Zverev sacó a flote la muñeca en el desempate y se metió en cuartos del Masters de Shanghái
El alemán se impuso a Bublik en tres sets, con dos tie-breaks y un partido donde el saque del kazajo no alcanzó. Ahora lo espera De Miñaur, que viene con la flecha parada.
El partido se resolvió dos veces en el desempate, pero al final el que festejó fue Zverev. El alemán se cargó a Bublik por 7-6, 4-6 y 7-6 en los octavos del Masters 1000 de Shanghái y ya está entre los ocho mejores. El Sascha mostró los dientes justo cuando hacía falta, en esos metros cuadrados del tie-break donde el tenis se vuelve cuestión de huevos y de muñeca.
Porque el cruce fue raro. Los dos se pararon firmes con el servicio, los dos sacaron a relucir lo mejor de su repertorio, y durante dos sets largos no hubo manera de romper la lógica. Bublik, el kazajo de los tiros raros, firmó 20 aces, cinco más que el alemán, y durante largos pasajes lo tuvo contra las cuerdas. La diferencia estuvo en los detalles menos vistosos: ocho dobles faltas del de Bublik contra apenas una de Zverev, y una cantidad de puntos al resto que terminaron pesando.
Un primer set a pedir de Zverev
El arranque fue palo y palo, como se esperaba. Games largos, respuestas largas, hasta que el tie-break inclinó la balanza para el alemán. Bublik, lejos de caerse, se rearmó en el segundo parcial: más fino en los momentos clave, con la cabeza metida en cada pelota, y se lo llevó 6-4 para que la cosa tuviera que definirse en la tercera.
El set decisivo repitió el libreto. Nadie pudo quebrar con comodidad, ambos bancaron sus turnos de saque y otra vez la historia se escribió desde el 7-6. Ahí, con el polvo ya quemado, Zverev fue el más entero y cerró con la autoridad del que ya sabe lo que es ganar estas instancias.
Lo que viene: De Miñaur, con la flecha parada
Mirá si no es picante lo que se viene. En cuartos lo espera Alex de Miñaur, el Demonio, que dejó en el camino a Khachanov con un sólido 6-3 y 6-4 y viene de cosechar nueve victorias en sus últimos diez partidos. O sea, ritmo, confianza y un rival que no te regala ni un metro de cancha.
La pregunta queda flotando, como esas pelotas que quedan picando en la red hasta que alguien se anima a cruzarla: podrá Zverev bancar el desgaste de dos horas y pico contra un tipo con el motor y el presente que tiene el Demonio, o la-li-li-li lo termina pasando por arriba. Lo que viene, fecha clave del circuito, tiene todos los condimentos para otro cruce de esos que se miran con el ceño fruncido y la cerveza a medio servir.
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