Saltar al contenido
Corriente RiojaCorriente Rioja ⌕ Buscar
Dólar oficial $1.535,00 0,00%Dólar blue $1.540,00 0,00%Dólar MEP $1.542,90 0,00%Riesgo país 589 pb +0,17%
LUN, 12 OCT 2026
Vida

Una canción conocida, una aguja y menos dolor: el hallazgo que sorprende a los pacientes que pasan por una resonancia

Un estudio del Hospital Universitario de Zúrich, con más de 200 voluntarios, comprobó que escuchar la música favorita de cada persona reduce de manera significativa el malestar que provoca la inserción de una vía intravenosa. La música de relajación, en cambio, no mostró diferencias frente al silencio. Los resultados abren una puerta simple y sin costo para humanizar procedimientos médicos de todos los días.

VY
Valeria YacanteSociedad y vida cotidiana · · lectura 3 min
Una canción conocida, una aguja y menos dolor: el hallazgo que sorprende a los pacientes que pasan por una resonancia

A Carolina le costaba quedarse quieta. Sentada en la sala de espera del Hospital Universitario de Zúrich, miraba el reloj cada dos minutos mientras esperaba su turno para una resonancia magnética. Sabía que, antes de meterse en el tubo, una enfermera iba a buscarle una vena en el brazo para inyectarle el contraste. Y eso, cada vez que lo recuerda, le pone un nudo en el estómago. Cuando le preguntaron si quería escuchar algo durante la punción, eligió una canción que conoce de memoria: un tema que suena en todas las reuniones familiares y que, según me cuenta todavía asombrada, la transporta directo a la cocina de su madre. La aguja entró, la vía se acomodó y, cuando terminó, Carolina no entendía por qué el dolor había sido tan distinto al de otras veces. La respuesta la acaban de publicar unos investigadores suizos en la revista Frontiers in Pain Research, y es tan simple como lo que ella vivió: la música favorita de cada paciente logra apaciguar de manera concreta el dolor que produce una punción con aguja.

El experimento: cuatro grupos y más de doscientos pacientes

El equipo de Zúrich reclutó a 218 personas que debían recibir un agente de contraste por vía intravenosa antes de una resonancia magnética. Las dividió al azar en cuatro grupos bien definidos: uno sin música de ningún tipo, otro que escuchó su canción o su artista favorito, un tercero que recibió Mozart y un cuarto que escuchó música de relajación, esa pensada especialmente para bajar la ansiedad.

  • Sin música: funcionó como grupo de control.
  • Canción o artista favorito: elección libre de cada paciente.
  • Mozart: una pieza elegida por los investigadores.
  • Música de relajación: piezas con ritmo lento y volumen bajo.

Cada voluntario calificó su dolor en una escala del uno al diez en cuatro momentos clave: antes de la punción, durante el procedimiento, a los treinta segundos de finalizado y a los dos minutos. La diferencia más interesante apareció en esas dos mediciones posteriores: quienes habían escuchado su música preferida reportaron menos dolor que el resto, incluso entre quienes ya llegaban con alguna molestia previa.

Qué dice la médica que lideró el estudio

“La música favorita manifestó un efecto significativo de reducción del dolor tanto en pacientes con como sin dolor basal.”Meritxell Garcia Alzamora, consultora senior en radiología del Hospital Universitario de Zúrich

Mozart también mostró un alivio notable, aunque más acotado: únicamente en los pacientes que llegaban con dolor preexistente. La música de relajación, en cambio, se comportó de manera muy parecida al silencio absoluto. Garcia Alzamora lo explica con una imagen muy clara: ese tipo de melodías suelen tener un ritmo lento, un volumen bajo y pocas variaciones dinámicas, lo que hace que el oyente, sencillamente, las ignore. Falta de estímulo, falta de efecto.

Por qué una canción conocida funciona como un pequeño analgésico

Para los investigadores, la clave está en lo que llaman distracción activa. Una melodía familiar exige cierta atención cognitiva: uno la sigue, la reconoce, la anticipa, se engancha con la letra. Esa tarea compite con la señal de dolor que envía el cuerpo y termina por opacarla. No es magia ni placebo: es el cerebro ocupado en algo que le gusta y que, justamente por eso, le roba espacio al malestar.

El doctor Andrei-Cristinel Dragnea, residente en radiología diagnóstica e intervencionista del mismo hospital, aclara un punto importante: el estudio se limitó a punciones cortas, las de una vía intravenosa común. Quedan abiertas dos preguntas centrales. Primero, si el beneficio se mantiene en procedimientos más largos o más dolorosos. Segundo, si la música supera o no a algo tan sencillo como la compañía de una persona que converse con el paciente durante la práctica, porque esa presencia, en sí misma, ya tiene un efecto tranquilizador.

Mientras esas respuestas llegan, lo que ya sabemos cambia una conversación que en las salas de los hospitales se repite todos los días. Una canción puede no borrar el pinchazo, pero, como le pasó a Carolina en Zúrich, puede hacer que la aguja se sienta mucho menos. Y eso, en un procedimiento médico de rutina, es muchísimo.

VY
Valeria YacanteSociedad y vida cotidiana

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo