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LUN, 31 AGO 2026
Economía

Del 25% mensual al 2,1%: la curva que la Argentina no logra cerrar y el espejo regional

La variación interanual sigue por encima del 30% y el recorrido de Brasil, Chile, México, Perú, Uruguay y otros países muestra que el tramo final de la desinflación suele ser el más lento y el más caro para los bolsillos.

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Ramiro OyolaEconomía y producción · 30 DE AGO DE 2026 · lectura 3 min

La Argentina transitó un descenso pronunciado de la inflación mensual desde las últimas semanas de 2023, cuando los registros llegaron a aproximarse al 25% por mes, hasta el 2,1% de julio de 2026 (INDEC). Esa mejora, sin embargo, no se trasladó todavía al indicador que más miran las familias y los formadores de precios: la variación acumulada en doce meses permanece por encima del 30%, y la mayoría de las proyecciones de las consultoras privadas consultadas por este medio coinciden en que 2026 cerraría sin perforar ese umbral.

El sendero, como era de esperar, no fue una línea recta. Tras tocar un piso mensual de 1,5% en mayo de 2025, los precios retomaron impulso y llegaron al 3,4% en marzo de 2026, para luego volver a moderarse. En julio, el repunte se vinculó al rubro Esparcimiento y Recreación, que muestra un comportamiento estacional durante los meses de invierno. Vamos a los números: la comparación contra la campaña anterior es la que mejor refleja el esfuerzo. En igual período de 2023, la inflación mensual se ubicaba en torno al 7% y la interanual superaba el 100%; hoy esos guarismos son una fracción de los de entonces, aunque el objetivo de un dígito anual sostenido todavía luce lejano.

El espejo regional: cuánto tardaron los vecinos

La experiencia de América Latina ofrece un mapa preciso de lo que significa consolidar precios de un solo dígito una vez que la inflación se acerca al umbral del 30%. Brasil y Ecuador atravesaron ese trecho en apenas dos años, aunque en contextos muy específicos: Brasil lo hizo con el Plan Real de 1994, que incluyó una nueva moneda y un ancla cambiaria, y Ecuador mediante la dolarización implementada en el año 2000. México, Perú y Uruguay necesitaron cuatro años para la misma transición; Guatemala, seis; Paraguay y Colombia, nueve; y Chile, El Salvador y Honduras, diez.

“Los procesos de desinflación no son lineales, y el tramo final suele ser el más difícil. Salvo Ecuador y Brasil, al resto de la región le llevó entre 4 y 10 años bajar la inflación desde niveles cercanos al 30% hasta un dígito de forma sostenida.”Ignacio Sniechowski, jefe de Research de IEB

Por qué la segunda etapa es más lenta

La razón detrás de esa demora tiene una lógica técnica. La primera fase de la baja suele ser más rápida porque se revierten shocks de precios relativos, se estabiliza la energía, se modera la inflación de bienes y se normalizan las cadenas de suministro. La segunda fase es más lenta porque el foco se traslada hacia los componentes más persistentes: alquileres, servicios médicos, seguros, transporte y salarios. Esas categorías ajustan con rezago porque dependen de contratos, costos laborales y expectativas, lo que vuelve a la dinámica inflacionaria más resistente a las herramientas ortodoxas.

Lo que falta saber

El cuadro de fondo deja interrogantes abiertos. Falta precisar cuál será la trayectoria de los rubros con comportamiento estacional en los próximos meses, qué ritmo adoptarán los ajustes salariales y de alquileres en un escenario de inflación todavía alta, y si el anclaje de las expectativas logrará sostenerse frente a eventuales shocks sobre energía o tipo de cambio. La experiencia regional, en definitiva, no marca un plazo: señala que la última milla es la más larga y la que define si el descenso se consolida o vuelve a perder pie.

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Ramiro OyolaEconomía y producción

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