Visión y Ultrón, el reencuentro que Marvel viene postergando hace cinco años
Vuelve el sintezóide más querible del Universo Cinematográfico, pero esta vez parece más perdido que nunca: vive en Edimburgo, no tiene DNI y encima le tiran un mercenario encima. Una serie que divierte, emociona, pero se enrosca en su propia verborragia.
Hay algo casi poético en que el personaje más pensante de Marvel termine, en su regreso a la pantalla, trabajando de barrendero en un pub de Edimburgo. Como si el universo le hubiera dicho al bueno de Visión: "Dejá un rato de salvar el mundo, tomate una pinta, respirá". Pero claro, al universo no le gusta que nadie descanse, y a los cinco minutos ya están tocándole la puerta con malas noticias. VisionQuest, la nueva serie que acaba de desembarcar en Disney+, retoma al sintezóide que Paul Bettany viene cargando desde 2015 y lo encuentra en su versión más existencial: sin recuerdos, sin identidad clara, sirviendo cervezas en Escocia y hablando con un Ultrón adolescente (sí, James Spader está de vuelta) en el consultorio onírico de su cabeza.
La premisa es de las que a mí, confeso, me compran de entrada: un androide con crisis de identidad, un villano empedernido que oficia de Sancho Panza sarcástico y un pibe carterista en Londres al que le vienen flashbacks de una vida ajena. La mezcla promete conflictos filosóficos con chispazos de buddy movie, y en varios momentos lo cumple. Spader, que ya es un spice de la casa, le pone a Ultrón ese tonito irónico que tiene hasta cuando amenaza con destruirte; es como ese cuñado que en la mesa familiar tira la frase demoledora con una sonrisa. Y Bettany le hace frente con un Visión más humano que nunca, dudón, vulnerable, casi un becario existencial.
Lo que funciona (y lo que no)
- El villano: Ultrón es el motor cómico y trágico de la historia. Spader se lo pasa comiendo personajes crudos y aun así encuentra matices para el vínculo "paternofilial" con Visión y con Tommy, el chico que aparece en medio del quilombo.
- La dupla protagonista: Bettany y Spader sostienen escenas que, con otros actores al mando, serían puro ruido. Se banca ver la serie por ellos, sin chistar.
- Yocasta como agregado: T'Nia Miller le da aire fresco a un elenco que repetía fórmulas. Aporta tensión y, sobre todo, algo distinto a lo que Marvel suele ofrecer con sus Inteligencias Artificiales.
- El exceso de cháchara: acá empieza el problema. Es una serie que no deja de explicarse a sí misma. Hay diálogos que funcionan como monólogo de audiolibro: todo muy lindo, todo muy masticado, pero al tercer round uno quiere gritarles "ya entendí, bajen un cambio".
- Demasiadas ideas volando: el barco de Teseo, los Acuerdos de Sokovia, el libre albedrío de las máquinas... la serie mete la cuchara en todos los temas filosóficos del MCU sin terminar de cocinar ninguno. Es como un buffet donde todo tiene gustito a poco.
Acá entra el quid de la cuestión: VisionQuest está dirigida por Terry Matalas, el mismo que revivió Star Trek: Picard con pulso nostálgico, y se nota. Hay amor por el personaje, hay oficio, hay puesta en escena. Pero también hay una vocación pedagógica que le juega en contra. La serie quiere que entiendas todo lo que pasa en el MCU, que recapacites sobre cada trauma, que reflexiones sobre el ser y el no ser. Y en el intento, se olvida de que a veces la mejor reflexión es la que el espectador completa solo.
En el ranking informal de esta trilogía rara que encabezan WandaVision (que fue un golazoazo) y Agatha, ¿quién si no? (que tuvo sus bemoles pero divirtió), VisionQuest queda tercera. No es una mala serie: se deja ver, emociona en los tramos justos y tiene a Spader haciendo de las suyas. Pero, igual que su protagonista, parece andar por la vida buscando una razón de ser que no termina de encontrar. Pibe, tomate otra pinta y dejá de filosofar.
“Yo quiero que me digan adónde va / con este dolor que me ha de hacer llorar...”Vidala popular norteña
Recomendación concreta: maratoneen los primeros tres capítulos un sábado a la noche, con algo rico para picar, y no se hagan problema si se pierden en algún tramo de exposición filosófica. Spader y Bettany compensan cualquier bache. Y si les engancha, arman el debate familiar sobre si Marvel sabe cerrar las historias de sus personajes secundarios o si todo queda a medio camino. Yo tengo mi opinión, pero esa la charlamos en otra.
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