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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Una semana a oscuras y sin comida: el operativo policial que sacó a una madre y a sus tres hijos del barro neuquino

La familia quedó aislada en el Paraje La Pileta, en el departamento Catán Lil. Efectivos de la Comisaría 31 de Las Coloradas avanzaron doce kilómetros por un camino anegado para asistirlos. El episodio vuelve a poner sobre la mesa la vulnerabilidad de los parajes rurales en plena temporada de lluvias.

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Valeria YacanteSociedad y vida cotidiana · · lectura 4 min
Una semana a oscuras y sin comida: el operativo policial que sacó a una madre y a sus tres hijos del barro neuquino

Cuando los efectivos de la Comisaría 31 de Las Coloradas atendieron el llamado, la voz al otro lado de la línea llegaba entrecortada. El motivo no estaba del todo definido. Lo concreto era que una familia necesitaba ayuda y que estaba aislada en algún rincón de la meseta del departamento Catán Lil, en el norte de la provincia de Neuquén. Eran las 16 del miércoles y empezaba, sin que nadie lo supiera todavía, un operativo que iba a dejar a la vista una postal de las más duras del invierno patagónico.

Te lo cuento porque a mí estas noticias me atraviesan de una manera particular. Soy de las que cree que detrás de cada operativo policial hay una persona que respiró distinto cuando vio llegar la ayuda, y esta vez no fue la excepción. Los policías se movieron primero hacia el paraje Cortaderas para tratar de recabar más datos, pero la situación seguía sin definirse con precisión. Decidieron ingresar igual, aun sin tener completamente claro hacia dónde iban ni con qué se iban a encontrar. La decisión, en el contexto, fue casi tan importante como el resultado.

Doce kilómetros entre barro y greda suelta

Un primer móvil avanzó doce kilómetros por un camino vecinal que estaba completamente anegado. La lluvia, el barro y la greda suelta transformaron la huella en una trampa. Recién Alcegae el Paraje La Pileta, ubicado a unos diez kilómetros de Las Cortaderas, los efectivos se encontraron con la escena que estaban temiendo: una familia en emergencia alimentaria, con una mujer, esposa de un productor rural de 82 años, y sus tres hijos de 14, 12 y 10 años. Llevaban siete días sin poder salir a buscar provisiones. Las lluvias torrenciales de las semanas anteriores habían vuelto intransitables los caminos de acceso y los había dejado incomunicados.

“Personal policial puso a disposición el recurso humano y automotriz para realizar las tareas pertinentes.”Subcomisario Ángel Salazar, jefe de la Comisaría 31 de Las Coloradas

A ese primer vehículo se sumó un segundo. En total, seis efectivos terminaron confirmando que la urgencia era real y empezaron a coordinar la asistencia en el momento. Lo que hicieron, a grandes rasgos, fue simple y a la vez enorme: la sacaron del paraje, la trasladaron hasta donde un familiar pudo proveerle alimentos y la regresaron con las provisiones a su hogar. Cuando los policías se fueron, los tres chicos tenían qué comer. No hubo aplausos ni cámaras. Hubo, eso sí, una madre que pudo volver a darles de cenar.

La geografía como condena cotidiana

  • El Paraje La Pileta está a unos diez kilómetros de Cortaderas y a varios días de marcha, en vehículo, de la localidad más cercana cuando los caminos están cortados.
  • Las familias crianceras de la zona viven el aislamiento como un riesgo latente cada vez que el clima se complica, sin que sea una contingencia excepcional.
  • Las lluvias recientes coincidieron con la temporada de pariciones, cuando los productores tienen el tiempo y la atención concentrados en el campo y les queda poco margen para emergencias personales.
  • Doce kilómetros de barro pueden traducirse, en la vida cotidiana, en varios días sin acceso a alimentos, agua o atención médica.

El caso del Paraje La Pileta deja en evidencia algo que quienes habitamos la Patagonia conocemos bien: la distancia no es solo una cifra en el mapa, es una condición de vida. Para una familia sin reservas suficientes, una semana sin poder salir del campo puede pasar de la incomodidad a la emergencia con una velocidad que asusta. Y lo que resolvió el operativo policial fue, en definitiva, recordar que mientras haya un móvil dispuesto a meterse en el barro, hay una red que todavía contiene a los que más lejos viven.

Me quedo, te soy sincera, con la imagen de los policías volviendo por ese mismo camino anegado, esta vez con una bolsa de alimentos en el asiento de atrás. No es una foto que vaya a salir en los grandes portales, pero a mí me parece que condensa algo muy de nuestra tierra: la delgada línea que separa la Emergencia de la solidaridad y lo rápido que esa línea se cruza cuando alguien decide no mirar para otro lado. Como me dijo un vecino de la zona, con la voz todavía temblorosa por lo que había pasado: mientras haya quien se anime a entrar, vamos a seguir estando.

VY
Valeria YacanteSociedad y vida cotidiana

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