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LUN, 12 OCT 2026
Vida

La mesa familiar como escuela: cómo el acto de comer en compañía forma la alimentación de los chicos

Un consenso de especialistas argentinos advierte que las comidas compartidas, la variedad en el plato y la presencia de modelos adultos son claves para que niños y adolescentes aprendan a comer bien a lo largo de toda la infancia.

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Valeria YacanteSociedad y vida cotidiana · · lectura 3 min
La mesa familiar como escuela: cómo el acto de comer en compañía forma la alimentación de los chicos

Cuando Mariana se sienta a la mesa con sus tres hijos, lo que parece un simple acto cotidiano se vuelve, según los especialistas en nutrición pediátrica, una de las herramientas más poderosas para enseñarles a comer. No es una cuestión menor: lo que hacen los adultos alrededor del plato, lo que prueban y lo que descartan, se graba en la memoria de los chicos y moldea sus hábitos durante décadas. Esa es, en buena medida, la idea central que llegó a mis manos mientras cubría el 9° Congreso Argentino de Nutrición Pediátrica, organizado por la Sociedad Argentina de Pediatría, donde se presentó el consenso NutreAR, desarrollado por PROFENI (Profesionales Expertos en Nutrición Infantil).

La propuesta, que abarca desde los dos hasta los diecisiete años, pone en primer plano un concepto que los propios especialistas llaman comensalidad: todo aquello que rodea al acto de comer, desde el momento del día en que se comparte la mesa hasta quién está sentado al lado, pasando por las conversaciones que se dan mientras tanto. No alcanza con definir qué alimentos son adecuados para cada edad si no se contempla el contexto en el que esas comidas efectivamente ocurren.

El aprendizaje por imitación, ese motor silencioso

Uno de los puntos más llamativos del consenso es el lugar que ocupa el aprendizaje por imitación. Cuando los chicos ven a sus padres, hermanos, tíos o amigos incorporar alimentos variados a su propia dieta, tienden a ampliar su propio repertorio. Por el contrario, cuando un chico se acostumbra a un menú muy acotado y a su alrededor nadie modela la prueba de cosas nuevas, la selectividad alimentaria se vuelve más difícil de revertir con el paso del tiempo. Por eso los especialistas recomiendan insistir con la oferta de alimentos nuevos y no consolidar rutinas demasiado restringidas, por más cómodo que eso resulte en el día a día.

  • Ofrecer siempre algún plato nuevo, aunque el chico lo rechace varias veces: la repetición es parte del aprendizaje.
  • Evitar consolidar menús demasiado acotados que refuercen la selectividad alimentaria.
  • Sostener al menos una comida compartida por día, preferentemente la cena, que suele ser el momento en que la familia logra coincidir.
  • Recordar que la mesa puede ser de amigos: cenar con pares cumple la misma función que comer con los padres.
  • Prestar atención al uso de pantallas: comer solo frente a una pantalla reduce las oportunidades de construir vínculos en torno a la comida.

La hora de la cena, un momento bisagra

A partir de los catorce o quince años, según detallaron los profesionales que participaron del documento, se intensifica una tendencia que ellos observan con preocupación: los adolescentes se refugian en el cuarto a comer solos, muchas veces frente a una pantalla. Ese desplazamiento, que parece inofensivo, les resta oportunidades concretas de practicar eso que el consenso llama comensalidad. La recomendación concreta que surge del trabajo es mantener al menos una comida diaria compartida, y los propios especialistas reconocen que la cena termina siendo la opción más realista, porque los horarios laborales, escolares y deportivos conspiran contra el almuerzo o el desayuno en familia.

El documento también pone la mirada más allá de la cocina propia. En las escuelas, los comedores con menús planificados con criterios nutricionales y las viandas que llegan desde casa cumplen un papel complementario: amplían el repertorio de los chicos y abren conversaciones sobre la comida que de otro modo no se darían. La comensalidad, en definitiva, no termina cuando se levanta el plato: se extiende a cada espacio donde alguien, chico o grande, se sienta a comer con otros.

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Valeria YacanteSociedad y vida cotidiana

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