Una ventana abierta al futuro de la enfermedad inflamatoria intestinal: las huellas que el cuerpo deja hasta diez años antes
Un equipo internacional identificó cambios en la sangre de personas que años después fueron diagnosticadas con Crohn o colitis ulcerosa. La pista más fuerte apunta al virus de Epstein-Barr, aunque los autores piden cautela: todavía no se puede anticipar quién enfermará.
Soy Valeria Yacante y me crucé con esta historia de una manera bastante particular, mientras revisaba lo que se presentó en el último encuentro de la Sociedad Europea Unida de Gastroenterología. Una investigadora llamada Isabelle en el tema contándome, casi como al pasar, que su grupo había encontrado señales inmunológicas en sangre recogida años antes de que apareciera la enfermedad inflamatoria intestinal. Cuando le pedí que me explicara de qué se trataba, me dijo algo que me quedó dando vueltas: "estamos mirando el pasado para entender el futuro de la gente". Y ahí entendí que había una nota que escribir.
De qué hablamos cuando hablamos de EII
La enfermedad inflamatoria intestinal, esa sigla que los médicos escriben casi de memoria, engloba principalmente dos cuadros: la enfermedad de Crohn, que puede afectar cualquier tramo del aparato digestivo, y la colitis ulcerosa, que se concentra en el colon. Las dos comparten un denominador común: una inflamación persistente que termina lastimando la mucosa, causando dolor abdominal, diarrea, fatiga, pérdida de peso y, en los casos más difíciles, la necesidad de cirugías o tratamientos de por vida.
El problema, como me explicaban los especialistas con los que hablé para preparar esta nota, es que cuando el diagnóstico llega, el daño suele estar muy avanzado. Por eso hace años que la comunidad médica busca algún tipo de marcador que permita encender una luz amarilla mucho antes, cuando todavía hay tiempo de actuar o, al menos, de entender qué está pasando.
El hallazgo: anticuerpos que aparecen una década antes
Lo que publicó la revista Gut y se presentó en la reunión europea es un trabajo enorme en escala y paciencia. Analizaron dos mil muestras de suero de quinientas personas, tomadas a lo largo de años, cuando todavía estaban sanas. De esas quinientas, doscientas terminaron desarrollando Crohn, otras doscientas colitis ulcerosa y cien permanecieron sanas, funcionando como grupo de comparación. Para rastrear anticuerpos usaron una técnica llamada PhIP-Seq, que es capaz de barrer respuestas contra 357 mil fragmentos de proteínas de bacterias, virus, alimentos y componentes del propio cuerpo.
En quienes después enfermaron de Crohn apareció un patrón muy llamativo: una cantidad elevada de anticuerpos contra el virus de Epstein-Barr, el mismo que provoca la mononucleosis, hasta diez años antes del diagnóstico. También se detectaron respuestas más fuertes contra las flagelinas, unas proteínas que tienen ciertas bacterias. Y la cosa no termina ahí: esas señales eran más intensas en las personas que después tuvieron formas complicadas de la enfermedad o con compromiso del final del intestino delgado.
Crohn y colitis ulcerosa: dos caminos inmunológicos diferentes
- En los futuros pacientes con Crohn dominaron los anticuerpos contra el virus de Epstein-Barr y contra flagelinas bacterianas, sobre todo en las formas más severas.
- En los futuros pacientes con colitis ulcerosa el perfil fue otro: anticuerpos contra distintos microorganismos y virus, sumados a autoanticuerpos, entre ellos uno dirigido contra la proteína MADD, ligada a procesos inflamatorios.
- En ambos grupos, la variedad de anticuerpos empezó a crecer alrededor de cuatro años antes del diagnóstico, como si el sistema inmune se estuviera reorganizando en silencio.
- Los autores remarcan que los datos no prueban que una infección provoque la enfermedad, sino que hay cambios inmunológicos que están ahí mucho antes de los primeros síntomas.
Es decir, no estamos frente a una causa comprobada sino frente a una huella. Una especie de firma que el cuerpo va dejando en la sangre y que, si se aprende a leer, podría abrir una puerta enorme. Por ahora, y esto lo subrayan los propios investigadores, ningún médico puede mirar un análisis y decirle a alguien "usted va a desarrollar Crohn en diez años". La ciencia todavía no llegó ahí. Lo que sí quedó claro es que Crohn y colitis ulcerosa, aunque a veces se las mencione como si fueran lo mismo, tienen trayectorias inmunológicas distintas, y eso obliga a pensar en estrategias también distintas.
Por qué importa, más allá del laboratorio
Para el lector de a pie la pregunta obvia es: ¿esto me sirve a mí o a alguien que conozco? La respuesta honesta es que todavía no como herramienta cotidiana, pero sí como horizonte. Si en algún momento se logra armar un panel que, sumado a otros datos clínicos, permita identificar a personas con riesgo elevado, se podría empezar un seguimiento más estrecho, discutir hábitos, antecedentes familiares y, eventualmente, intervenir cuando los primeros signos aparezcan en lugar de esperar a que la inflamación ya haya hecho su trabajo.
La línea de investigación que abre este trabajo apunta justo a eso: a no seguir llegando tarde. En un terreno donde los tratamientos son costosos, largos y a veces insuficientes, poder mirar diez años hacia atrás desde una muestra de sangre no es un dato menor. Es una manera de cambiarle la pregunta a la enfermedad, de correrla del presente y llevarla al momento en que todavía se la puede detener o, al menos, preparar mejor el terreno.
“Estamos mirando el pasado para entender el futuro de la gente.”Isabelle, investigadora del equipo que presentó el estudio
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Corriente Rioja