Humboldt, el basset hound que se detuvo en medio del bosque y le cambió la mirada a su dueño
En Villa La Angostura, un perro de dos años entrenado por una familia se convirtió en pieza clave para que guardaparques y científicos rastreen fauna silvestre en la Patagonia, desde huillines hasta pumas.
Me lo contaba Alex Tersoglio mientras caminábamos por el living de su casa en Villa La Angostura y Humboldt, el basset hound de dos años que protagoniza esta historia, dormía a nuestros pies con esa placidez que sólo tienen los perros que saben que, después de la siesta, va a venir un trabajo serio. Lo serio, en su caso, no tiene nada que ver con lo que uno imagina para un perro: Humboldt se para en medio del bosque patagónico, baja la nariz al piso, se queda quieto en un punto donde a simple vista no hay absolutamente nada y, sin ladrar, sin moverse, busca con los ojos a Alex. Esa mirada, me dijo su dueño, vale más que cualquier GPS.
Lo que hace este animal forma parte de un trabajo de conservación que la familia Tersoglio lleva adelante de manera voluntaria junto a investigadores, científicos y guardaparques de varios parques nacionales del sur argentino. Alex me explicó que la idea es aprovechar el olfato del perro para detectar presencia o ausencia de especies sin necesidad de verlas, algo especialmente útil cuando se trata de animales elusivos como el huillín, el huemul, el gato huiña, el gato montés o el puma, y que también sirve para identificar especies invasoras como el visón.
Una marcación silenciosa que se aprende
Lo que más me llamó la atención de la charla fue la forma en que Humboldt avisa cuando encuentra algo. Alex me contó que la marcación es pasiva: el perro se sienta, apunta con el hocico y sostiene el contacto visual con él. Si el lugar exacto es difícil de precisar, recibe la orden show me y vuelve a acercar la nariz al punto preciso. Y acá viene un detalle que me parece de esos que muestran hasta dónde llega el entrenamiento: en zonas con muchas piedras o espinas, donde no puede sentarse, Humboldt se queda parado e inmóvil y repite el gesto sólo con la mirada. Es, me decía Alex, como un diálogo sin palabras.
- Detecta rastros de fauna silvestre a partir de pequeñas moléculas de olor presentes en materia fecal, imperceptibles para una persona.
- Trabaja en proyectos del Parque Nacional Nahuel Huapi enfocados en la protección del huillín.
- Participa en investigaciones sobre carnívoros como el gato huiña, el gato montés y el puma.
- Colabora con tareas vinculadas al Parque Nacional Lanín.
- El Parque Nacional Los Alerces mostró interés en sumarlo a trabajos sobre huemul y huillín.
- Está siendo entrenado para reconocer un parásito que afecta a peces nativos de la región.
De todas las cosas que me llevó Alex durante la conversación, una me quedó dando vueltas: el desafío más reciente es también el más pequeño. Humboldt está siendo entrenado para detectar un parásito que afecta a peces nativos de la zona, y la primera etapa consiste en comprobar si puede identificar su presencia en el agua; si lo logra, el paso siguiente será ver si puede reconocerlo dentro del propio caracol que lo hospeda. Si eso funciona, me dijo Alex con una mezcla de orgullo y de cautela, el olfato del perro podría ahorrarles a los investigadores buena parte del trabajo de laboratorio.
Le pregunté, casi sobre el final, qué era lo más lindo de trabajar así con un animal, y antes de contestarme miró a Humboldt, que ya había abierto un ojo y nos observaba desde el piso. "Lo más lindo es que él no entiende que está haciendo ciencia", me dijo Alex, "lo hace porque le gusta, porque lo entrenamos con juego, y eso es lo que vuelve a todo esto posible". Esa frase, simple y de andar por casa, me pareció la mejor forma de cerrar la tarde.
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