Silver Pines: un pueblo donde cada puerta cerrada es una provocación
El nuevo título indie mezcla terror, investigación y estructura metroidvania en escenarios 2.5D. Red Walker llega a buscar a un músico desaparecido y termina enfrentándose a algo mucho más turbio. Acá te cuento por qué este juego merece tu atención.
Hay algo que me fascina de los pueblos chicos en los videojuegos: siempre parecen un decorado apacible hasta que te das cuenta de que la mitad de las puertas están cerradas con llave y la otra mitad esconden criaturas que quieren arrancarte la cabeza. Silver Pines arranca exactamente así, con esa tranquilidad engañosa que en el fondo te está diciendo 'amigo, preparate'. El juego nos pone en la piel de Red Walker, un investigador privado que llega hasta esta localidad siguiendo el rastro de Eddie Velvet, un músico que se aloja en el pueblo y del que, por algún motivo, nadie parece querer hablar demasiado. ¿Suena a lugar agradable para pasar las vacaciones de invierno? No, no suena en absoluto.
Lo que me enganchó desde el primer momento es la estructura. Silver Pines no es un survival horror lineal de esos donde vas del punto A al punto B rezando para que no se te acabe la munición. Acá el pueblo se recorre en desplazamiento lateral, con escenarios en 2.5D que mezclan cafeterías, tiendas, túneles abandonados y casas que parecen salidas de una postal de los años cincuenta con el filtro de Instagram equivocado. La movida es tipo metroidvania: hay zonas a las que no podés entrar al principio, objetos que recogés y no sabés bien para qué sirven, y esa sensación agridulce de volver sobre tus pasos cuando finalmente conseguís la llave o el código que te faltaba.
La importancia de mirar dos veces
Acá va una de las claves del juego, y aviso que es donde más me identifico con la propuesta: la observación obsesiva. Silver Pines te obliga a registrar cada puerta cerrada, cada nota dejada en una mesa, cada pared donde parece haber algo raro. Encontrar un objeto no significa que lo puedas usar de inmediato; a veces su función aparece mucho después, cuando una charla con un personaje o una pista nueva te ilumina lo que tenías delante de las narices. Es esa dinámica de 'ay, ahora entiendo', que a mí me recuerda a cuando uno de chico juntaba figuritas y no sabía el valor que iban a tener veinte años después.
(Y ojo, que los combates también existen. El pueblo tiene sus zonas más oscuras con criaturas de lo más extrañas y algún que otro jefe que te va a hacer transpirar la camiseta. Manejar la munición y los suministros es parte del juego, no un trámite: cada bala cuenta, y cada decisión de gastar o guardar pesa. Igual que en la vida misma, donde uno siempre duda si gastar los últimos pesos en un alfajor o reservarlos por si las dudas.)
- Investigación noir con un músico desaparecido como hilo conductor.
- Estructura metroidvania con exploración lateral 2.5D y regreso a zonas anteriores.
- Sistema de llaves, códigos y objetos que se desbloquean con el tiempo.
- Combates contra criaturas y jefes en las áreas más oscuras.
- Gestión de recursos: la munición y los suministros no sobran.
- Máquinas expendedoras donde guardar partida y comprar lo necesario para seguir.
Hay un detalle que me parece clave y que quiero destacar: el dinero que uno va juntando no es un número que sube en una esquinita para sentirse poderoso. Acá sirve para algo concreto, que es guardar el progreso y comprar provisiones en máquinas expendedoras que están repartidas por el pueblo. Algunas de esas máquinas también ofrecen llaves, lo cual te obliga a tomar decisiones medio filosóficas tipo ¿gasto ahora en curarme o me banco y ahorro para abrir esa puerta que me viene volviendo loco desde hace tres horas? Esas decisiones chiquitas son las que hacen que Silver Pines se sienta vivo.
¿Por qué vale la pena jugarlo?
Silver Pines es de esos juegos que le hablan a una generación de jugadores que crecieron con el Metroid de la Game Boy, con el Castlevania de la Super Nintendo, con esa idea hermosa de que un mapa no es solo un lugar para atravesar sino un rompecabezas para resolver con paciencia. Y al mismo tiempo le habla al público del survival horror, el que quiere tensión, atmósfera y esos sustos que no son gratis sino ganados a fuerza de jugar bien. La investigación se va revelando de a poco, y mientras más avanzás, más se enredan las cosas: aparecen pistas sobre Red Walker mismo, sobre el pueblo, sobre Eddie Velvet, y sobre algo más grande que todavía no quiero spoilear acá.
Si tuviera que recomendarlo con una sola frase, diría lo siguiente: jueguen Silver Pines en una noche de lluvia, con auriculares puestos, una taza de té al lado y la voluntad de no dormir hasta terminarlo. Es uno de esos títulos que te recuerdan por qué nos enganchamos con los videojuegos en primer lugar: por esa mezcla de desafío, misterio y descubrimiento que no te la regala nadie. Y hablando de no dormir, a mí ya me agarró la tentación de volver a jugarlo, así que ya saben: cuando lo prueben, no se hagan los valientes y jueguen de día si están solos en la casa.
“Volver sobre los pasos del personaje para descubrir lo que antes no se veía: esa es la gran invitación de Silver Pines.”Gonzalo Bazán, Cultura y espectáculos
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