El Rey cambió de corona y los Sixers ya paladearon la primera derrota
LeBron James se puso la 23 de Philadelphia en el Barclays Center, jugó un primer tiempo para el recuerdo y vio cómo los Nets le arruinaron la fiesta en el tercer cuarto. Brown, Maxey y Embiid lo acompañaron, pero el banco quedó corto y cayó 114-108.
El Rey se calzó la camiseta número 23 de los Sixers, la sostuvo con las dos manos como si fuera un trofeo y salió a la cancha del Barclays Center con esa sonrisa que ya es patrimonio del básquet mundial. Del otro lado, los Nets, que también están armando su propio Destino Manifiesto con Randle a la cabeza, le aguaron la noche: 114-108 abajo para Philadelphia en lo que, aclaremos, fue apenas un amistoso de pretemporada. Pero vayamos a lo que importa: a los 41 años, LeBron volvió a vestirse de estreno.
Dieciocho minutos que alcanzaron para el asombro
Nick Nurse le dosificó los minutos como corresponde cuando todavía no se gana nada, y LeBron respondió con un primer tiempo de manual: 18 minutos en cancha, 10 puntos (una bandeja y ocho libres), 5, 4 rebotes y un robo que levantaron a la tribuna. No fue un número estratosférico, claro, pero para un veterano que ya lleva más inviernos que cualquier base en actividad, el mensaje fue otro: acá vengo a competir, no a hacer girar la camiseta.
Al descanso, Philadelphia se iba arriba 58-56 con la bandera de la ilusión flameando. Brown fue el máximo artillero de los Sixers con 18 tantos, Maxey agregó 14 con su habitual vértigo y Embiid, todavía en modo ahorro de energía, cerró con 6 puntos, 3 rebotes y 3. Tres nombres para un equipo que sueña con todo.
El banco entró y la ilusión se pinchó
El problema de los equipos candidatos siempre es el mismo: cuando los titulares se sientan, ¿quién sostiene la diferencia? Acá no hubo respuestas. Brooklyn metió un parcial demoledor de 37-23 en el tercer cuarto, Randle se destapó con 14 puntos y el rookie Igor Demin, del que se viene hablando fuerte en la previa, aportó otros 13 para terminar de sellar el 114-108 definitivo. La frase que bajó desde las gradas lo dijo todo, casi con resignación: "Con la de suplentes que tenemos, esto va a ser una lotería cada noche".
Mirando el vaso medio lleno, LeBron mostró que todavía puede convivir con Embiid en una misma quinteto, algo que en Cleveland o Los Angeles nunca terminó de cuajar como se esperaba. Si esa sociedad química se sostiene durante la temporada regular, los Sixers pasan de candidato firme a candidato serio. Pero falta mucho, y el banco, como se vio anoche, todavía suspira.
Lo que viene en la agenda: el próximo desafío es el sábado a las 21:00 hora argentina frente a unos Celtics que nunca regalaron nada en su historia, y el debut oficial será el 20 de octubre ante los Knicks, los actuales monarcas de la NBA. Ahí sí valen los puntos, ahí sí valen los títulos. La pretemporada, como decía mi viejo chaqueño, es sólo el ensayo general: el show de verdad empieza después. ¿Y vos, te imaginás a LeBron levantando un anillo con la camiseta de los Sixers? Dejá tu opinión en los comentarios.
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