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MIÉ, 23 SEPT 2026
Turismo

Cayo Ambergris: el Caribe beliceño que se recorre a pie, en carrito de golf y sobre el agua

A 15 minutos en avioneta o una hora y media en ferry desde Ciudad de Belice, San Pedro combina un casco chico con excursiones a la Reserva de Hol Chan, el Gran Agujero Azul y la barrera coralina declarada Patrimonio Mundial por la Unesco.

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Ana Paula CarrizoTurismo y ambiente · 23 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

A poco más de una hora y media en ferry o apenas quince minutos en avioneta desde Ciudad de Belice, la localidad de San Pedro aparece como el principal punto de apoyo para conocer el Cayo Ambergris, una franja de arena caribeña del tamaño de una ciudad mediana que oficia de frontera natural entre el mar y la laguna. La escritora Ana Paula Carrizo, editora de la sección Turismo y ambiente, describe al destino como una combinación singular entre pueblo caminable, transporte lento y aventuras de profundidad en el segundo sistema arrecifal más grande del hemisferio occidental.

Cómo llegar y cómo moverse

El punto de partida obligado es Ciudad de Belice, la capital, distante unos 330 kilómetros al sureste de la ciudad de Mérida y conectada desde Buenos Aires mediante vuelos de Copa Airlines con escala en el aeropuerto de Tocumen, en Panamá. Desde allí, la aerolínea regional Tropic Air cubre el tramo final hasta San Pedro en aeronaves de catorce pasajeros, mientras que los taxis acuáticos y los ferries completan el acercamiento por agua con horarios que se ajustan a la marea. Una vez en tierra, la localidad prescinde del automóvil: el tránsito se resuelve con carritos de golf que avanzan por calles de arena, una rareza logística que la redactoraCarrizo describe como parte del encanto y que vuelve al casco urbano fácilmente recorr a pie, con la brisa del Caribe como única compañía.

El pueblo, los locales y la vida en la calle

El centro de San Pedro se extiende en un puñado de manzanas donde conviven alojamientos pequeños, bares con hamacas, tiendas de artesanías mayas y puestos de comida callejera. En esa trama breve se cruzan tanto los turistas que parten temprano hacia los arrecifes como los pescadores locales que regresan con la captura del día, y la coexistencia se sostiene, según la autora, con códigos amables y un ritmo deliberadamente lento. El idioma oficial es el inglés, herencia colonial británica, aunque en las veredas se escucha el criollo beliceño y, en los menús, el español de los vecinos guatemaltecos y mexicanos.

Las excursiones en el mar: Hol Chan y Shark Ray Alley

La excursión más demandada es la navegación hacia la Reserva Marina de Hol Chan y el canal conocido como Shark Ray Alley, protegidos desde 1987 y ubicados a unos pocos kilómetros al sur del embarcadero. En aguas de poca profundidad, los visitantes practican snorkel sobre praderas de esponjas, tortugas carey, meros, barracudas y cardúmenes de peces loro, mientras que en el canal vecino los tiburones nodriza se acercan a los barcos atraídos por los restos de pescado que dejan los pescadores, un espectáculo que Carrizo describe como tenso y educativo a la vez. Con frecuencia, agrega la cronista, los delfines nariz de botella atraviesan la zona y ofrecen saltos visibles desde la cubierta de las lanchas.

La barrera coralina y el Agujero Azul

La Barrera de Coral de Belice se extiende unos 300 kilómetros a lo largo de la costa, conforma el tramo austral del Sistema Arrecifal Mesoamericano y fue declarada Patrimonio Mundial por la Unesco en 1996. Su laguna interior atenúa el oleaje y cobija manglares, pastos marinos y colonias de coral que sustentan la pesca artesanal y el turismo de buceo. A unas cuarenta millas náuticas mar adentro se abre el Gran Agujero Azul, una sima submarina de 300 metros de diámetro y 124 metros de profundidad, rodeada por un anillo de coral y famosa por sus estalactitas y estalagmitas sumergidas. Para visitarlo existen dos modalidades: inmersiones con certificación avanzada, aptas para observar las paredes verticales y las formaciones calcáreas, y sobrevuelos escénicos en avioneta que permiten contemplar la circunferencia perfecta del cráter desde el aire.

Playas, sabores y atardeceres

En el lado opuesto de la isla, separado del pueblo por una lengua de manglar, se encuentra Secret Beach, una bahía de arena blanca y agua turquesa donde la oferta de playa se completa con seis establecimientos gastronómicos que, entre las 17 y las 20, sirven preparaciones típicas como camarones salteados con salsa de coco, ceviches de corvina, empanadas rellenas de pescado frito y los populares fry jacks, unas masas fritas esponjosas que la autora compara con las tortas fritas del Río de la Plata. El cierre de la jornada suele darse en los muelles del centro, donde el sol cae detrás del horizonte y la temperatura desciende a valores agradables incluso en los meses más cálidos.

Información práctica para el viajero

  • Moneda oficial: dólar beliceño, equiparado con el dólar estadounidense, aceptado en casi todo el territorio.
  • Idioma: inglés es la lengua oficial; en zonas turísticas se entiende el español.
  • Mejor época: la estación seca, de noviembre a abril, coincide con menor lluvia y mayor visibilidad submarina.
  • Documentación: se requiere pasaporte con al menos seis meses de vigencia; muchos países americanos no necesitan visa.
  • Transporte interno: carritos de golf, bicicletas y, para distancias mayores, avionetas regionales.
  • Actividades recomendadas: snorkel en Hol Chan, buceo en el Gran Agujero Azul y jornada de playa en Secret Beach.
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Ana Paula CarrizoTurismo y ambiente

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