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DOM, 27 SEPT 2026
Entretenimiento

Resident Evil según Cregger: cuando el cine le roba la cámara al joystick

El director estadounidense convirtió la última entrega de la saga en una experiencia que se juega con los ojos: movimientos heredados del videojuego, planos que respiran como un control en la mano y un humor negro que convive con los zombis. Un paseo por la trastienda visual de una película pensada para quienes todavía se acuerdan de apretar R para recargar.

GB
Gonzalo BazánCultura y espectáculos · 27 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

(Aclaro antes de que alguien se enoje: yo jugué Resident Evil 4 en un GameCube prestado, a las tres de la mañana, con el volumen tan bajo que mi vieja pensaba que estaba estudiando. Así que cuando me senté a ver esta película de Zach Cregger, algo me hizo tilín: por primera vez en años, una pantalla grande me hizo sentir que tenía un joystick en la mano.) Bryan avanza por una avenida y los zombis caen desde los balcones como langostas en pleno enero. Cuando él mira hacia arriba, la cámara gira con él; cuando él gira la cabeza, la cámara lo sigue como un compañero de mudanza demasiado atento. Esa decisión, menor, es en realidad el corazón de todo: organizar la acción alrededor de lo que el protagonista ve y de cómo se mueve, exactamente como uno haría con un pad entre las palmas.

La película combina terror con comedia física y se aleja a las patadas de las tramas y los personajes clásicos de Capcom. Cregger dijo, mientras la promocionaba, que su idea era trasladar al cine las sensaciones y las mecánicas del videojuego sin reproducir sus argumentos. Una manera elegante de decir: no vengan por Leon ni por Jill, vengan por la experiencia. Y vaya si la experiencia está.

La cámara como joystick

Para construir ese enfoque, Cregger se juntó con Dariusz Wolski, un director de fotografía curtido en las cuatro primeras Piratas del Caribe y en varias películas con Ridley Scott. Juntos apostaron por lentes angulares y por tomas que siguen a Bryan desde atrás, por encima del hombro: una perspectiva que suena conocida para cualquiera que haya sobrevivido a Resident Evil 4 o a cualquiera de las entregas posteriores. No es un capricho estético: cuando uno juega, el mundo se revela a medida que el personaje gira la cabeza. Acá pasa lo mismo, pero sin tener que apretar el stick derecho.

(Mientras escribo esto, no puedo evitar pensar en esa zamba que dice “cuando me quedo solo en la pieza, los fantasmas me vienen a ver”. Spoiler: los fantasmas de esta película también vienen, pero con cara de no haberse duchado en semanas.)

  • Lentes angulares para ampliar el campo de visión del personaje y del espectador.
  • Tomas por encima del hombro que replican la cámara típica de los juegos en tercera persona.
  • Cortes de montaje que muestran los sectores que Bryan mira después de salir de las alcantarillas, como si uno estuviera eligiendo el próximo objetivo.
  • Planos detalle de sus reacciones y tomas subjetivas desde su punto de vista, para que la empatía no se quede en la butaca de al lado.
  • Cámaras Sony Venice 2 con el sistema RIALTO, que separan el sensor del cuerpo del equipo y permiten moverse en pasillos estrechos con la agilidad de un personaje digital.

El resultado es una película que se entiende mejor con el cuerpo que con el manual de instrucciones. Hay planos que se quedan fijos y dejan que el montaje haga el trabajo del joystick: después de que Bryan sale de las alcantarillas, los cortes van marcando los sectores que él mira y permiten adivinar su próximo movimiento, igual que cuando uno escanea un escenario buscando munición. Otras veces, la cámara se pega a la nuca del protagonista y lo sigue como una sombra obediente.

Si te gustan los zombis con diálogo de WhatsApp, las persecuciones por pasillos que parecen infinitos y la sensación de que el encuadre te está convidando un trago, agendala: Resident Evil, de Zach Cregger, ya está en cartel. Y si te la perdés en el cine, no te quejes: jugarla en el sillón, aunque sea con los ojos, sigue siendo mejor plan que mirar el techo.

GB
Gonzalo BazánCultura y espectáculos

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