante es el primer paso para animarse a pedir ayuda.

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Valeria YacanteSociedad y vida cotidiana

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