La industria textil profundiza su retroceso: producción en mínimos históricos y más de 28.000 puestos de trabajo evaporados desde diciembre de 2023
La Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA) reportó una caída acumulada de 22,6% entre enero y julio de 2026, casi nueve veces superior al promedio industrial. El sector opera al 45,3% de su capacidad instalada y concentra la mitad de los empleos perdidos en la manufactura.
La industria textil argentina atraviesa uno de los peores tramos de su historia reciente. De acuerdo con cifras difundidas por la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), la producción del sector acumuló una caída de 22,6% durante los primeros siete meses de 2026, cuando se la compara con el mismo período del año anterior. La magnitud del retroceso supera en casi nueve veces la contracción promedio del conjunto de la industria manufacturera, lo que ubica al rubro como uno de los segmentos más golpeados dentro del tejido productivo nacional.
Solo en julio, la baja interanual alcanzó 13%, según el relevamiento de la entidad empresaria. El segmento más comprometido fue el de tejidos y acabados, que acumula una disminución de 35,1% en lo que va del año. El cuadro se completa con un dato que describe la profundidad de la crisis: la capacidad instalada del sector se utilizó al 45,3% en el séptimo mes del año, un nivel 12,9 puntos inferior al promedio del resto de la industria, que según los registros industriales alcanzó el 58,2%.
Vamos a los números: empleo, establecimientos y capacidad
- Empleo formal: el complejo textil, confección, cuero y calzado registró 92.531 puestos registrados en junio, con una pérdida mensual de 1.284 trabajadores y una caída interanual de 16.536 puestos.
- Saldo desde diciembre de 2023: el sector acumula 28.322 empleos perdidos, cifra que representa el 50% de los puestos que mensualmente deja de generar la industria en su conjunto, pese a que el rubro explica apenas el 8,4% del empleo industrial total.
- Establecimientos: en junio operaban 4.282 unidades entre textiles y confección, 517 menos que un año atrás; desde diciembre de 2023 cerraron 770 locales, de los cuales el 67% lo hizo en los últimos doce meses.
- Capacidad instalada: la franja de uso oscila entre 30% y 50% desde 2024, cuando hasta 2023 se ubicaba entre 50% y 60%, una merma sensible en el nivel de actividad.
El empresario textil Ricardo Kuchikian, al frente de la firma Cocot Dufour, calificó el momento que atraviesa la actividad como el peor desde la fundación de la empresa, una trayectoria que incluye crisis de hiperinflación y el impacto de la pandemia de COVID-19. En diálogo con el portal, el directivo apuntó que el origen del cuadro se encuentra en la retracción del consumo interno, un fenómeno que, según su mirada, presenta rasgos propios y diferenciados respecto de las crisis previas.
“Con las crisis fuertes que hubo, el consumo nunca disminuyó a los niveles que ha disminuido en este momento, por lo menos en el área textil. En todas esas, se salió adelante en corto tiempo.”Ricardo Kuchikian, titular de Cocot Dufour
El diagnóstico empresario introduce un punto clave para dimensionar el fenómeno: la velocidad de recuperación. En las crisis anteriores, expuso Kuchikian, el sector encontró mecanismos de salida en plazos relativamente cortos. En la actual, agregó, esa recuperación todavía no apareció. La diferencia no es menor en un rubro históricamente dependiente de la dinámica del salario real y de la sustitución de importaciones.
Kuchikian describió además los límites que enfrenta la gestión interna para compensar la caída de la demanda. Cuando no hay consumo, señaló, las empresas pueden crear y experimentar con productos, pero el resultado tiende a quedar plano en términos de facturación. En esa línea, planteó la necesidad de ajustar la producción a lo que los costos permitan sostener como ecuación viable, una descripción que pone de relieve la pérdida de margen de maniobra de las firmas del sector.
Lo que falta saber es si el Gobierno implementará medidas específicas para aliviar la situación del rubro, qué política cambiaria y arancelaria regirá en los próximos meses y de qué manera se desarrollará la temporada primavera-verano, tradicionalmente la más relevante para el consumo textil. Esos tres factores aparecen, en la lectura del sector, como las variables pendientes para intentar revertir un cuadro que ya supera en severidad a las crisis de las últimas décadas.
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