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VIE, 02 OCT 2026
Vida

Una visita al médico que puede cambiarlo todo: por qué la presión alta ya es una cuestión de todos los días

En la Argentina, más de un tercio de los adultos convive con hipertensión y casi cuatro de cada diez ni siquiera sabe que la tiene. Controlarse periódicamente es el primer paso para evitar consecuencias graves.

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Valeria YacanteSociedad y vida cotidiana · · lectura 4 min
Una visita al médico que puede cambiarlo todo: por qué la presión alta ya es una cuestión de todos los días

Me acuerdo de Graciela como si fuera ayer. La encontré en la sala de espera del centro de salud de su barrio, en Lanús, con la cara de quien ya conoce de memoria cada cartel pegado en la pared y cada silla de plástico del pasillo. Tenía cincuenta y siete años, dos hijos grandes y un turno pedido para un trámite que ella describía, con esa media sonrisa criolla, como "un chequeo de rutina, nomás". Cuando la enfermera le colocó el manguito en el brazo y la maquinita empezó a pitar, el número que apareció nos dejó a las dos calladas: dieciséis con diez. Graciela me miró y dijo, con la calma que sólo da haber atravesado varias cosas en la vida: "Yo me sentía perfecta, ¿viste? Cómo puede ser que una esté tan mal y no se dé cuenta". Esa frase, que me quedó rebotando en la cabeza durante días, es exactamente el corazón de lo que quiero contar acá.

Porque la hipertensión arterial es, según los datos más recientes del Registro Nacional de Hipertensión Arterial, una condición que tiene el 36,3% de los adultos mayores de dieciocho años en la Argentina. Estamos hablando de casi doce millones de personas, una cifra que ya de por sí impresiona, pero que se vuelve todavía más elocuente cuando uno se detiene en el detalle: casi cuatro de cada diez de esos doce millones ni siquiera saben que conviven con la presión alta. Es como si tuviéramos una luz roja del tablero que no se prende nunca, pero el motor igual se va recalentando de a poco.

Un problema silencioso que no avisa

Lo que vuelve a la hipertensión tan particular es que, en sus primeras etapas, casi nunca avisa. No duele, no genera fiebre, no obliga a quedarse en cama. Por eso, esperar a tener un síntoma para consultar es, en la mayoría de los casos, esperar demasiado. La forma de conocer los valores de presión es midiéndola, así de simple: un procedimiento que no produce dolor, que lleva apenas unos minutos y que se puede hacer en cualquier farmacia, en el centro de salud o incluso en casa, con un tensiómetro hogareño bien calibrado.

Cuando los valores se mantienen altos en el tiempo, las arterias se van endureciendo y el corazón trabaja de más. Las consecuencias pueden ser graves: infartos, accidentes cerebrovasculares, daños en los riñones y en la vista, entre otras. La buena noticia es que, detectada a tiempo, la hipertensión puede controlarse e, incluso, prevenirse. La Organización Mundial de la Salud, en su segundo informe mundial sobre hipertensión arterial publicado este año, estima que mil cuatrocientos millones de adultos en el mundo viven con presión elevada y que sólo uno de cada cinco la tiene controlada. El desafío, como se ve, es global.

Qué se puede hacer, en concreto, para cuidarse

  • Medirse la presión de manera periódica, aunque uno se sienta bien, y anotar los valores para llevarlos a la consulta médica.
  • Reducir el consumo de sal y alimentos ultraprocesados, que son los grandes socios silenciosos de la presión alta.
  • Mantener una alimentación equilibrada, rica en frutas, verduras, legumbres y pescado, y pobre en grasas saturadas y bebidas azucaradas.
  • Hacer actividad física de manera regular, al menos treinta minutos por día, adaptando la intensidad a la edad y al estado de salud de cada uno.
  • Atender el estrés crónico, porque también pesa: dormir bien, tener momentos de descanso y pedir ayuda profesional si la angustia se vuelve cotidiana.
  • Tomar la medicación indicada por el profesional de salud en el horario y la dosis correspondiente, sin abandonarla por cuenta propia aunque los valores parezcan estar bien.

En el caso argentino, además, hay otro dato que preocupa y que merece ser dicho sin vueltas: entre quienes ya están diagnosticados y reciben algún tratamiento, apenas alrededor del 44% logra mantener la presión dentro de los valores recomendados. Es decir, no alcanza con saber que uno es hipertenso; el verdadero reto es sostener el control a lo largo del tiempo, con controles periódicos, con los hábitos que cité antes y con el acompañamiento médico adecuado.

Vuelvo a Graciela, porque su historia tuvo un final que a mí me gusta recordar. A las tres semanas de empezar el tratamiento y de ajustar algunas costumbres cotidianas -menos pan con sal, más caminatas por el parque de su barrio y un par de cambios en la dieta que ella misma fue eligiendo-, los valores empezaron a bajar. La última vez que hablamos, mientras tomábamos un café con leche en un bar de la esquina, me dijo algo que se me quedó grabado y que quiero compartir acá, casi como una manera de cerrar esta nota: "Toda la vida fui al médico cuando me dolía algo. Ahora entendí que cuidarse es ir aunque te sientas bien". Tiene razón. A veces, las decisiones más importantes que tomamos por nuestra salud son las que parecen más chicas: tomarse un rato, sentarse y pedir que nos midan la presión. Nada más, y nada menos.

VY
Valeria YacanteSociedad y vida cotidiana

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