Adiós a octubre: Netflix barre películas y hay que apurarse a verlas antes de que se vayan
Comedias románticas, dramas judiciales y aventuras fantásticas salen del catálogo argentino. Una guía con lo que vale la pena rescatar antes de que cierren la puerta.
Como dice una vieja vidala norteña, “adiós quiero decirte y no puedo”: uno se encariña con estas películas aunque sean modestitas, y verlas es como reencontrarse con un conocido del barrio después de años.
Suspenso, tribunales y callejones oscuros
El policial y el drama judicial también se llevan lo suyo. Se va el filme donde Gere y Edward Norton defienden a un pibe acusado de matar a un arzobispo (un juicio que vale más releer dos veces que mirar por encima). Se va la historia de Eileen, la empleada de un penal cuya vida se sacude con la llegada de una compañera nueva. Y se va la película de Ridley Scott con Denzel Washington y Russell Crowe, inspirada en el ascenso del narcotraficante Frank Lucas: ahí la actuación de Crowe es de esas que te hacen olvidar el aire acondicionado encendido.
Fantasía, acción y muñecos animados
Para los que gustan de emociones fuertes, se despide una aventura de Kong metido en la Tierra Hueca, el clásico desaguisado de Perseo peleando contra criaturas mitológicas y el cruce entre LeBron James y los Looney Tunes (sí, el básquet y Bugs Bunny en la misma cancha). También se va la tercera entrega de Austin Powers, con más dientes que lógica y más gadgets que un service de electrónica.
El cierre, con historia y artes marciales
Completan la lista la historia del cazatalentos de béisbol encarnado por Clint Eastwood, la de Brad Pitt rejuveneciendo mientras pasan los años (un tema que a mí, cerca de los cincuenta, me toca de cerca) y la película de 2010 con Jaden Smith y Jackie Chan, donde un chico llega a China y termina aprendiendo kung fu a los ponchazos.
Si tuviera que elegir una sola antes de que se acabe el mes, me quedo con la de Ridley Scott: está bien interpretada, está bien narrada y deja pensando. Pero si lo que uno busca es pasar un buen rato sin que el reloj pese, la comedia de Silverstone sigue siendo una pequeña maravilla ochentosa que no envejece (o envejece, justamente, como un buen vino). Apurensé, que octubre no espera.
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