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MIÉ, 14 OCT 2026
Vida

León XIV, el adenocarcinoma y por qué una lobectomía no es solo sacar un pedazo de pulmón

El Vaticano confirmó que al Papa le extirparon el lóbulo inferior derecho en el Policlínico Gemelli. Qué dice el neurólogo Conrado Estol sobre el tumor más frecuente en personas no fumadoras y qué se analiza para hablar de pronóstico.

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Valeria YacanteSociedad y vida cotidiana · · lectura 5 min
León XIV, el adenocarcinoma y por qué una lobectomía no es solo sacar un pedazo de pulmón

Me crucé con la noticia una mañana cualquiera, mientras el café todavía estaba demasiado caliente como para tomarlo con seriedad: el Vaticano había confirmado que León XIV, el papa estadounidense Robert Francis Prevost, había sido sometido a una cirugía torácica en el Policlínico Gemelli de Roma, y que el estudio histológico intraoperatorio había arrojado un resultado que, a primera vista, asusta: adenocarcinoma de pulmón. Lo que me llamó la atención, lo confieso, es que se trata del tipo de tumor más frecuente entre quienes nunca encendieron un cigarrillo, y eso cambia por completo la forma en que uno lee los partes médicos. Así que me senté a hablar con Conrado Estol, el neurólogo al que muchos conocemos por explicar medicina con una claridad casi periodística, para que me ayude a entender qué significa cada palabra de ese comunicado y, sobre todo, qué es lo que viene ahora.

El parte oficial, difundido por la Santa Sede, fue bastante preciso: la operación duró alrededor de noventa minutos, se realizó una lobectomía del lóbulo inferior derecho por vía videoasistida —es decir, con pequeñas incisiones y una cámara, sin abrir el tórax de par en par— y, ya en el quirófano, un patólogo confirmó que el tejido extraído era un adenocarcinoma pulmonar. La evolución posterior fue descrita como dentro de los parámetros normales: el paciente volvió a alimentarse por vía oral, hizo kinesioterapia respiratoria para expandir el pulmón que quedó y empezó a caminar dentro de su propia habitación. Nada llamativo, si uno lo lee con distancia, y al mismo tiempo todo llamativo, si uno piensa que se trata de un jefe de Estado de casi setenta años.

Por qué no alcanza con sacar solo el nódulo

Acá viene la parte que más me costó entender en la charla con Estol, y que creo que vale la pena explicar bien porque es la clave de todo el asunto. Cuando uno escucha la palabra tumor piensa en una bolita, y la reacción instintiva es pedir que saquen la bolita y listo. Pero la lógica oncológica es otra: si el cirujano se limita a extirpar el nódulo, deja margen al borde de la duda sobre si quedaron células tumorales microscópicas en el tejido que rodea a esa bolita. La lobectomía, es decir, la remoción del lóbulo completo donde estaba asentado el tumor, garantiza márgenes limpios y, de paso, le entrega al patólogo una pieza mucho más grande para analizar. Durante la propia operación, el patólogo puede mirar muestras al microscopio en tiempo real y distinguir entre cáncer, fibrosis o una cicatriz vieja; igual, el diagnóstico definitivo recién llega cuando se estudia el tejido completo en los días siguientes.

Qué hay que mirar para hablar de pronóstico

  • El tamaño exacto del nódulo, porque a mayor diámetro, mayor estadificación y, en general, peor escenario.
  • El estado de los ganglios linfáticos cercanos, que se sacan y se analizan para ver si hubo diseminación local.
  • Si la pleura —la membrana que envuelve al pulmón— resultó comprometida por el tumor.
  • La genética del tumor, que se estudia en paralelo y puede abrir la puerta a terapias específicas.

Sobre el primer punto, Estol me planteó un escenario orientativo que a mí, como lector, me sirvió mucho para anclar la conversación: si el nódulo mide dos centímetros, los ganglios dan negativos y la pleura está libre, la sobrevida a cinco años puede acercarse al noventa y nueve por ciento. Insisto en que es un número hipotético, porque los datos puntuales del Papa no se hicieron públicos, pero sirve para entender por qué los oncólogos son tan cuidadosos con los detalles y por qué todavía no hay un parte con un pronóstico firme. Sin tamaño, sin ganglio y sin pleura no hay con qué hacer la cuenta.

“Es el tumor más frecuente en personas no fumadoras y representa entre el 55 y el 80 por ciento de los casos en ese grupo. Suele estar en la periferia del pulmón, entonces demora más en dar síntomas porque no obstruye un bronquio grande.”Conrado Estol, neurólogo

Eso último, lo de la periferia, me parece clave para entender por qué muchos de estos casos se descubren tarde: si el nódulo crece lejos de las vías respiratorias grandes, no produce tos, no produce falta de aire, no produce nada visible hasta que, por algún motivo —un chequeo, una tomografía por otra causa—, aparece en una imagen. Es un tumor silencioso, y el silencio, en medicina, suele ser mala compañía.

La genética del tumor y las terapias que vienen

Mientras el Papa se recupera en el Gemelli, hay laboratorios trabajando sobre el tejido que se llevó el patólogo. Lo que buscan son mutaciones específicas en genes como EGFR, KRAS, BRAF, HER o MET; si aparecen, se pueden indicar terapias dirigidas que se toman por vía oral y atacan la alteración puntual que hace crecer al tumor. La otra gran herramienta es la inmunoterapia, que se aplica por vena y le enseña al sistema inmune a reconocer y destruir las células cancerosas. Ninguna de las dos es magia: pueden funcionar muy bien y también pueden dejar de funcionar con el paso del tiempo, por eso el seguimiento oncológico continuo es parte del tratamiento y no un agregado opcional.

Yo vine a esta nota buscando respuestas tajantes y me fui con algo más modesto pero, me atrevo a decir, más útil: la certeza de que, en oncología, los partes oficiales casi nunca son el final de la historia sino el comienzo de una conversación que lleva semanas, con patólogos, con genetistas, con equipos enteros revisando cada milímetro de lo que se sacó. Y también con la tranquilidad que me dejó Estol al cierre de la charla, cuando le pregunté qué le diría a alguien que se acaba de enterar de que tiene un adenocarcinoma y se asustó: que no todos los adenocarcinomas son iguales, que el subtipo histológico pesa, que el tamaño pesa, que los ganglios pesan, y que sobre todo pesan los estudios que todavía están por hacerse.

VY
Valeria YacanteSociedad y vida cotidiana

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