La película que le partió el corazón a Ken Russell y que el Vaticano quiso enterrar vuelve, por fin, entera
Tras más de cinco décadas de versiones mutiladas por la censura, Los demonios se proyecta en España en su montaje definitivo de 114 minutos, restaurado en 4K con escenas que el director siempre consideró insustituibles.
Hay cosas que son como un reencuentro con un viejo amor del que te separaron a la fuerza: te cambian la cara, te aceleran el pulso y, sobre todo, te dejan la sensación de que el tiempo perdido fue un robo. Algo así se siente al saber que Los demonios, la película que Ken Russell filmó en 1971 y que durante más de cincuenta años circuló por el mundo con partes arrancadas a mordiscos por la censura, por fin se va a poder ver completa en una sala de cine. La versión de 114 minutos que el director inglés consideraba su montaje definitivo llega a España desde el 16 de octubre, restaurada en 4K, y créanme: hacía falta.
Una historia real detrás de la hoguera
Para entender por qué este filme es algo más que una rareza de culto hay que remontarse al siglo XVII, a un convento de monjas ursulinas en la ciudad francesa de Loudun. Allí, varias religiosas denunciaron estar poseídas por el demonio y apuntaron como responsable a un cura llamado Urbain Grandier. El sacerdote terminó acusado de brujería y quemado vivo. Décadas después, Aldous Huxley -sí, el mismo de Un mundo feliz- reconstruyó el caso en la novela Los demonios de Loudun, y ese libro fue la base del guion que Russell llevó al cine con Vanessa Redgrave como Jeanne des Anges, la madre superiora poseída, y Oliver Reed como el párroco condenado.
Russell siempre dijo que Los demonios era su única película política, y no le faltaba razón: para él, la historia de Grandier hablaba del lavado de cerebro y de cómo el Estado se come a los individuos que le resultan incómodos. Esa lectura, incómoda para más de un poderoso, fue exactamente lo que le trajo problemas.
Los cortes que rompieron el corazón de Russell
Durante décadas circularon dos versiones recortadas: una británica de 111 minutos y una estadounidense de 108. La Agencia de Clasificación británica y sus pares del otro lado del Atlántico obligaron a eliminar secuencias que Russell y su editor Michael Bradsell consideraban centrales. El crítico Mark Kermode, que conoció personalmente al director, resume el sentimiento con una frase que duele: estas alteraciones le rompieron el corazón a Ken Russell porque el material eliminado no solo contenía parte de su mejor trabajo, sino que también encapsulaba el corazón temático de la película. El metraje faltante, 89 nada menos, apareció escondido en un rollo catalogado como C Cut 89, y Kermode lo rastreó durante años con ayuda de la filial británica de Warner y de archivistas independientes. Con ese material, Russell pudo armar por fin su versión completa en 2004, que se proyectó una sola vez en el BFI Southbank de Londres.
- En los años setenta, 17 municipios de Gran Bretaña prohibieron su exhibición y donde se estrenó lo hizo con calificación X, equivalente a los 18 años.
- Finlandia la mantuvo vedada hasta noviembre de 2001.
- El Vaticano la condenó y pidió que se cancelaran sus proyecciones en el Festival de Venecia.
- La copia definitiva de 114 minutos, restaurada ahora en 4K, recién se está viendo de manera masiva en salas comerciales.
“Para mí, trataba sobre el lavado de cerebro, sobre la toma del poder por parte del Estado.”Ken Russell
Como diría cualquier coplero del norte argentino, vidala mediante: "cuando el poder se siente amenazado, primero prohíbe y después pregunta". Russell lo pagó con una película mutilada durante medio siglo. Lo que llega ahora a los cines españoles es, literalmente, el corte que el director quiso hacer y nunca le dejaron. Si les interesa el cine que incomoda, el que se filma con las tripas y se proyecta con la convicción de que el espectador puede bancárselo, no se la pierdan: busquen la sala más cercana, compren pochoclo, y dense el gusto de ver a Russell entero por primera vez. Después me cuentan.
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