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LUN, 14 SEPT 2026
Vida

Dermatitis atópica: cuando la piel pica y el bolsillo no aguanta

Un relevamiento de la Asociación Civil para el Enfermo de Psoriasis advierte que casi la mitad de los pacientes posterga o suspende sus consultas por motivos económicos. La picazón crónica no distingue horarios ni edades, y sostener el tratamiento se volvió el principal desafío.

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Valeria YacanteSociedad y vida cotidiana · 14 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Me lo cuenta Mariana mientras se frota los brazos, casi sin darse cuenta, sentada en una sala de espera del centro porteño donde la dermatitis atopic la acompaña desde los seis años. Tiene 34, trabaja en administración y hace algunos meses dejó de comprar la crema que le habían indicado porque el precio se le fue del presupuesto. No es la primera vez que recorta gastos en su tratamiento ni va a ser la última, me dice, con esa mezcla de resignación y bronca que se repite en muchas de las consultas que relevan las asociaciones de pacientes.

La dermatitis atopic es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel cuyo síntoma más incapacitante es la picazón persistente. No tiene cura, pero se puede controlar. El problema, según quedó plasmado en un relevamiento de la Asociación Civil para el Enfermo de Psoriasis (AEPSO) entre pacientes y cuidadores, es que cada vez más personas dejan de intentarlo. El 48,5 por ciento postergó o suspendió consultas médicas en los últimos seis meses por motivos económicos; el 44,8 por ciento tuvo dificultades para acceder a los medicamentos indicados y el 37,3 por ciento directamente redujo o dejó de comprarlos por falta de recursos. Cerca de dos de cada diez personas no seguía el tratamiento prescripto, principalmente por las mismas razones.

Una enfermedad que no avisa y no descansa

La enfermedad afecta al menos al 10 por ciento de los niños y adolescentes en Argentina. Aunque es más frecuente en la primera infancia, puede comenzar a cualquier edad, y en aproximadamente tres de cada diez casos persiste durante la adultez. Las lesiones aparecen en la cara, el cuero cabelludo, las orejas, el dorso de las manos y distintas zonas de los brazos y las piernas. Su evolución alterna brotes con períodos de remisión, lo que exige controles y cuidados sostenidos en el tiempo.

  • El 63,4 por ciento de los participantes reportó alteraciones en la calidad del sueño.
  • El 61,9 por ciento debió modificar su rutina cotidiana.
  • El 56,7 por ciento dijo que la enfermedad afectó su calidad de vida en términos generales.
  • Quienes sufren picazón crónica e intense presentan tres veces más probabilidades de desarrollar depresión y el doble de sufrir ansiedad.
“El picor no deja dormir, ni permite la vida social, el trabajo, la escuela, baja la autoestima y complica tremendamente la dinámica familiar. Afecta la vida las 24 horas.”Silvia Fernández Barrio, presidenta de AEPSO

Para los especialistas, el diagnóstico temprano es la llave que permite ajustar el tratamiento a las características de cada paciente. Como me explicó la dermatóloga pediatra Paula Luna, la detección a tiempo posibilita implementar un esquema personalizado, algo clave cuando la enfermedad puede empezar en la infancia y arrastrarse durante décadas. En los casos más severos, las opciones terapéuticas se ampliaron en los últimos años con nuevas moléculas que actúan sobre los mecanismos inflamatorios de la piel y que muestran buena respuesta en pacientes que no mejoran con los tratamientos tópicos convencionales.

Mariana lo sabe de memoria: cuida su piel como puede, se higieniza con productos suaves, se aplica lo que tiene a mano y evita los desencadenantes que ya aprendió a identificar. Aun así, cada consulta postergada es un paso atrás, y cada crema que no compra le recuerda que sostener el tratamiento sigue siendo, para miles de argentinos, una carrera de obstáculos. Como me dijo antes de despedirse, con la piel todavía irritada y la voz cansada: lo más duro no es la picazón, sino pelear todos los meses para poder tratarla.

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Valeria YacanteSociedad y vida cotidiana

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