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SÁB, 17 OCT 2026
Entretenimiento

Pueblos fantasmas con botella en el estante: así se rodó la Guerra Civil sin pisar un estudio

Castil de Carrias y Loranquillo, dos aldeas deshabitadas de Burgos, se convirtieron en el set perfecto para las secuencias históricas de "La bola negra". Las ruinas ya tenían la destrucción que los directores necesitaban.

GB
Gonzalo BazánCultura y espectáculos · · lectura 3 min
Pueblos fantasmas con botella en el estante: así se rodó la Guerra Civil sin pisar un estudio

Es como encontrar la escena montada antes de que el director llegue al set. O mejor dicho: es como llegar a un set que el tiempo llevaba ensayando en silencio durante treinta años. Eso debió pensar el equipo de localizaciones de "La bola negra" cuando cruzó el umbral de Castil de Carrias, esa aldea burgalesa a la que el último vecino, Florentino González Sáez, le dijo chau en 1994 sin saber que estaba firmando el acta de defunción definitiva del pueblo.

Lo que cuenta el material que me tocó revisar es una de esas decisiones de producción que parecen obvias una vez que alguien las tomó: si vas a rodar secuencias ambientadas en la Guerra Civil y necesitás edificios parcialmente derruidos, con el polvo y la desolación ya incorporados al ladrillo, lo más razonable del mundo es ir a buscar pueblos que la España vacía viene demoliendo sola desde hace décadas. Dicho y hecho.

Castil de Carrias: la aldea que la historia vació antes que el cine

La cosa viene de lejos. Castil de Carrias tiene papeles firmados desde el siglo XII, llegó a tener más de 240 vecinos a mediados del siglo XIX y fue bajando en cámara lenta: 178 habitantes en 1950, 59 en 1970, uno solo en 1994. Hoy quedan en pie una escuela vieja, una taberna con las botellas todavía en los estantes (imagen que a mí, te confieso, me partió algo por dentro), cacharros domésticos tirados por ahí, un par de vehículos comidos por el óxido y la iglesia de Santa María, con muestras de deterioro y de expolio. Todo auténtico. Todo sin iluminar.

Loranquillo y una ruta de 22 kilómetros

A pocos kilómetros está Loranquillo, otra aldea vacía que quedó anexada al municipio de Belorado en los años setenta y que perdió a sus últimos moradores en los noventa. Juntas, Castil de Carrias y Loranquillo forman parte de una caminata senderista de 22 kilómetros que también pasa por Quintanilla, por si a alguien le pinta combinar trekking con melancolía.

El rodaje arrancó en Castil de Carrias el 25 de agosto de 2025 y mientras duró, ambos pueblos estuvieron cerrados al público. La responsable de localizaciones, Clara Salvador, fue la que pateó la provincia hasta dar con ese paisaje que la desidia rural ya había construido sin cobrarle un peso a la producción.

Por qué las ruinas sirven mejor que cualquier decorado

Lo que buscaban los directores Javier Calvo y Javier Ambrossi no era solamente la foto de las paredes caídas. Era otra cosa, más fina: la sensación de una vida que se cortó de golpe y que nadie se molestó en terminar de ordenar. El detalle importa en una película que, según lo que se conoce, orbita alrededor de la memoria, la violencia y eso que el tiempo va borrando aunque uno no se lo proponga.

“Cuando el pueblo se vacía solo, no hace falta trampita cinematográfica: el decorado ya está hecho y la botella sigue arriba del estante, esperando a alguien que nunca más va a volver a servir el vino.”Gonzalo Bazán

(A esta altura, uno piensa: cuántas aldeas españolas están haciendo a la vez de plató y de monumento a algo que nos cuesta mirar. Lo de Castil de Carrias no es la excepción, es la norma disfrazada de locación.)

Recomendación

Si te copa el tema, agendá: hay un circuito en Burgos que junta Castil de Carrias, Loranquillo y Quintanilla en una caminata de 22 kilómetros. La experiencia turística viene con ruinas incluidas y, si te cruzás con alguien del equipo de producción, te podés llevar alguna perlita extra. Y como decía la copla norteña que me queda dando vueltas: "Vuela la paloma / por donde yo quiero / y pasa por el pueblo / de mi compañera". Volá vos también, pero llevá cámara.

GB
Gonzalo BazánCultura y espectáculos

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