Lo que arrastramos en el calzado: un camino directo entre la calle y el living
Especialistas de Cleveland Clinic recomiendan dejar los zapatos junto a la entrada y limpiar los pisos con métodos húmedos para limitar el ingreso de polvo con metales, restos de pesticidas, polen y bacterias. La medida cobra especial relevancia donde hay bebés y niños pequeños, aunque encontrar microorganismos en las suelas no implica que vayan a provocar una infección.
A Marta le cambió la costumbre una tarde de domingo, mientras barría el pasillo y se topaba por tercera vez con la misma franja de tierra oscura que iba desde la puerta hasta la cocina. Yo la vi pasar el trapo de un lado al otro, fastidiada, y le pregunté de dónde venía tanta mugre. Ella me miró con esa expresión de quien recién cae en algo elemental y me dijo: "De los zapatos, Valeria. Siempre entra por los zapatos". A partir de ese día puso una bandeja en la entrada, les pidió a sus hijos que se sacaran las zapatillas al llegar y empezó a pasar un paño húmedo por el piso en lugar de la escoba seca. Lo que en su casa empezó como una pelea contra la tierra tiene ahora una explicación más amplia: las suelas pueden arrastrar hasta los ambientes interiores partículas que vienen de la vereda, del transporte, de los baños públicos o del jardín, y no siempre se trata de polvo inofensivo.
Qué pueden llegar a traer las suelas
El médico internista Daniel Sullivan, de Cleveland Clinic, lo resume con una frase que me quedó dando vueltas: lo que se pega al calzado no es solo lo que se ve. Después de pisar veredas, colectivos, baños públicos o espacios verdes, las suelas pueden cargar tierra, restos orgánicos y sustancias químicas que después se desprenden sobre los pisos y las alfombras de la casa.
- Polvo con plomo, que puede desprenderse de pinturas antiguas deterioradas y dañar el cerebro, el sistema nervioso y otros órganos, sobre todo en bebés y chicos que juegan en el suelo y se llevan las manos a la boca.
- Compuestos conocidos como PFAS, sustancias persistentes en el ambiente y en el cuerpo humano.
- Residuos de fertilizantes, insecticidas y pesticidas, aunque no se hayan aplicado en el jardín propio.
- Polen, que trasladado al interior puede empeorar los cuadros alérgicos.
- Bacterias, cuya presencia no equivale por sí misma a una infección pero suma una vía de ingreso que se puede limitar.
Un análisis de datos del programa DustSafe, con muestras recogidas en 35 países, encontró arsénico, cromo y níquel en polvo doméstico y observó una asociación entre las viviendas más antiguas y concentraciones más altas de plomo y arsénico. El mismo trabajo vio que tener acceso a jardines se relaciona con niveles mayores de esos dos elementos, algo que tiene lógica cuando uno piensa en la cantidad de veces que la suela pisa pasto, tierra tratada o restos de productos de jardinería antes de volver al living.
Qué hacer en la entrada y en el resto de la casa
La propuesta de Cleveland Clinic que yo tomé como propia después de escuchar a Sullivan es bastante concreta y se puede armar sin grandes cambios. La idea es reservar un sector junto a la puerta para dejar el calzado, colocar una alfombra de entrada que funcione como primer filtro y limpiar los pisos con métodos húmedos, es decir, con trapo o mopa húmeda, en lugar de sacudir en seco, que es justamente la manera de volver a levantar al aire todo lo que se había depositado.
Para las personas que necesitan apoyo al caminar, Sullivan sugiere algo que me parece muy atendible y que vale la pena repetir: tener otro par reservado para usar dentro de la casa cuando una condición de salud requiere estabilidad, soporte o tracción. No se trata de un capricho estético, sino de una manera de sostener la autonomía sin resignar el resto de los cuidados. En mi propia casa, después de una operación de rodilla, mi vieja usó unas pantuflas firmes durante meses y la diferencia se notó, tanto en su seguridad como en el estado del piso.
Conviene tener presente un matiz que a veces se pierde cuando el tema se vuelve tendencia en redes: retirar el calzado en la entrada reduce una vía de ingreso de contaminantes, pero no los elimina por completo. Que aparezcan bacterias en las suelas no significa que vayan a provocar una infección, así como encontrar rastros de plomo o de pesticidas no quiere decir que en cada casa haya un riesgo cierto. Lo que sí hace la medida es achicar el camino que esas partículas recorren entre la calle y, por ejemplo, la manta donde juega un bebé o la mesita donde se apoya la comida.
“Encontrar bacterias en los zapatos no significa que necesariamente vayan a provocar una infección; lo que sí podemos hacer es limitar el ingreso de contaminantes con medidas simples en la entrada y en la limpieza cotidiana.”Daniel Sullivan, médico internista de Cleveland Clinic
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