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MAR, 06 OCT 2026
Vida

Cansancio que no se va, ánimos por el piso y un plato vacío: cuando la salud mental también pasa por la mesa

La psicóloga Kimberley Wilson vuelve a poner el foco en la evaluación nutricional como parte del abordaje psicológico y relativiza los resultados inmediatos de cualquier cambio de hábitos.

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Valeria YacanteSociedad y vida cotidiana · · lectura 3 min
Cansancio que no se va, ánimos por el piso y un plato vacío: cuando la salud mental también pasa por la mesa

A Ana le cuesta levantarse cada mañana. No es pereza, me asegura, sino una especie de niebla que no se disipa ni con café ni con buena voluntad. Hace meses que arrastra un cansancio que los estudios de rutina no logran explicar, la cabeza le pesa como si la llevara llena de arena y los ánimos están en el peor momento del año. Cuando finalmente fue a consultar, terminó hablando de insomnio, de trabajo, de crianza y también, casi como al pasar, de lo poco que come desde que se separó. Esa consulta la dejó pensando, y la encontré exactamente ahí, dándole vueltas a una pregunta que ahora también formula una especialista británica: y si a la salud mental le faltara revisar la despensa, ¿no conviene empezar por ahí?

La psicóloga Kimberley Wilson sostiene que la evaluación de síntomas como el cansancio persistente, la apatía o el ánimo bajo debería incorporar de manera sistemática la revisión de posibles carencias nutricionales, junto con los antecedentes personales, las situaciones de estrés y la calidad del descanso. En su planteo, integrar alimentación, sueño, movimiento, psicoterapia y, cuando haga falta, medicación permite armar un mapa más completo de lo que le pasa a cada paciente.

Una propuesta que no reemplaza nada, pero suma

Wilson aclara que una deficiencia nutricional por sí sola no explica la aparición de un trastorno mental, pero sí puede agravar factores vinculados con el cansancio, la irritabilidad y el bajo estado de ánimo. La idea, según explicó, es investigar posibles déficits cuando los síntomas se vuelven persistentes, sin convertir la dieta en una explicación única ni mucho menos mágica. Una persona con experiencias traumáticas puede necesitar terapia especializada; alguien con anemia o con una alimentación muy restrictiva, en cambio, podría ver cómo parte de sus síntomas mejora al corregir una carencia concreta. La psicoterapia y los medicamentos siguen formando parte del esquema cuando son necesarios.

Entre los nutrientes que la especialista menciona como relevantes para el funcionamiento cerebral aparecen las vitaminas B3 y B12, el zinc, el selenio y los omega-3. Como fuentes alimentarias, recomienda sumar al menos una porción semanal de pescados azules, como sardina, salmón y caballa, y para quienes siguen dietas vegetarianas o veganas sugiere consultar con un profesional sobre alternativas de suplementación.

Qué revisar en la consulta, además del plato

  • Sueño: cantidad, calidad y regularidad de las horas de descanso.
  • Alimentación: frecuencia, variedad y posibles restricciones o déficit de nutrientes clave.
  • Actividad física: presencia de sedentarismo o, por el contrario, exceso sin recuperación.
  • Consumo de sustancias: alcohol, tabaco y otras drogas, incluidos psicofármacos sin indicación profesional.
  • Conflictos personales y laborales: situaciones sostenidas de estrés o violencia que pueden estar sosteniendo los síntomas.

Wilson cuenta que su interés por esta relación se afianzó durante el trabajo que realizó en la prisión de mujeres de Holloway, en Londres, donde observó dificultades de regulación emocional asociadas con carencias alimentarias. También menciona ensayos clínicos aleatorizados realizados en contextos carcelarios que vincularon la administración de micronutrientes con una reducción de los episodios violentos, aunque advierte que esa asociación no permite explicar la totalidad de la conducta de una persona a partir de su dieta.

Sobre los tiempos, la psicóloga es directa: los cambios de hábitos pueden tardar meses en percibirse en el ánimo, y no todos los síntomas desaparecen al incorporar un nutriente o mejorar la alimentación. Por eso, en su planteo, la evaluación nutricional funciona como una pieza más dentro de un abordaje integral y no como una solución aislada para el sufrimiento psicológico. Como me dijo casi cerrando la charla, la cabeza no trabaja sola, trabaja con todo lo demás, y a veces hay que empezar por revisar lo más básico antes de buscar respuestas en los lugares más complejos.

VY
Valeria YacanteSociedad y vida cotidiana

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