Treinta minutos con la remake que se atreve a romper lo que ya estaba roto
Square Enix mostró en el Tokyo Game Show una demo privada de Final Fantasy VII Revelation con Cid y Vincent como protagonistas de un sistema de combate que ya pide a gritos el joystick en la mano.
Es como volver a la casa de la infancia y encontrar que le agregaron un piso entero: teás, te mareás un poco, y al final terminás preguntándote cómo diablos vivías sin ese espacio. Eso me pasó con los treinta minutos de Final Fantasy VII Revelation que la gente de Square Enix dejó probar en el Tokyo Game Show, la feria de videojuegos que se hizo en Japón y que sirve de termómetro para todo lo que se viene.
Vincent ya no es un galán triste: ahora es un problema de cálculo
Lo de Vincent siempre me resultó injusto. En el juego original era el personaje misterioso que aparecía en un ataúd y que, encima, su gran poder estaba atado a un Limit Break que, en la práctica, terminabas usando dos veces y guardando para la posteridad. Acá la cosa cambia: la transformación en Galian Beast se puede activar en cualquier momento del combate, lo cual abre un abanico táctico enorme. Sí, ataca más fuerte, sí, se mueve mejor, sí, te dan ganas de dejarlo así todo el tiempo. Pero el cuerpo paga: la salud máxima va bajando de a poco, como cuando uno se desvela y al día siguiente arrastra el alma. Por eso la gracia está en alternar: pistola Quicksilver desde lejos cuando hay que administrar recursos, bestiazo cuerpo a cuerpo cuando la cosa se pone fea.
Un detalle que me voló la cabeza: apretar triángulo en el momento justo cambia la de Vincent. Si lo hacés bien, terminás la secuencia con disparos que barren a varios enemigos de una. Si te apurás, el daño se concentra en uno solo. Es el tipo de decisión que en un juego normal se resuelve con un menú, y que acá vive en la velocidad de tu pulgar.
Cid, el hombre que siempre mereció más protagonismo
Decí Cid y yo pienso en un tipo de bigotes que pilotea un avión con la misma seriedad con la que uno pela un mandarina. La remake, por suerte, lo trata como se merece. La lanza ataca a distancia media y tiene movimientos aéreos que dan gusto ver, pero lo jugoso es la mecánica de marcas: Mark Lance te deja repartir hasta cinco marcas entre distintos enemigos, y después Dragoon Jump las usa para caer como un piano sobre todos ellos, hacer daño de área y llenar la barra de aturdimiento. Esas combinaciones donde el personaje eleva al rival en el aire ya se sienten a otra cosa, más cercanas a un juego de acción que a un RPG por turnos, pero sin perder la cabeza que tiene la saga.
FITS: el sistema de trabajos que se suma a la fiesta
Lo que la nota oficial llama FITS es, en criollo, la posibilidad de armar el equipo con clases que ya conocemos: Guerrero, Caballero, Mago Negro e Invocador. La que me sacó una sonrisa boba es la del Invocador, porque puede desplegar a los Egi, que son como versiones de las invocaciones clásicas. Ifrit, por ejemplo, te tira apoyo automático mientras vos te dedicás a otra cosa. Y el Mago Negro, lejos de ser un kiosquero que tira magia cada dos por tres, junta energía elemental para lanzar hechizos ofensivos sin que lo interrumpan a cada rato. Son capas que se suman a las dos formas de Vincent y a las marcas de Cid, y el resultado es un sistema de combate que pide cerebro, no sólo reflejos.
El mundo también se mueve: viento, Mako y luces que no estaban
La demo se paseó por el Cráter del Norte y el Laberinto del Torbellino, dos escenarios que en el original eran más bien pasillos con enemigos. Acá las ráfagas y las corrientes de energía del laberinto te complican el desplazamiento, y la iluminación dinámica, las partículas de viento y las cristalizaciones de Mako con reflejos hacen que uno se detenga un segundo a mirar el techo antes de seguir peleando. Es de esas cosas que en una pantalla común y corriente capaz no se luzcan, pero que en una tele con HDR te cambian la noche.
La pregunta del final, la que dejé picando para los lectores: ¿qué mecánica te interesa más probar? Si me dejaran a mí, me pasaría una hora entera eligiendo entre dejar a Vincent hecho bestia o repartir las cinco marcas de Cid como un dealer de cartas. Pero bueno, para eso falta. La remake tiene prevista su salida y, mientras tanto, esta demo deja la vara alta. Si sos de los que lloraron con Aerith en el 97, preparate el pañuelo y el joystick: lo que viene no es un remake, es una. Y se siente.
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