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MAR, 13 OCT 2026
Vida

Por qué el cuerpo no se olvida del gimnasio aunque uno haya colgado las zapatillas hace meses

Científicos de Estados Unidos identificaron mecanismos celulares que conservan los efectos del entrenamiento previo en músculos e hígado, incluso tras semanas o meses sin moverse.

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Valeria YacanteSociedad y vida cotidiana · · lectura 3 min
Por qué el cuerpo no se olvida del gimnasio aunque uno haya colgado las zapatillas hace meses

Lo conozco a Diego desde hace años, aunque nunca nos cruzamos cara a cara. Lo sigo porque cada tanto aparece con un hallazgo que me cambia la manera de mirar el cuerpo humano. Esta vez me escribió un mail a las siete de la mañana, con el entusiasmo todavía medio desordenado, para contarme que su equipo de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign había dado con algo que, en su propia palabra, le cambió la cabeza. Y a mí también, mientras leía cada párrafo, me hizo pensar en todas las veces que dejé de entrenar y sentí que volvía a empezar de cero. Spoiler: no era así.

Lo que Hernandez-Saavedra y su colega Yi-Heng Huang acaban de publicar es un trabajo que mira al músculo y al hígado como si fueran dos libretas donde el ejercicio va dejando anotaciones. Esas anotaciones no se borran del todo cuando uno se queda quieto durante semanas o meses. La investigación, que vio la luz en 2025 en el American Journal of Physiology-Cell Physiology y tuvo un segundo capítulo en Molecular Metabolism durante 2026, se basó en experimentos con ratones entrenados durante cuatro a ocho semanas, después dejados en reposo y finalmente reentrenados. Cuando los compararon con animales que nunca habían hecho actividad, la diferencia fue concreta y medible.

Lo que el músculo guarda en su memoria

  • Fibras musculares que crecen más rápido al retomar el entrenamiento, porque ya recorrieron ese camino antes.
  • Mayor eficiencia metabólica, es decir, mejor aprovechamiento de la energía disponible durante el esfuerzo.
  • Coordinación más fluida entre hígado y músculo, con enzimas específicas que descomponen grasas para convertirlas en combustible.

Esa última pista me llamó la atención porque rara vez se piensa en el hígado como un aliado del deporte. Y sin embargo, según lo que describen los investigadores, las carboxilesterasas hepáticas, unas enzimas que ayudan a procesar las grasas que circulan por la sangre, aparecen en mayor cantidad tanto en ratones como en personas que retomaron la actividad tras una pausa. Es como si el hígado recordara que en algún momento le llegó un socio con quien trabajar, y estuviera listo para recibiéndolo otra vez.

La idea de que las células guardan memoria no es nueva en biología. Las neuronas lo hacen a través de sus conexiones, y el sistema inmunitario reconoce agentes que ya enfrentó. Lo que este trabajo suma al debate es que también el músculo, el hígado, la piel y el tejido adiposo parecen archivar experiencias pasadas. La pregunta que los propios autores admiten que sigue abierta es cuánto tiempo dura ese archivo y a través de qué mecanismo se conserva. Por ahora, lo que muestran es suficiente como para terminar con el mito de que después de un mes sin ir al gimnasio hay que empezar de la nada.

Ahora bien, y acá va lo que a mí me parece clave para no malinterpretar la novedad: la pausa no es gratis. Tras varias semanas sin actividad caen la capacidad cardiovascular, la fuerza y la sensibilidad a la insulina, y eso se nota en el día a día. Lo que el estudio viene a decir es que el punto de partida cuando uno retoma no es el mismo que el de alguien que nunca se movió en su vida. Hay una ventaja concreta, sobre todo metabólica, que el cuerpo conserva aun cuando uno haya pasado semanas en la silla, en la cama o detrás de un escritorio.

Cuando le pregunté a Diego qué le diría a alguien que dejó de entrenar por una lesión, un embarazo, una enfermedad o una temporada de trabajo imposible, se quedó un momento en silencio del otro lado del teléfono y después me respondió con una frase que me parece justo cerrar acá: el cuerpo no arranca de cero, arranca desde un lugar que todavía no terminamos de entender del todo, pero que es mejor que nada. Y eso, al menos a mí, me alcanza para volver a calzarme las zapatillas mañana a la mañana.

VY
Valeria YacanteSociedad y vida cotidiana

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