ViveRo, un homenaje que todavía levanta polvo (y no precisamente del escenario)
A seis años del tributo a Romina Yan en el Gran Rex, Gustavo Yankelevich salió a marcar la cancha sobre la presencia de Darío Giordano aquella noche y contó cómo se enteró de la situación de sus nietos.
Hay escenas que uno cree tener archivadas en el cajón de los recuerdos y, de golpe, una filmina en Whatsapp te las revuelve enteritas. Eso fue lo que le pasó a más de uno con el homenaje ViveRo a Romina Yan, aquella noche de septiembre de 2018 en el Teatro Gran Rex que, según cómo se mire, fue un cumpleaños feliz con público de pie o el principio de un culebrón que todavía no terminó de escribirse. El nombre propio que volvió a quedar bajo la lupa es el de Darío Giordano, el padre de Franco, Valentín y Azul, los tres hijos de la actriz fallecida en 2010.
Giordano no estaba invitado: iba a su hija menor
Así lo dejó clarito Gustavo Yankelevich, productor del espectáculo y abuelo de los chicos, que salió a responderles a los que en redes se preguntaban qué hacía el pelado aquel hablando con los móviles como si nada. "Leí que algunos preguntan para qué lo invitamos. Nadie lo invitó", tiró, y agregó: "Darío, en lugar de mandarla con otra persona, fue él. La llevó, la esperó y entonces dio la nota". La "nota" a la que se refiere es la charla con la prensa que se viralizó en estos días, donde Giordano se explayó sobre la relación con sus hijos.
La explicación cierra con la lógica del padre que no quiere soltar a la hija menor: Azul tenía su participación artística en el show y a alguien le tocaba llevarla. La llevaron. Punto. (Lo que pasó después con el micrófono ya es harina de otro costal.)
Cuando la fiesta se cortó sola
Lo que Yankelevich contó después es lo que le puso peso al asunto. Sostuvo que Giordano habló "como si los chicos hubieran estado felices viviendo con él", algo que al productor le sigue sonando inverosímil, sobre todo porque para esa fecha Franco y Valentín ya llevaban tres años bajo su cuidado. Es decir: el señor que esa noche se llenó la boca hablando de la familia feliz llevaba un buen rato sin vivir el día a día con los varones.
El propio Yankelevich recordó el momento bisagra: un mensaje de la productora Cris Morena fue el que encendió la primera alerta. "Está pasando algo raro, prestale atención a los chicos", le escribió. Pocos días después, Franco le pidió ir a vivir con él. Cuando le preguntaron por qué, el adolescente le contó que su padre le había pegado apenas se enteró del pedido. Versión del abuelo, ojo, vertida en sus propias declaraciones.
Por qué recién ahora, los tiempos del silencio
Yankelevich explicó que durante años optaron por no hacer pública la situación para no entorpecer la pelea judicial. "Si mediatizábamos este tema, los nenes no iban a lograr su objetivo, que era que me pudieran dar la tenencia a mí", admitió. Una vez radicada la denuncia y con la Justicia moviéndose, la película cambió de canal y los chicos quedaron formalmente a cargo del abuelo.
Mientras tanto, en el escenario del Gran Rex cantaban Lali Espósito, Abel Pintos, Luciano Pereyra, Patricia Sosa y un puñado más, con Telefe transmitiendo en vivo y una pantalla gigante montada en Diagonal Norte para que nadie se perdiera el cumpleaños 44 que Romina Yan habría cumplido. La postal, para los que la vieron en su momento, fue emocionante. Hojeándola desde hoy, se entiende que la emoción convivía con una herida que todavía no había terminado de abrirse.
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