Una travesía 4x4 hacia las ruinas de la mina Virginia II, en la Precordillera sanjuanina
La salida parte de la capital de San Juan, recorre la Ruta 40 y el cauce seco del río La Laja, y culmina con una caminata hasta los restos de un antiguo campamento minero identificado por los vecinos como Virginia II, sin señalización turística ni acceso convencional.
A unos 110 kilómetros al norte de la ciudad de San Juan, en pleno corazón de la Precordillera, un puñado de camionetas 4x4 completó una travesía que combinó rutas asfaltadas, caminos de ripio, el lecho seco de un río y una caminata final entre montañas hasta los vestigios de un campamento minero que los lugareños identifican como Virginia II. La propuesta, organizada por Mainumby4x4 y conducida por la guía Verónica Romaña, se presenta como una salida de exploración, sin señalización turística, sin centro de interpretación y sin un acceso convencional que permita llegar hasta el yacimiento sin un track previamente cargado y una lectura atenta del terreno.
De la Ruta 40 al cauce del río La Laja
El itinerario se inicia en la capital sanjuanina y toma la Ruta 40 con rumbo norte hasta empalmar con la antigua traza de ripio que conduce a Mogna. Desde allí, la caravana abandona el camino consolidado y se interna, durante varios kilómetros, en el cauce seco del río La Laja, en el tramo comprendido entre Talacasto y Mogna. El lecho, modelado por crecientes que arrastran arena, gravas y bloques de distinta granulometría, ofrece un piso irregular en el que las huellas se bifurcan y obligan a detenerse cada pocos cientos de metros para evaluar por dónde continuar. Avanzar sobre este tipo de fondo aluvial requiere paciencia: la arena cede, las piedras sueltas patinan y los pasos cambian de una salida a otra, ya que las crecidas pueden borrar los vados utilizados en incursiones anteriores.
En ese contexto, el track descargado en los dispositivos de navegación funciona como una referencia orientativa, pero no como una garantía. El terreno se modifica y, en algunos sectores, desaparece el sendero que había sido transitado en ocasiones previas. Quienes participen de la experiencia deben asumir esa variabilidad como parte del recorrido.
La caminata final hacia el campamento minero
Luego de varios kilómetros por el río, las camionetas quedan estacionadas en una quebrada que oficia de punto de cierre para la tracción mecánica. Desde allí comienza una caminata por un sendero zigzagueante que asciende entre derrubios y materiales sueltos, característicos de los faldeos precordilleranos, hasta alcanzar los restos del campamento. La geología del sector, dominada por rocas sedimentarias plegadas y cubiertas por detritos de falda, explica el aspecto fragmentado del paisaje y la inestabilidad de algunos pasos.
En el sitio esperan un conjunto de construcciones deterioradas, chapas oxidadas, hierros retorcidos y tambores metálicos dispersos. También permanecen cascos, guantes y prendas que remiten a la actividad laboral que alguna vez se desarrolló allí. En las galerías se observaron rieles de desplazamiento interno, recipientes destinados al traslado de mineral, utensilios de cocina, bolsas que habían contenido explosivos y cables empleados en las detonaciones. Estos elementos no integran una exposición organizada ni cuentan con cartelería explicativa; se trata de vestigios en el lugar, con paredes derrumbadas, piques y labores parcialmente cubiertas por el material que el tiempo y la erosión fueron acumulando.
La recorrida incluyó un ingreso de pocos metros a una de las galerías, a modo de reconocimiento superficial. El material consultado no aporta una evaluación de seguridad del espacio subterráneo, por lo que cualquier visita a esas labores debe considerarse una incursión en un ámbito de mina abandonada, con los riesgos estructurales y ambientales que ello implica.
Qué se sabe y qué no sobre Virginia II
La identificación del yacimiento mantiene, hasta el momento, un margen de incertidumbre. Los vecinos del área lo llaman Virginia II, aunque la documentación pública disponible no permite confirmar ese nombre de manera concluyente. Tampoco están precisados, a partir del material relevado, el período exacto de inicio y cierre de la explotación, la cantidad de trabajadores que llegó a tener ni el mineral que se extraía en el lugar. Esa falta de información escrita se compensa, en parte, con los restos materiales que permanecen en superficie y en las bocas de galería, testigos mudos de una actividad que formó parte del ciclo minero de la Precordillera.
La Ramada de Carrascosa y la devoción por Santa Bárbara
El regreso de la travesía incluyó una parada en la Ramada de Carrascosa, un sitio vinculado con la devoción popular por Santa Bárbara, una de las advocaciones más arraigadas en el calendario religioso de la región cuyana. La visita aporta un contrapunto cultural y espiritual al perfil netamenteero del recorrido principal y permite cerrar la jornada en un punto de referencia conocido antes de emprender el regreso a la capital sanjuanina.
Información práctica para interesados
Para sumarse a una salida de estas características, los organizadores recomiendan disponer de vehículo 4x4 en buen estado, cargar el track previamente en un dispositivo de navegación con cartografía offline, llevar provisión de agua y combustible suficiente, y considerar que no existe señal de celular estable en buena parte del recorrido. Se trata de una experiencia de exploración, no de un circuito turístico habilitado, por lo que la inscripción se realiza a través de operadores especializados como Mainumby4x4, que definen fechas, condiciones y nivel de exigencia de cada convocatoria.
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