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VIE, 09 OCT 2026
Entretenimiento

Sherlock Holmes perruno: la serie que Miyazaki abandonó a mitad de camino y nadie recuerda

Estrenada en 1984 como coproducción entre Japón e Italia, esta adaptación animada de Arthur Conan Doyle convirtió al detective en un perro y dejó a Hayao Miyazaki afuera del proyecto cuando arrancó Nausicaä. Un rescate para los que crecieron con el zapping de los noventa.

GB
Gonzalo BazánCultura y espectáculos · · lectura 3 min
Sherlock Holmes perruno: la serie que Miyazaki abandonó a mitad de camino y nadie recuerda

Digamos que la historia del detective más famoso de Londres tiene más vidas que un gato: y esta vez, literalmente, le salieron pelos. Sherlock Holmes volvió a la pantalla chica en 1984 de la mano de una coproducción entre el estudio japonés TMS y la televisión italiana RAI, y lo hizo con una particularidad que sigue llamando la atención casi cuatro décadas después: prácticamente todos los personajes son perros con modales de gentlemen.

La serie animada juntó 26 episodios que mezclan los relatos originales de Arthur Conan Doyle con un envoltorio estético que hoy llamaríamos steampunk sin pensarlo dos veces: máquinas a vapor, avionetas, autitos a punto de explotar y una Londres victoriana donde Holmes y Watson mueven la cola cada vez que descifran un acertijo. Una joyita de la animación que, como tantas otras del canal cable de los noventa, pasó por debajo del radar de la mayoría.

Miyazaki entró, dirigió seis capítulos y se fue

Lo más jugoso del asunto es la participación de Hayao Miyazaki. El director de El viaje de Chihiro fue uno de los principales impulsores del proyecto junto a Kyosuke Mikuriya, pero su firma como director aparece en apenas seis de los 26 episodios. El motivo fue de lo más terrenal: los retrasos en la producción de la serie lo obligaron a poner la mira en otra película, Nausicaä del Valle del Viento, que terminó siendo una de las obras clave de su filmografía. Es decir, tenemos a Miyazaki fundamentalmente como padrino del engendro, no como director completo. (Algo así como el tutor que te lleva a la panadería pero después te deja solo con la medialuna.)

Hay un detalle de la preproducción que da cuenta de la pulseada creativa detrás de cámaras. Miyazaki imaginaba una serie con tono más adulto, fiel al clima brumoso y sórdido de los cuentos originales. El estudio terminó inclinándose por un planteo infantil, y esa decisión se nota a simple vista: los protagonistas tienen hocico, orejas y patitas, pero visten como si fueran a cenar al club. La solución visual acercó la historia al público chico, aunque resignó parte del ADN oscuro del personaje. Algo habrán discutido en las reuniones, imagino, con el habitual tono diplomático de los productores italianos.

  • Miyazaki ya tenía experiencia adaptando material occidental en el World Masterpiece Theatre, con series como Heidi, El perro de Flandes, Marco y Ana de las Tejas Verdes.
  • Antes de esta Sherlock había codirigido Lupin III junto a Isao Takahata y, en solitario, Conan, el niño del futuro y El castillo de Cagliostro.
  • La estética steampunk de la serie convive con investigaciones, persecuciones y gadgets mecánicos que amplían el componente de acción.
  • El detective es un perro, el doctor Watson también y hasta el profesor Moriarty mueve la cola con mala leche.

¿Por qué rescato esta serie hoy, en una nota de cultura? Porque es un cruce raro y simpático entre dos tradiciones que rara vez se dan la mano: la literatura policial inglesa del siglo XIX y la animación japonesa de los ochenta. Y porque, además, tiene el condimento extra de haber sido una de las últimas colaboraciones importantes de Miyazaki antes de su consagración definitiva. Quién te dice, capaz que en el archivo de algún canal de cable todavía se pueda conseguirla en formato físico. Si te cruzás con un DVD, hacéte el favor y mirá un par de capítulos: te vas a encontrar con un Sherlock que ladra más de lo que fuma pipa, y eso, viniendo del mejor detective de la historia, ya es una rareza que merece la pena.

“Para llegar a donde hay que llegar, primero hay que soñar el camino.”Refrán popular del noroeste argentino, con aroma a chaya
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Gonzalo BazánCultura y espectáculos

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