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MIÉ, 23 SEPT 2026
Turismo

Comodoro Rivadavia se prepara para una temporada de ballenas sei en el arranque de 2027

La ciudad chubutense, ubicada sobre el golfo San Jorge y a unos mil seiscientos kilómetros de Buenos Aires, articula senderismo, patrimonio petrolero y una agenda marina que se ampliará con el avistaje formal de cetáceos a partir de febrero del próximo año.

AP
Ana Paula CarrizoTurismo y ambiente · 23 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

La ciudad de Comodoro Rivadavia, situada en la costa del golfo San Jorge y cabecera del departamento Escalante, en la provincia de Chubut, se consolida como una de las puertas de ingreso a la Patagonia Central. La urbe, fundada en los albores del siglo XX a partir de la explotación hidrocarburífera, articula en su entorno inmediato un mosaico de paisajes en los que el mar Argentino y la meseta patagónica conviven a escasa distancia, lo que configura una oferta turística diversa para visitantes de cuarenta a sesenta años interesados en recorrer tanto los atractivos naturales como el legado cultural e industrial del sur argentino.

Para planificar un desplazamiento hacia ese punto del litoral chubutense, la conectividad aérea constituye un dato operativo relevante: el aeropuerto local opera más de cincuenta vuelos semanales que vinculan a Comodoro Rivadavia con la ciudad de Buenos Aires, con la provincia de Córdoba y con distintos destinos del corredor patagónico, una frecuencia que facilita la combinación de arribos cortos con estadías prolongadas en la región.

Trekking, meseta y acantilados sobre el golfo

El senderismo encuentra en las adyacencias de la ciudad varias alternativas de relieve. Una de ellas es el Pico Salamanca, una formación de cincocientos setenta y seis metros sobre el nivel del mar que se levanta al norte del ejido urbano. La ascensión, de exigencia moderada a alta, recompensa al visitante con vistas panorámicas del golfo San Jorge, del litoral atlántico y de las estructuras geológicas que recortan el horizonte septentrional. El área admite, además, la práctica de ciclismo y de cabalgatas, así como la realización de actividades acuáticas como kitesurf y windsurf en los sectores costeros habilitados para tales fines.

Otro de los recorridos obligados es el Área Natural Protegida Rocas Coloradas, un sector donde los tonos rojizos y ocres del terreno aparecen junto al mar y configuran un paisaje en el que se conjugan formaciones geológicas singulares, restos de bosques petrificados de varios millones de años de antigüedad y puntos de concentración de fauna silvestre. La visita permite al viajero tomar contacto directo con la transición entre la estepa y el litoral, una característica distintiva de la Patagonia Central.

Ballenas sei, lobos marinos y una estación náutica renovada

Para quienes proyecten un viaje a Comodoro Rivadavia en el primer trimestre de dos mil veintisiete, el mes de febrero traerá consigo el comienzo formal de la temporada de avistaje de ballenas sei, una especie oceánica que se aproxima al litoral chubutense hasta una distancia aproximada de dos millas de la costa. La novedad se sumará a la oferta marina ya existente, que incluye salidas para la práctica de esnórquel y buceo con lobos marinos en sitios ubicados a una breve navegación de la costanera céntrica. La ciudad cuenta, además, con una estación náutica de reciente incorporación que ordena y jerarquiza las actividades vinculadas con el mar.

Gastronomía patagónica y memoria del petróleo

La mesa local ofrece una paleta de productos vinculados con la identidad regional. El cordero patagónico, el guanaco y los frutos del mar —entre ellos los langostinos extraídos del golfo San Jorge y la centolla que abastecen los pescadores artesanales del entorno— componen una base a la que se suman platos elaborados con algas locales y propuestas de coctelería de autor. Iniciativas como Festín de Sabores dan espacio a esa producción y funcionan como vitrina para los elaboradores de la zona.

El recorrido urbano, en tanto, permite acercarse a la dimensión histórica del destino: el descubrimiento petrolero en el Pozo Número 2, a comienzos del siglo veinte, impulsó el asentamiento de empresas operadoras y la conformación de barrios directamente vinculados con esa actividad extractiva. El museo del petróleo conserva y exhibe ese legado industrial, mientras que la herencia inmigrante —particularmente la de origen español, italiano y chileno— tiene presencia sostenida en la trama cultural de la ciudad. El conjunto conforma una alternativa de viaje que combina naturaleza, industria, gastronomía y proyección atlántica, con la próxima temporada de ballenas sei como horizonte inmediato para los organizadores de turismo y los viajeros que proyectan su visita a la Patagonia austral.

AP
Ana Paula CarrizoTurismo y ambiente

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