Una bici con candado, un súper y una multa millonaria: la Justicia le dijo que no al "no me hago cargo"
Un cliente neuquino dejó su bicicleta asegurada en la playa de estacionamiento de un supermercado y al salir no la encontró. La Dirección Provincial de Protección al Consumidor lo sancionó, el comercio apeló y la Justicia confirmó la multa, que ronda los 4 millones de pesos.
Me acuerdo perfectamente de la primera vez que me dijeron "dejá la bici ahí, que tiene candado y nadie te va a tocar nada". Uno confía, ata el cuadro, entra a comprar dos cosas y vuelve. Pero a Roberto, un vecino de Neuquén capital, esa lógica le salió mal: cuando salió del supermercado, el lugar donde había dejado la bicicleta estaba vacío. El candado, cortado. El rodado, desapareció.
El caso, que podría quedar en una anécdota de mala suerte, terminó convertido en un expediente administrativo que recorrió todas las instancias y que ahora tiene al comercio con una multa confirmada por la Justicia. La Dirección Provincial de Protección al Consumidor imputó al supermercado por fallas de seguridad en sus propias instalaciones, y el fallo judicial terminó dándole la razón al organismo.
Una sanción que pesa
La multa equivale a cinco canastas básicas alimentarias y, traducida a pesos, ronda los cuatro millones, una cifra que llama la atención porque supera con holgura lo que habría costado reponer la bicicleta robada. Desde el organismo aclararon que en paralelo el damnificado mantiene abierta una causa en el fuero civil para reclamar directamente el resarcimiento económico, y que el expediente administrativo funciona como prueba preconstituida para ese proceso.
- La bici estaba atada con candado en el lugar habilitado para bicicletas.
- La imputación al comercio fue por fallas de seguridad en la playa de estacionamiento.
- El supermercado apeló y perdió: la Justicia confirmó la sanción.
- La multa equivale a cinco canastas básicas y ronda los 4 millones de pesos.
- La cartelería de "no nos responsabilizamos" no tiene valor legal, según el organismo.
- En el fuero civil sigue abierta la causa para pedir la devolución del dinero.
El "no me hago cargo" no existe
Lo más jugoso de la resolución, a mi entender, es lo que dice sobre esos cartelitos que uno ve colgados en la entrada de cualquier comercio: esos que avisan, con letra chica o grande, que el negocio no se hace responsable por robos o daños en la playa de estacionamiento. Desde la dirección provincial fueron muy claros al respecto: esa cartelería no tiene ningún valor legal y, peor aún, puede inducir a error al consumidor. Los establecimientos que insistan con esos avisos pueden sumar una infracción extra y, con ella, otra multa.
El criterio que aplicaron para sancionar es bastante directo: cuando un comercio habilita un estacionamiento para uso de sus clientes, asume de manera implícita la obligación de garantizar condiciones mínimas de seguridad en ese espacio. No es un favor, es parte del servicio que está ofreciendo. El usuario, en este caso, había cumplido con todo lo que estaba a su alcance: eligió el sector destinado a bicicletas y aseguró el rodado con candado.
La distinción que trazaron desde el organismo sirve para entender de una vez por todas dónde termina la responsabilidad del cliente y dónde empieza la del comercio. Los objetos personales que uno lleva consigo dentro del local, el celular en el bolsillo, la cartera colgando del hombro o la billetera en la mano, quedan bajo custodia del propio consumidor. En esos casos, la tienda no tiene por qué responder. Ahora bien, todo lo que uno deja en la playa de estacionamiento, la bici, el auto, las bolsas del changuito repletas, son otra historia: esos bienes están bajo la responsabilidad del establecimiento, que es el que decide abrir o no ese espacio y, por lo tanto, debe responder si algo sale mal.
“Quien habilita un estacionamiento para uso de sus clientes asume la responsabilidad de garantizar la seguridad en ese espacio.”Dirección Provincial de Protección al Consumidor
A mí, que cada vez que saco el auto de un estacionamiento pienso dos veces si dejar algo visible, casos como el de Roberto me hacen ruido. No porque ahora vaya a confiar ciegamente en cualquier playa de estacionamiento, sino porque me parece valioso saber que, si me pasa algo, no todo termina en un "usted sabe cómo es". Hay una respuesta institucional, hay una multa confirmada y hay, sobre todo, un mensaje bastante claro del organismo de protección al consumidor de Neuquén: el que abre la puerta para que la gente deje cosas, se hace cargo. Aunque no lo quiera poner en el cartel.
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